El Papa insta a desenmascarar las contradicciones del mundo contemporáneo
Vatican News
El Papa León XIV inició este miércoles, 2 de setiembre, un ciclo de catequesis dedicado a la Gaudium et spes, la constitución pastoral promulgada por el Papa Pablo VI el 7 de diciembre de 1965, con la que el Concilio Vaticano II pretendía profundizar la relación de la Iglesia con el mundo contemporáneo. A bordo del papamóvil, el pontifice saludó a unos 20 mil fieles presentes, que participaron en la audiencia general. Las primeras líneas del documento conciliar —la Iglesia hace suyas «las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de hoy, sobre todo de los pobres y de todos los que sufren»— son un “compartir con la humanidad” que es el camino que Cristo pide a la Iglesia, afirmó.
Es una entrega que nos llama a salir de toda pasividad e indiferencia ante los acontecimientos que se producen, ante la historia y la vida de las personas, sobre todo ante el cambio rápido y profundo que experimentamos hoy.
Hacerse cargo de las dificultades de los hermanos
El Papa León subrayó que “no es posible quedarse como espectadores indiferentes; por el contrario, hay que escuchar con el corazón, dejarse interpelar y dejarse involucrar”.
Los creyentes están llamados a hacerse cargo de las dificultades de los hermanos, sobre todo de aquellos que se ven oprimidos por la injusticia, por la discriminación, por la violencia. De hecho, solo a través de la entrega y en el compromiso es posible llegar a respuestas adecuadas, siempre sostenidos por la certeza de que «los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará».
Desenmascarar las contradicciones
En ese sentido, la proximidad hacia la humanidad abre la puerta a una lectura más profunda de los acontecimientos de la propia Revelación y, en la misma perspectiva, Gaudium et Spes reclama el «deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio». Esta Constitución conciliar ha llamado, por tanto, a la Iglesia a un compromiso de conversión – recordó el Papa – para dar testimonio de que no se mueve por «ambición terrena alguna», sino que «sólo desea una cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu, la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido»
No se trata, de hecho, de una disposición simplemente moral. El Papa Francisco nos recordó que para la Iglesia «la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica […] Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos. La entrega cristiana nos compromete a asumir la realidad y también a desenmascarar las contradicciones que caracterizan la vida personal y social del mundo contemporáneo.
La guerra para alcanzar la paz
Con ejemplos, el Papa León explicó las contradicciones de esta época: «un progreso científico y tecnológico, que ofrece siempre nuevas posibilidades, pero solo a algunos y que no siempre el ser humano es capaz de poner «a su servicio»; o un conocimiento más claro de las «leyes dela vida social», pero acompañado de incertidumbres «sobre la dirección que hay que imprimirle»; o aún, una mayor disponibilidad de «riquezas, tantas posibilidades, tanto poder económico», y desafortunadamente, hoy como en los tiempos del Concilio, «una gran parte de la humanidad sufre hambre y miseria»; o una conciencia compartida de que está en juego el futuro del planeta y al mismo tiempo la incapacidad a renunciar al consumo egoísta y a la ilusión de que la guerra es una vía eficaz para construir la paz».
El anuncio del Evangelio para acercarnos a los demás
De ahí el llamado al papel de la Iglesia en «una época marcada por profundos cambios, de los que se derivan desequilibrios preocupantes», para servir al ser humano «escuchando y acogiendo los interrogantes más profundos de su corazón y los anhelos que lo habitan, señalando en Cristo la clave, el centro y el fin de toda la historia humana».
Queridos hermanos y hermanas, que la alegría y la esperanza – gaudium et spes – sean los rasgos distintivos de una Iglesia que anuncia y da testimonio del Evangelio, acercándose a las mujeres y a los hombres de nuestro tiempo.
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