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Papa en África. Parolin: Los católicos sean protagonistas del cambio

León XIV viaja a África para estar cerca de quienes viven en las periferias existenciales, llevando la esperanza de Cristo. Así lo reafirma el cardenal secretario de Estado del Vaticano con vistas al tercer viaje apostólico del Papa, que comenzará el 13 de abril.

Massimiliano Menichetti

Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial esperan la llegada de León XIV, que estará en África del 13 al 23 de abril. Durante la primera etapa del viaje, el Santo Padre irá también a Annaba, la antigua Hipona, “no como un gesto puramente conmemorativo —subraya el secretario de Estado, cardenal Pietro Parolin— sino como un acto de profunda coherencia identitaria y, sobre todo, espiritual”. En los cuatro países están en marcha los últimos preparativos, mientras es grande la expectativa por las palabras que el Papa querrá compartir y que, como señaló el director de la Oficina de Prensa del Vaticano, Matteo Bruni, en el encuentro con periodistas para presentar el tercer viaje apostólico, tratarán, entre otros temas, la paz, el diálogo, el cuidado de la creación, las migraciones y la familia. Frente a las lógicas depredadoras que a menudo marcan el continente africano, favoreciendo pobreza, corrupción y violencia, el cardenal Parolin desea que los católicos sean constructores de justicia, paz y solidaridad.

Cardenal Parolin, el Santo Padre estará en África del 13 al 23 de abril, confirmando en la fe a las comunidades católicas. Visitará cuatro países con una agenda muy intensa entre encuentros institucionales, con las realidades locales y celebraciones. ¿Cuál es el rasgo común que une un itinerario tan diversificado?

El hilo conductor de este Viaje Apostólico está en la elección del Santo Padre de llevar la presencia de la Iglesia allí donde el sufrimiento humano es más agudo. Cuatro países diferentes por historia, contexto social y desafíos políticos, pero unidos por una realidad de fondo marcada por luces y sombras: comunidades católicas vivas y arraigadas, pero también pobreza, fragilidad, desigualdades y tensiones no resueltas. El Papa León XIV viaja a África para estar cerca de quienes viven en las periferias existenciales.

Primer país, Argelia. León XIV visitará en Argel también la Gran Mezquita y en Annaba, la antigua Hipona, celebrará la Santa Misa. ¿Qué valor tiene para un Papa hijo de san Agustín este regreso a los lugares del santo de Hipona, y cuánto puede influir en el diálogo islamo-cristiano en un país de mayoría musulmana?

Como hijo espiritual de san Agustín y primer Papa perteneciente a la Orden agustiniana, ir a Annaba no es un gesto puramente conmemorativo, sino un acto de profunda coherencia identitaria y, sobre todo, espiritual. El Papa León conoce esta tierra y la ha visitado varias veces como Prior General de la Orden. San Agustín representa en este contexto un elemento de diálogo: constituye un punto de encuentro natural entre la tradición cristiana y el mundo islámico. La visita a la Gran Mezquita de Argel se inscribe plenamente en esta perspectiva, como continuidad natural del camino de diálogo interreligioso ya iniciado en Turquía y en el Líbano; un diálogo que el Santo Padre quiere continuar con paciencia y determinación.

En Camerún, el Santo Padre visitará tres ciudades: Yaundé, Bamenda y Duala, con momentos importantes como el encuentro por la paz en Bamenda y la visita a un orfanato. A la luz de las tensiones presentes en algunas regiones del país, ¿qué papel puede tener esta visita para promover la reconciliación y la paz entre las comunidades?

Desde hace algunos años, en las regiones anglófonas de Camerún se desarrolla una crisis que ha provocado muchas víctimas. Los habitantes de Bamenda la están viviendo directamente. Por ello, en el contexto del deterioro de la situación de seguridad y humanitaria, la visita del Sucesor de Pedro demuestra la atención y el cuidado que el Pastor universal de la Iglesia tiene por su rebaño, esforzándose por conocer de cerca sus dificultades y caminando a su lado. La parada en Bamenda es la de un pastor que se identifica con su rebaño. Más en general, el Santo Padre viaja al país como portador de esperanza, especialmente para los jóvenes, de reconciliación y de paz. Su mensaje es una invitación al diálogo y al respeto mutuo.

Tercera etapa, Angola, donde el Papa visitará, además de la capital Luanda, también lugares simbólicos como Muxima y Saurimo, encontrándose con comunidades eclesiales y realidades locales. ¿Cuál es el mensaje que el Santo Padre quiere llevar a un país marcado por grandes recursos pero también por fuertes desigualdades sociales?

