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El Papa durante su discurso en el Meeting de Rímini El Papa durante su discurso en el Meeting de Rímini  (@Vatican Media) Editorial

La hora de la responsabilidad

Las palabras de León XIV en el Meeting de Rímini y el llamamiento al auténtico realismo de la misericordia frente al falso realismo que querría rearmarnos

Andrea Tornielli

«Al falso realismo, que rearma las mentes, las palabras y las naciones, la cultura católica debe oponer hoy el realismo de la misericordia, según el cual no pueden existir enemigos y todos, incluso los adversarios, son hermanos y hermanas a quienes hay que mirar a los ojos y con quienes hay que encontrarse en la verdad». Son las palabras que León XIV dirigió al público del Meeting de Rímini y, en particular, a los miles de jóvenes que animan este gran encuentro de finales de verano, surgido de la experiencia de Comunión y Liberación. Y no fueron palabras de rigor, sino una invitación concreta. En primer lugar, una invitación a observar la realidad que estamos viviendo. Ya hace 44 años, San Juan Pablo II, al intervenir en el Meeting, había hablado de la belleza de palabras como «encuentro» y «amistad entre los pueblos» en unas horas que él mismo había calificado de «dramáticas en la historia del mundo». Hoy en día, la situación internacional es aún más incierta y precaria que entonces: un número creciente de conflictos, continuas matanzas de civiles y niños —basta con pensar en Gaza y Ucrania— y muchas naciones que invierten sumas cada vez más cuantiosas en rearmarse. Ante todo esto, el Papa recuerda la vocación del Meeting, que no es la de ser «una especie de enclave», sino una «encrucijada» de encuentros y diálogo.

Esta, dijo León, es la hora de la responsabilidad. Seguir a Cristo hoy, tras las tragedias del siglo XX, implica la plena conciencia de que el mal no se combate con el mal. La única respuesta, la respuesta cristiana, es el amor, es decir, «el método de la redención», aquel encarnado por el Mesías crucificado. Y por eso, a quienes hoy, en nombre de un supuesto realismo —que el Papa no ha dudado en calificar de «falso»— querrían rearmar las mentes, las palabras y las naciones, la cultura católica responde con un realismo auténtico, el de la misericordia, «por el cual no pueden existir enemigos y todos, incluso los adversarios, son hermanos y hermanas a quienes mirar a los ojos y con quienes encontrarse en la verdad».

Se necesitan, pues, pioneros valientes, que se comprometan de forma concreta a liberar la convivencia de la desconfianza, el trabajo de la idolatría del beneficio, y la tecnología y las finanzas del negocio de la muerte. León XIV pide desenmascarar «las relaciones de poder injustas» que están «en la raíz de la pobreza y las desigualdades, de la guerra y de los desastres medioambientales». Una invitación contundente y llena de implicaciones por parte del Sucesor de Pedro, que desde el primer día de su pontificado ha hablado de una paz «desarmada y desarmante», y que debe tenerse presente como criterio de juicio para el compromiso social y también político de todos los laicos católicos.

Resulta además especialmente significativo que el Papa invite al pueblo del Meeting a arriesgarse, a ponerse en juego, «ampliando los lazos más allá de cualquier pertenencia demasiado limitada». Porque el Movimiento (CL), los grupos y las comunidades deben convertirse en un trampolín para sumergirse en la realidad en su totalidad, contrarrestando aquello que querría alejarlos de hermanos y hermanas de culturas, sensibilidades y procedencias diferentes, «especialmente de los más pobres». Y, por último, cabe destacar también la alusión con la que el Sucesor de Pedro quiso recordar que en el amor nunca hay coacción, ni adoctrinamiento ni reclutamiento, porque solo hay amor en la libertad, en el encuentro vivo y en la entrega generosa de uno mismo.

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22 agosto 2026, 17:09