Buscar

El busto-reliquario del nuevo beato Elias Boutros Hoyek El busto-reliquario del nuevo beato Elias Boutros Hoyek

Beato Hoyek. Raï: «Una vida dedicada a Dios, al pueblo y a la patria libanesa»

En la sede patriarcal de verano de Dimane, en presencia del presidente Joseph Aoun y de las máximas autoridades del Líbano, se celebró la misa de beatificación de Elias Boutros Hoyek. En su homilía, el patriarca maronita Bechara Boutros Raï destacó la llamada a la santidad como servicio y la contribución del beato patriarca a la construcción de un país inclusivo y respetuoso con todos sus componentes.

Stefano Leszczynski – Ciudad del Vaticano

El día de la beatificación del patriarca maronita Elias Boutros Hoyek (1843-1931), celebrada en la sede patriarcal de Dimane en presencia del presidente de la República, Joseph Aoun, y de las máximas autoridades del país, el patriarca Bechara Boutros Raï esbozó el perfil espiritual y civil del nuevo beato, presentándolo como una de las figuras más destacadas de la historia del Líbano. Concelebró la misa el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos y enviado del Papa León XIV. «Él llega hasta nosotros trayendo el afecto del Santo Padre —dijo el patriarca maronita— y compartiendo la alegría de este día bendito».

La santidad es un don de Dios

«Hoy no elevamos a un hombre a la gloria terrenal, sino que damos testimonio de la gloria que Dios ha realizado en él», afirmó Raï, recordando que «la santidad no es un honor otorgado por la tierra, sino un don que Dios concede a quienes han vivido el Evangelio con fidelidad hasta el final». Al pronunciar la homilía, el patriarca maronita describió a Hoyek como «un hombre de Dios, que fue el centro de su vida», «un hombre de la Divina Providencia» y «un hombre de visión y de la nación», profundamente convencido de que el Líbano era «una misión incluso antes que un Estado, y consideraba que la persona humana era su riqueza más preciada».

El patriarca de los pobres y los oprimidos

El patriarca Hoyek, afirmó Bechara Boutros Raï, «vivió según un único lema: “Dios mío, tu beneplácito”, sin buscar jamás su propia gloria, sino únicamente la gloria de Dios y el bien del hombre», recordó Raï, explicando que cada una de sus decisiones «era fruto de la oración» y surgía «de una conciencia iluminada por la fe, basada en la rectitud, la justicia y la humildad». Durante la terrible hambruna de 1916, abrió Dimane, Bkerké y los monasterios a los hambrientos, llegando incluso a hipotecar bienes del Patriarcado. Ante la pregunta de quién compensaría esos sacrificios, respondía con la sencillez de la fe: «Dios proveerá». Por ello, recordó el patriarca, el pueblo lo llamó «el patriarca de los pobres y los oprimidos».

Artífice del Gran Líbano

El patriarca Bechara Boutros Raï quiso destacar el papel decisivo que desempeñó el beato Hoyek en el proceso que condujo al nacimiento del Estado libanés. Raï recordó cómo el patriarca defendió la causa del Líbano en la Conferencia de Paz de París, reivindicando «el derecho de su pueblo a la libertad y a la dignidad» y logrando la recuperación de los territorios arrebatados por el Imperio otomano. Por ello, «mereció plenamente el título de Patriarca del Gran Líbano» y aún hoy se le cuenta entre los principales artífices del Estado moderno.

La armonía en la diversidad

Se ha destacado especialmente la referencia a la contribución del nuevo beato libanés a la Constitución de 1926, que, según Raï, refleja plenamente su visión política y social. «En 1926, el patriarca aprobó la Constitución y definió su filosofía», recordó el patriarca maronita, señalando como fundamento «la armonía en la diversidad y la necesidad de proteger las identidades y las peculiaridades de todos los componentes del Líbano». Una concepción que consideraba «el sistema confesional como un sistema de participación entre diferentes componentes, unidos por el pacto de convivir pacíficamente en la armonía de las diferencias, en el seno de un Estado fundado sobre una democracia consensual». Un pasaje que Raï ha vuelto a proponer como uno de los legados más actuales del nuevo beato, señalando en la protección del pluralismo y en la convivencia entre las distintas comunidades el camino hacia el futuro del País de los Cedros.

Una Iglesia con la mirada puesta en el futuro

Por último, Raï recordó la labor eclesial del nuevo beato, fundador de la Congregación de las Hermanas de la Sagrada Familia Maronita, promotor de la educación, las misiones y las obras de misericordia, convencido de que la Iglesia era «una madre llamada a construir el futuro» y no solo a custodiar el pasado.

Una vida que hay que proponer como modelo

Al concluir la homilía, el patriarca maronita transmitió a los fieles el significado más profundo de la beatificación, señalando a Hoyek como un ejemplo que sigue siendo vigente para el Líbano y para la Iglesia. «Así fue el patriarca Hoyek: un pastor que rezaba, un padre que amaba, un constructor sabio y un líder capaz de mirar más allá de su propia época», afirmó. Por ello, concluyó, «hoy, al elevarlo a los honores de los altares, la Iglesia proclama ante el mundo que una vida vivida para Dios, al servicio del hombre y en el amor a la patria, es una vida digna de ser propuesta como modelo para las generaciones y como luz capaz de indicar el camino a todos aquellos que desean hacer de la fe una fuerza para edificar al hombre y a la nación».

Gracias por haber leído este artículo. Si desea mantenerse actualizado, suscríbase al boletín pulsando aquí.

25 julio 2026, 19:24