Buscar

Momento de testimonio en el puerto de Arguineguín, en la isla de Gran Canaria. Momento de testimonio en el puerto de Arguineguín, en la isla de Gran Canaria.  (@Vatican Media)

Dolor y esperanza en Arguineguín: testimonios en el puerto de Gran Canaria

En el primer encuentro del Papa con los centros de acogida de migrantes en la isla de Gran Canaria, tercera parada de su viaje apostólico a España, cuatro personas relatan la difícil situación de quienes buscan un futuro mejor. Presentados por el obispo de Islas Canarias, un marinero, un voluntario de Cáritas y una inmigrante latinoamericana convertido en emprendedora comparten sus historias. También la carta de una nigeriana víctima de la trata.

Tiziana Campisi – Ciudad del Vaticano

“No me fui de mi país porque quisiera. Me fui porque no había otra opción. Conseguir comida era casi imposible. A los 14 años, ya estaba sola en la vida”. Así comienza la historia de Blessing, una mujer nigeriana víctima de trata. Su voz es prestada, por razones de seguridad, por otra mujer en el Puerto de Arguineguín, donde León XIV, recién llegado a Gran Canaria, tercera parada de su viaje apostólico a España, se reúne con quienes acogen a los migrantes.

Relatando lo sucedido en la isla en los últimos años ante el Papa están un capitán de Salvamento Marítimo, que se ha dedicado a salvar vidas en el mar durante 18 años, que ha visto naufragios, vivido noches oscuras y escuchado voces que clamaban por ayuda; una voluntaria de Cáritas; y una inmigrante latinoamericana que llegó a Las Palmas de Gran Canaria en 1997 con una maleta llena de sueños y que, tras muchas dificultades, se convirtió en emprendedora.



 Algunas personas presentes en el puerto de Arguineguín
Algunas personas presentes en el puerto de Arguineguín   (@Vatican Media)

Saludos del Obispo de Islas Canarias

El obispo José Mazuelos Pérez, obispo de Canarias, presentó los testimonios y, al dar la bienvenida al Pontífice, expresó su esperanza de que el puerto de Arguineguín se convierta en un símbolo de acogida, justicia y humanidad. «Y hoy, con su visita, damos un paso hacia esta transformación», afirmó el prelado, recordando que «cada migrante es un rostro real, no un número» y que «la dignidad humana está por encima de cualquier legislación», como reconocen los «ángeles de la guarda de los migrantes».

Así, el obispo Mazuelos Pérez hizo un llamamiento a quienes prestan asistencia: el Servicio de Salvamento Marítimo, la Policía Nacional, la Guardia Civil, la Cruz Roja, Cáritas, todas las organizaciones eclesiales «en primera línea de la acogida y el cuidado de los migrantes», y «los pescadores de Canarias». «Les pedimos que nos ayuden a mirar con compasión, a actuar con valentía y a construir una sociedad en la que nadie sea tratado como un problema, sino como un hermano o una hermana», concluyó el obispo, dirigiéndose al Papa antes de dar paso a los testimonios.

Obispo José Mazuelos Pérez de Canarias
Obispo José Mazuelos Pérez de Canarias   (@Vatican Media)

La experiencia de un capitán de Salvamento Marítimo

Tito Villarmea, capitán del Salvamento Marítimo a bordo del Guardamar Urania, se presenta primero. Durante 18 años, se ha dedicado a salvar vidas en el mar. Se emociona por la presencia del Papa y recuerda a sus abuelos gallegos, que solo abandonaron su país una vez, viajando unas 20 horas para ver a Juan Pablo II en Fátima.

Tito le cuenta a León XIV que, a lo largo de los años, él y su equipo han rescatado a más de 20.000 personas. Recuerda mares agitados, oscuridad y frágiles embarcaciones cargadas de vidas humanas, y un rostro que nunca ha olvidado: el de una madre y su hija, "entre los cuerpos heridos y sin vida". "En cada rescate, vemos a una persona cuya vida depende directamente de nosotros", explica el capitán del Salvamento Marítimo, cuyos antepasados ​​fueron todos marineros, pescadores e incluso rescatados mientras trabajaban en sus barcos. Tito, de otra manera, quiso ser un hombre de mar, salvando vidas. Y hoy quiso dar voz a más de 1.600 profesionales que trabajan incansablemente en las aguas del Océano Atlántico, con un deseo: "Ojalá nunca más tuviéramos que salvar a nadie".

Tito Villarmea, capitán del Salvamento Marítimo, saludando al Papa
Tito Villarmea, capitán del Salvamento Marítimo, saludando al Papa   (@Vatican Media)

El compromiso de un voluntario de Cáritas

María Reyes Alemán Cruz, voluntaria de Cáritas Diocesana de Canarias y responsable de la parroquía de San Juan Apóstol y Evangelista durante dieciséis años, tomó la palabra. Confió al Papa que, al igual que ella, muchos conservan vívidos recuerdos de sus experiencias con los migrantes en los muelles de Arguineguín y otras islas. Los rostros, los nombres y las historias de hombres y mujeres apoyados por Cáritas parroquial permanecen vivos. Su cansancio, la mezcla de incertidumbre y esperanza que cada uno llevaba dentro, su drama humano. Muchos, ante todo esto, se sentían abrumados, indefensos, por la escasez de recursos, por la dificultad de comunicarse, por lo poco que tenían: galletas, leche y una pequeña ayuda. Pero la comunión vivida a través del voluntariado, en las comunidades parroquiales y en los servicios generales de Cáritas Diocesana, impulsó a los voluntarios a caminar juntos, a coordinarse, a compartir lo poco que tenían y a "acompañar con sencillez y fragilidad".