Los tres lugares que el Santo Padre visitará en Angola simbolizan, en cierto sentido, los desafíos y esperanzas que el país vive actualmente. Luanda y Saurimo representan las riquezas del país. Hoy en día, la capital es un oasis de bienestar que atrae inversiones extranjeras e inmigración desde las zonas rurales. Saurimo es un centro conocido por las actividades mineras, especialmente del diamante. Mientras la explotación de los recursos naturales ha traído prosperidad, no se pueden ignorar algunas consecuencias negativas, como la explotación de los trabajadores, el aumento de la brecha socioeconómica y el impacto ambiental. Además, la visita al santuario mariano de Muxima representa la vitalidad de la fe que ha ayudado al pueblo angoleño a superar los momentos difíciles de su historia. Quisiera añadir que yo mismo pude experimentar la vivacidad de la Iglesia local cuando fui para la consagración episcopal de monseñor Germano Penemote, primer nuncio apostólico de origen angoleño.

El último país será Guinea Ecuatorial; el viaje concluirá entre Malabo, Mongomo y Bata, con encuentros con jóvenes, familias, el mundo de la cultura y también con detenidos. ¿Qué significado tiene esta atención particular a los jóvenes y a las familias en un país donde la Iglesia tiene una presencia muy arraigada en la sociedad?

Guinea Ecuatorial es uno de los países más católicos de África, con un 80% de la población que profesa la fe católica. Siguiendo los pasos de san Juan Pablo II, que visitó el país en 1982, esta visita se sitúa en el contexto del 170º aniversario del inicio de la evangelización (1855-2025), con el lema “Cristo, luz de Guinea Ecuatorial, hacia un futuro de esperanza”. Con este Viaje Apostólico, el pueblo ecuatoguineano recuerda el pasado con confianza en un camino de fe y esperanza hacia el futuro. La visita del Papa y sus encuentros, sobre todo con jóvenes y familias, reavivan la llama de su fe, animándolos a cultivar y perseverar en los valores cristianos. Es una invitación amorosa y paternal a la reconciliación, a la justicia y a la perseverancia en la fe, así como un deseo de un impacto positivo en la sociedad.

Eminencia, ¿qué importancia tiene este viaje a África también en el plano diplomático?

Todo Viaje Apostólico tiene también un valor diplomático, porque representa una oportunidad para consolidar las relaciones bilaterales entre la Santa Sede y los Estados visitados por el Papa, quien así tiene la oportunidad de reunirse con las autoridades y tratar cuestiones de interés común, de carácter nacional, regional e internacional. En África, esto adquiere un significado particular, porque el continente está marcado por enormes potencialidades, pero también por grandes desafíos. Como es sabido, la diplomacia pontificia tiene objetivos claros: proteger las libertades fundamentales, en particular la libertad religiosa, promover la paz, favorecer el diálogo también interreligioso, defender la dignidad de cada persona humana y fomentar el desarrollo integral de los pueblos. En esta perspectiva, cada etapa del próximo Viaje Apostólico, que abarca el Magreb y el África subsahariana, se convierte en una ocasión para reafirmar el compromiso de la Iglesia, junto a las instituciones civiles y religiosas, a favor de la convivencia pacífica entre diferentes religiones y etnias, de la justicia social, de la lucha contra la pobreza y de la protección de la dignidad humana. En definitiva, en apoyo a una África más justa, pacífica y solidaria.

A menudo África sufre lógicas depredadoras y está marcada por la pobreza, la corrupción y la violencia. ¿Cómo romper estos círculos y qué importancia tiene el papel de los católicos en estos procesos?

África es un continente rico en recursos humanos, culturales y naturales, y sin embargo, con demasiada frecuencia está sujeto a dinámicas que frenan su desarrollo: pobreza, corrupción, violencia y lógicas de explotación que también provienen del exterior y que empobrecen a poblaciones ya frágiles. Romper estos mecanismos requiere compromiso y constancia. La Iglesia católica está presente en África a través de escuelas, hospitales, centros de acogida y obras caritativas, que a menudo constituyen una respuesta concreta a las necesidades fundamentales de las personas. Pero la respuesta de la Iglesia no se limita a la acción caritativa: pasa también por la formación de las conciencias, la educación de los jóvenes en los valores de la dignidad, la justicia y la solidaridad. Es aquí donde los fieles católicos están llamados a desempeñar un papel decisivo, no como simples beneficiarios de un mensaje, sino como protagonistas activos del cambio en sus vidas, en las comunidades y en las instituciones.

¿Cuál es su deseo para esta visita apostólica, en una tierra que también usted ama mucho?

El deseo es que este Viaje Apostólico deje una huella profunda en tres dimensiones estrechamente relacionadas: la paz, el diálogo y el crecimiento de la Iglesia local. Paz, ante todo, en países que aún llevan las cicatrices de conflictos y divisiones, y donde la presencia del Santo Padre puede hacer brotar un sentimiento de reconciliación. Diálogo, donde el encuentro con las autoridades civiles y con representantes de otras tradiciones religiosas puede abrir nuevos espacios de comprensión mutua. Finalmente, el crecimiento de las Iglesias locales, a menudo pequeñas, a veces aisladas, pero siempre generosas. África es un continente joven, rico en fe y vitalidad, y la visita del Santo Padre es un acto de confianza en su futuro. Un futuro que la Iglesia quiere seguir acompañando con dedicación y esperanza.

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11 abril 2026, 13:15