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Nueve salesianos beatificados en Polonia: Un faro de esperanza en la oscuridad

Esta mañana se celebró en Cracovia la misa de beatificación del padre Jan Świerc y ocho compañeros, mártires salesianos del nazismo. El prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, cardenal Semeraro, declaró: «Ayer como hoy, en tiempos marcados por el conflicto y la violencia, los beatos representan una semilla de paz y fraternidad».

Isabella Piro – Ciudad del Vaticano

«Una verdadera semilla de paz y fraternidad en una época tan oscura y violenta». Así describió el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, a Jan Świerc y a ocho compañeros. Esta mañana, 6 de junio, en Cracovia, Polonia, en el Santuario de San Juan Pablo II, el cardenal, en representación del Papa, presidió la ceremonia de beatificación de los nueve sacerdotes salesianos, víctimas de la persecución nazi que, tras la ocupación alemana de Polonia el 1 de septiembre de 1939, se desató con particular vehemencia contra la Iglesia Católica.

Sus muertes ocurrieron entre 1941 y 1942, como resultado de torturas, palizas y las penurias que sufrieron en Auschwitz y Dachau. Fue una «página dramática en la historia» del país, subrayó el cardenal. Sin embargo, la celebración de hoy no quiso conmemorar "la tristeza de aquellos acontecimientos", sino más bien la gloria de Cristo, atestiguada por los nueve sacerdotes "hijos de San Juan Bosco", que "como Cristo y con Cristo dieron sus vidas".

En memoria de Juan Pablo II

Su beatificación, continuó el cardenal Semeraro, enriquece «las numerosas filas de santos y beatos polacos», entre los que se encuentran San Juan Pablo II, «arzobispo de Cracovia y, posteriormente, gran pastor de la Iglesia universal», y Santa Faustina Kowalska, quien desde Polonia «difundió el impactante mensaje de la Divina Misericordia por todo el mundo». Tampoco debemos olvidar al Venerable Siervo de Dios Jan Tyranowski, «el amigo con quien el joven Karol Wojtyła participó activamente en la vida de la cercana parroquia de San Estanislao Kostka en Dębniki, dirigida por los salesianos y donde algunos de los nuevos beatos ejercieron su ministerio pastoral». El propio Pontífice escribió sobre ellos en su libro Don y Misterio.

El precioso carisma salesiano

El cardenal prefecto se centró entonces en el carisma salesiano de Jan Świerc y sus compañeros: un carisma precioso, dijo, porque «fueron guías concretos en la educación de los jóvenes, cuidando de los pobres y los que sufren». Como Don Bosco, «veían en cada niño una oveja amada, preciosa a los ojos del Señor». Y frente al odio antirreligioso, la violencia y la injusticia que «asolaron el siglo pasado», los nueve beatos no huyeron; al contrario, permanecieron fieles a su vocación hasta la muerte, derramando su sangre como signo de paz.

Los jóvenes abren sus corazones a Cristo

La beatificación de estos nueve mártires, subrayó el cardenal, representa, por tanto, una triple invitación: en primer lugar, a los jóvenes, «el futuro de la sociedad y el presente vivo de la Iglesia», que los mira «con confianza». En el mundo actual, añadió Semeraro, la libertad, la felicidad y el éxito están lejos de la verdad, la responsabilidad y el sacrificio, y los ideales propuestos son «fáciles e inmediatos», «que prometen mucho pero dejan el corazón vacío». Cristo, en cambio, hace «la vida bella y grandiosa», llevando a cabo «los anhelos más profundos del hombre». De ahí la exhortación a los jóvenes a «abrir sus corazones» a Cristo, especialmente en momentos de incertidumbre, confusión y soledad. Porque «el Señor no nos llama a renunciar a nuestros sueños, sino a purificarlos e iluminarlos», para una «vida plena y auténtica, capaz de entregarse».

 Los mártires salesianos
Los mártires salesianos

El vértigo de una vida sacerdotal santa

La segunda invitación iba dirigida a los Salesianos de Don Bosco: el cardenal Semeraro espera que el legado de los nuevos beatos permita a cada sacerdote «responder generosamente a la voz del Buen Pastor». «No tengan miedo», exhortó el cardenal, citando las palabras de San Juan Pablo II, «no se dejen amedrentar por el vértigo de una vida sacerdotal santa».

En medio de la soledad digital, reconociendo la voz de Dios

La tercera y última invitación iba dirigida a todos los fieles: en una era de «soledad digital», «donde la virtualidad nos engaña haciéndonos creer que podemos experimentar, mediante medios cada vez más sofisticados, relaciones auténticas», explicó el Cardenal Prefecto, «ser santo significa ante todo escuchar la voluntad de Dios, sin dejarse abatir por el cansancio y la desmotivación. Lo único que se nos pide», continuó, «es recuperar la capacidad de reconocer la voz del Buen Pastor, pertenecerle cada vez más profundamente y ser capaces de tomar decisiones valientes, como verdaderos discípulos de Cristo y de su cruz».

Un rayo de esperanza incluso en medio de las guerras actuales.

Finalmente, el cardenal Semeraro dirigió su mirada al momento histórico actual, "marcado una vez más por la tristeza y la crueldad de la guerra". En este difícil contexto, concluyó, los nueve mártires salesianos beatificados hoy dan testimonio del "don de la paz", para que, incluso en la oscuridad de la historia, siempre haya quienes puedan traer "una luz de esperanza, amor y fraternidad".

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06 junio 2026, 15:49