La Iglesia en diálogo con los pueblos y los estados
Patricia Ynestroza - Madrid
El Papa León XIV fue recibido con un largo aplauso en el parlamento, demostrándole afecto y respeto. Y al concluir con sus palabras, otro aplauso extenso, de al menos 10 minutos lleno de aprobación total a sus palabras, y en medio tantos ¡Viva el Papa!. Es la primera vez, al hablar con algunos españoles en la sala de prensa dedicada a los periodistas que estamos cubriendo el viaje, nos han dicho, que es una intervención histórica. La última vez que el parlamento había ovacionado unánimamente a un invitado, había sido hace 10 años al rey.
Un discurso extenso en el cual el Papa recordó que ha venido como "Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia católica, consciente de que la misión confiada al Sucesor del apóstol Pedro como principio y fundamento de unidad de los Obispos y de los fieles (cf. Lumen gentium, 23) coloca a la Santa Sede, de modo peculiar, en diálogo con los pueblos y con los Estados.
En su discurso recordó que su presencia quiere ser un gesto de cercanía hacia España, y cada uno de los eventos, en los cuales ha estado con el pueblo, el Papa a su vez ha sentido la cercanía de este pueblo.
Cuando estaba saliendo del parlamento, se detuvo, rompiendo el protocolo, con algunos fieles que estaban detrás de las vallas de seguridad, se acercó a ellos, bendijo los niños, los abrazó con su gesto lleno de cariño. Siguiente cita, fue el encuentro con sus hermanos en la fe, todos los obispos de la Conferencia Episcopal Española.
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