Una imagen de la conferencia “Beatos mártires del comunismo”, organizada el 20 de mayo por la Embajada de la República Checa ante la Santa Sede. Una imagen de la conferencia “Beatos mártires del comunismo”, organizada el 20 de mayo por la Embajada de la República Checa ante la Santa Sede.  (Dicastery for Promoting Integral Human Development/ DSSUI)

Czerny sobre mártires checos: "Bula y Drbola aceptaron su destino con fe inquebrantable"

La intervención del cardenal prefecto del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral en una conferencia celebrada el pasado 20 de mayo, sobre dos sacerdotes checos mártires del comunismo que serán beatificados el 6 de junio. Ambos fueron engañados y encarcelados a raíz de una trampa urdida por falsos testigos; sufrieron violencia y torturas que llevaron a una distorsión de los hechos y a la firma forzada de falsas confesiones de culpabilidad.

Francesco Ricupero – Ciudad del Vaticano

"Supieron transformar la oscuridad del odio y el frío de un patíbulo en el lugar de su encuentro definitivo con el Señor", los venerables siervos de Dios Jan Bula y Václav Drbola, sacerdotes checos de la diócesis de Brno que serán beatificados el próximo 6 de junio. Así lo dijo el cardenal Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, en la tarde de este miércoles 20 de mayo, durante la conferencia sobre el tema "Beatos mártires del comunismo", organizada por la embajada de la República Checa ante la Santa Sede. Ambos fueron encarcelados y asesinados entre 1951 y 1952, a causa de la persecución contra la Iglesia católica por parte del régimen instaurado en el país en 1948, en la posguerra.

No una derrota, sino un amanecer

En su intervención, el purpurado jesuita subrayó cómo en las vidas de los dos sacerdotes "no celebramos una derrota, sino el triunfo de la vida; no conmemoramos una tumba, sino un amanecer. Contemplamos el esplendor del grano de trigo que, tras permanecer durante décadas oculto en el surco de la tierra bohemia y morava —protegido por el seno de una historia difícil y fecundado por el sacrificio— ahora germina ante nuestros ojos. Este brote, que ha perforado la tierra helada del ateísmo y la opresión, es la prueba viviente de que ninguna violencia puede sofocar la vida de Dios en quien se entrega a Él. Celebrar la beatificación de Jan Bula y Václav Drbola significa sumergir las manos en las heridas vivas de la Iglesia y del pueblo checo para tocar con mano cuán real es la promesa del Señor: "Yo estoy con ustedes todos los días". Esta promesa parece escrita con la sangre y la alegría de estos dos sacerdotes".

Bula fue arrestado el 30 de abril de 1951, víctima de una conspiración de la policía secreta estatal y, a pesar de estar en prisión, fue acusado de haber inspirado el atentado en el que, el 2 de julio de 1951 en Babice, fueron asesinados algunos funcionarios del partido en el poder. Juzgado y condenado a muerte, fue ahorcado el 20 de mayo de 1952 en la prisión de Jihlava. Drbola fue arrestado con engaños el 17 de junio de 1951 y también acusado del atentado de Babice, ocurrido mientras él también estaba detenido. Condenado a muerte, fue ejecutado el 3 de agosto de 1951 en Jihlava.

Venerables siervos de Dios Jan Bula y Václav Drbola
Venerables siervos de Dios Jan Bula y Václav Drbola

No fanatismo, sino una vida ofrecida por amor

Ambos fueron engañados y encarcelados mediante una trampa urdida por falsos testigos; sufrieron violencia y torturas que llevaron a una distorsión de los hechos y a la firma forzada de confesiones falsas de culpabilidad. "La Escritura nos dice que “las almas de los justos están en manos de Dios”. Pero estas manos —explicó el cardenal Czerny— no son un refugio abstracto. Para Jan y Václav, las manos de Dios fueron las rejas de la prisión de Jihlava, fueron el polvo de los largos interrogatorios, fueron la dignidad mantenida intacta bajo las humillaciones más abyectas".

El prefecto se detuvo después en su martirio: "No fue una muerte buscada por fanatismo, sino una vida ofrecida por amor. Jan Bula tenía solo 31 años cuando fue conducido al patíbulo. Un joven sacerdote, lleno de sueños y celo pastoral, acusado injustamente de complicidad en un atentado que era, en realidad, una maniobra de los servicios secretos para decapitar la fe del pueblo. Václav Drbola, algo mayor, fue arrestado con la misma violencia. ¡Cuánto debieron llorar en la oscuridad de sus celdas, sintiendo el peso de la injusticia y el dolor por sus familias y parroquias!".

Una fe inquebrantable

A pesar de todo, conscientes de los peligros que corrían en el dramático contexto de hostilidad hacia la Iglesia, de la dureza de la prisión y de las torturas sufridas, Bula y Drbola aceptaron su destino con fe inquebrantable y confiada entrega a la voluntad de Dios. "Pero “Dios los probó como oro en el crisol”, dice la Escritura. El fuego del régimen —subrayó el purpurado— no consumió el oro de su fe; quemó solo las escorias del miedo humano, dejando brillar una adhesión a Cristo que deja atónitos. Se cuenta que don Jan, en las horas previas a su muerte, conservaba una paz sobrenatural, una serenidad que no pertenece a este mundo. Esto es el martirio: no un acto de heroísmo humano, sino dejarse invadir por la gracia de Dios hasta que no quede espacio para el “yo”, sino solo para el “Nosotros” de la Iglesia y el “Tú” de Dios. "Si el grano de trigo no muere", dice el Evangelio de Juan, "queda solo". Jan y Václav —añadió— podrían haber elegido la seguridad, el refugio del silencio cómplice. En cambio, aceptaron ser “masticados” por la historia y se convirtieron, en palabras de Tertuliano, en semilla de nuevos cristianos en su tierra y, misteriosamente, en todo el mundo".

Según el cardenal Czerny, la sangre de los dos sacerdotes "no es un grito de venganza, sino una semilla de libertad interior. Fue solo el amor de Cristo el que los protegió de la horca, de la calumnia o de la soledad extrema. Ellos transformaron el tribunal en un púlpito y la prisión en un altar. No eran hombres de acero; eran hombres de oración. Su fuerza no residía en los músculos, sino en las rodillas dobladas ante el tabernáculo antes del arresto, y en el corazón unido a María durante el suplicio".

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22 mayo 2026, 12:01