«Aprendimos que no se trataba de resolverlo todo, sino de estar presentes. Escuchar, ofrecer gestos de apoyo —zapatillas, un abrigo, un café— o ayudar a obtener los documentos necesarios ya era una forma de acompañar», recuerda María, y añade que «la ayuda recibida de particulares y otras delegaciones pastorales fue un alivio», aunque «no siempre hubo la misma empatía en todos los contextos». Pero para los voluntarios que trabajan junto a los migrantes, «la esperanza ha dejado de ser una idea abstracta y ha tomado rostro, el de quienes llegan y quienes los acompañan», afirma la párroca de San Juan Apóstol y Evangelista, segura de que «el Evangelio sigue vivo cuando nos atrevemos a construir fraternidad», porque «cada persona que llega no es un problema que resolver, sino una historia que acoger y acompañar».

 María Reyes Alemán Cruz, voluntaria de Cáritas Diocesana de Canarias y responsable de la parroquia de San Juan Apóstol y Evangelista
María Reyes Alemán Cruz, voluntaria de Cáritas Diocesana de Canarias y responsable de la parroquia de San Juan Apóstol y Evangelista   (@Vatican Media)

La historia de Blessing, una víctima de trata de personas

La historia de Blessing se encuentra en una carta hecha pública por Sora Niesse, voluntaria senegalesa de Cáritas, tras la interpretación de la conmovedora canción "La noche de Arguineguín", interpretada por Benito Cabrera Hernández, músico y percusionista de timple —un instrumento de cuerdas tradicional canaria—, Pedro Manuel Afonso, conocido cantante de folk canario, y Tomás Miguel Fariña, guitarrista que ha realizado extensas giras por todo el mundo.

Blessing proviene de una familia numerosa, con ocho hermanos. Sufrió graves penurias durante su adolescencia. Por eso, a los 22 años, se marchó para brindar un futuro mejor a sus dos hijas, de 4 y 2 años. "La mafia me llevó a un lugar donde me sometieron a un ritual, un juju . Me dijeron que tenía una deuda de 25.000 euros que tendría que pagar al llegar a Europa", explica. Esperó seis meses antes de poder irse, "casi sin comida" y sin poder asearse durante semanas. En alta mar, vio morir a mucha gente, pero logró llegar a España, embarazada de un mafioso. Le arrebataron al niño que dio a luz para obligarla a prostituirse. Sora Niesse hace una pausa mientras lee, con la voz quebrada por las lágrimas al recordar la experiencia de Blessing. Pudo volver a abrazar a su hijo once meses después, cuando la policía arrestó a quienes la mantenían cautiva. Pero desde entonces, «con la ayuda de la Iglesia, a través de trabajadores sociales», Blessing ha cambiado su vida, ha «aprendido a creer de nuevo» en sí misma. Y hoy, está agradecida a quienes la ayudaron y le ofrecieron su apoyo.

 Sora Niesse, voluntaria de Cáritas, con el Papa
Sora Niesse, voluntaria de Cáritas, con el Papa   (@Vatican Media)

Una inmigrante convertida en empresaria

María Fernanda López Meza, empresaria originaria de Latinoamérica, también ha tenido un camino difícil, pero lleno de lecciones. Llegó a Las Palmas de Gran Canaria en 1997, soñando con la realización profesional, pero también cargando con el peso de haber dejado atrás a su familia, amigos y su país. Los primeros días fueron muy duros, recuerda; hubo noches en las que no tenía dónde dormir y momentos que pusieron a prueba su resiliencia, su dignidad y su esperanza. Buscaba una oportunidad y empezó en un bazar, donde ganó su primer sueldo. Después trabajó en un restaurante, donde aprendió disciplina y a relacionarse con la gente.

«Cada experiencia me formó no solo como trabajadora, sino también como persona», afirma María Fernanda. El punto de inflexión en su vida llegó con un trabajo en una empresa de restructuraciones donde aprendió mucho y creció profesionalmente durante veinte años. Apoyada por su pareja, Fran, montó su propio negocio hace unos cuatro años y, gracias a quienes creyeron en ella y la apoyaron, logró su sueño. Hoy, su empresa está bien consolidada y cuenta con un equipo de seis empleados, "lo que para mí representa no solo crecimiento empresarial, sino también la satisfacción de poder crear empleos y oportunidades para otros", concluye, agradeciendo a Las Palmas de Gran Canaria por acogerla y "permitirle crecer". El deseo de María Fernanda ahora es "dar esperanza a quienes atraviesan momentos difíciles, especialmente a quienes han tenido que abandonar su país y a sus familias", convencida de que "se puede salir adelante con trabajo duro, respeto y gratitud" hacia aquellos lugares que abren puertas.

[ Photo Embed: María Fernanda López Meza, emprendedora latinoamericana] 

 

Gracias por haber leído este artículo. Si desea mantenerse actualizado, suscríbase al boletín pulsando aquí

11 junio 2026, 16:56