"Que el mundo no se acostumbre a contar muertos"
Patricia Ynestroza - Gran Canaria
En su primer encuentro que tuvo el Papa León XIV, quiso dedicarlo a los migrantes, una realidad la de las Canarias, que ya desde el Papa Francisco, en el 2020, se empezó a afrontar, y solamente desde entonces, el gobierno y Europa, comenzó a no ignorar más esta cruda realidad. Y es así como el Papa León XIV, trajo esperanza a esta isla, que trata de acoger, ayudar, dar asistencia sobre todo a muchos niños que vienen en esos cayucos, en barcas, enviados por sus padres en un desesperado deseo de salvarlos.
El Papa escuchó testimonios de distintos operadores que dieron números, más de 20 mil migrantes salvados del oceáno, es un joven de salvamento marítimo, Es una cifra que duele y que no se olvida, afirmó con tristeza.
O como la voluntaria de Cáritas, que explicó que al saber las noticias de esas llegadas, que interpelaba profundamente. Más allá del cansancio visible en sus cuerpos, dijo, nos impactaba la mezcla de incertidumbre y esperanza que traían consigo. "Nos dolía su drama humano y sentíamos que no alcanzábamos a comprender toda la magnitud de lo que estaba ocurriendo".
Luego llegó el momento de una víctima de trata , que no se atrevió a hablar presencialmente su testimonio, duro, cruel, inhumano. Lo leyó una amiga, que igualmnete se sintió emocionada y su voz se quebró.
O como una migrante, que llegó desde América Latina, con su maleta, "cargada de sueños", pero también con el peso de haber dejado atrás a su familia, amigos y su país. Como muchas personas que emigran, llegó buscando una oportunidad, sin saber realmente lo que le esperaba, y lo logró.
Luego el discurso del Papa, conciliador, lleno de calor, de afecto, pero también recordando con firmeza, que “la dignidad humana no pierde valor al cruzar una frontera” y ha denunciado que la acogida del migrante no puede ser algo delegado únicamente a algunos voluntarios: “no podemos ‘pasar de largo’ ante las pateras”. Gran Canaria, dijo, donde llegan constantemente “vidas heridas”, “despojadas de casi todo”, “pero nunca de su dignidad”.
Luego momentos simbólicos, como cuando el Papa lanzó un arreglo de flores con dos migrantes, un minuto de silencio, y luego un abrazo emotivo con ellos, con palabras susurradas al oído, para darles fuerzas, ánimos en el futuro que están construyendo.
Por último, León XIV, bendijo una Cruz con madera de cayuco llegados a las costas isleñas, rezó el Padre Nuestro con los presentes y dedicó unos minutos de silencio orante ante la virgen del Carmen, patrona de los marineros.
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