Nuncio en el Líbano: ataques sin precedentes en Beirut, el país merece paz
Salvatore Cernuzio – Ciudad del Vaticano
«Nunca había habido un ataque de este tipo. Dicen que en diez minutos hubo diez ataques casi simultáneos… Fueron utilizados muchísimos aviones de combate de Israel. La prensa habla de unos cincuenta, pero hay que verificarlo. ¿Los muertos? Hasta ahora, la Cruz Roja ha contabilizado unos 87 fallecidos y 722 heridos. La cifra deberá actualizarse porque quizá haya muchos más bajo los escombros». La voz del arzobispo Paolo Borgia por teléfono suena cansada. Durante más de diez horas, el nuncio apostólico en el Líbano estuvo en misión en las zonas del sureste del país junto al patriarca maronita Bechara Boutros Raï para llevar ayuda y cercanía a las personas, no solo a los cristianos. Sin embargo, declara a los medios vaticanos que no está «en absoluto cansado», al menos no espiritualmente: «Hay que mantener viva la esperanza para llevársela a los demás». Las escenas que se están registrando en estas horas en Beirut, donde en las redes sociales se difunden fotografías y videos de edificios afectados, nubes negras que se elevan de las casas, piedras que vuelan sobre los civiles, pondrían a prueba a cualquiera.
Excelencia, ¿qué está pasando en Beirut?
Durante todo el día nos han acompañado los disparos de mortero por los enfrentamientos entre Hezbolá e Israel. Durante todo el día hemos visto esto. Ahora hay mucho tráfico, la ciudad está congestionada, en el centro hay sirenas, ambulancias, Beirut está patas arriba. Todavía están en curso los ataques aéreos de Israel. Según lo que sabemos por los medios israelíes, se prevé que continúen con esta intensidad durante 48 horas. Habrá que ver cómo evoluciona la situación.
Y todo esto después de que este martes el primer ministro israelí, Netanyahu, anunciara que apoyaba la tregua de dos semanas de EE. UU. con Irán, excluyendo, sin embargo, a Líbano…
Entiendo que son dos situaciones diferentes, aunque relacionadas. Por un lado, Irán está vinculado a Hezbolá, pero por otro lado Hezbolá constituye para Israel un problema aparte. Sin embargo, es muy deseable que haya un alto el fuego aquí y el inicio de negociaciones para una estabilización en el Líbano respecto a Israel. La situación de conflicto no es fácil y no hace más que aumentar las divergencias, además de sembrar muerte y destrucción. Como es sabido, lo que Israel quiere es el desarme de Hezbolá, y este objetivo no se ha alcanzado. Una tregua reabriría la puerta a la diplomacia. Por otra parte, también las autoridades libanesas —en particular el presidente de la República— han pedido y deseado en repetidas ocasiones entablar negociaciones directas con Israel, para llegar a una solución de la guerra en curso. Creo, sin embargo, que el camino sigue siendo el indicado por el Papa León XIV durante la oración del Ángelus del 15 de marzo: emprender «caminos de diálogo que puedan apoyar a las autoridades del país en la implementación de soluciones duraderas a la grave crisis actual, por el bien común de todos los libaneses».
¿Y qué solución puede haber para el país?
Siempre la de seguir trabajando por la paz y encontrar soluciones incluso cuando parecen no estar disponibles. La guerra está trayendo destrucción, muerte, muchos desplazados, muchas situaciones muy dolorosas y difíciles de afrontar. Por lo tanto, tal vez todos deberían comprender que ese no es el camino correcto y que hay que emprender un camino diferente y encontrar posiciones compartidas, posiciones razonables.
¿Se puede decir que el Líbano está viviendo «su hora más oscura»?
Bueno… El Líbano ha vivido tantas guerras que no sé si esta es la hora más oscura. Cada momento es difícil y afecta a personas y circunstancias diferentes. Cada guerra es única y provoca igualmente dolor, aumenta la destrucción. No creo que se pueda decir que esta sea la hora más oscura o no, ya que el Líbano lleva más de 50 años viviendo la guerra.
¿Y cómo está la gente? En estos días ha tenido la oportunidad de visitar muchos pueblos y centros del sur en el marco de las misiones humanitarias. ¿Qué le transmite la gente? ¿Qué dice? ¿Qué espera?
Hay mucho sufrimiento en la zona de Beirut con todos los desplazados, sobre todo los chiítas, que viven una situación muy difícil. También muchos cristianos se han desplazado a la zona de Beirut o, en cualquier caso, hacia el norte del país. Sin duda es difícil porque lo dejan todo y hay un gran problema también económico, porque las actividades se detienen si se abandonan todos los pueblos de la zona sur. Además, se vive una sensación de incomodidad por estar fuera o refugiarse con familiares o amigos. La gente que encuentro en los pueblos del sur que ha podido quedarse tiene un apego muy fuerte a la tierra, a su propia región, lo que los impulsa, de todos modos, a resistir y quedarse. Sin embargo, hay mucha incomodidad y mucha incertidumbre sobre el futuro, y también una forma de soledad por el aislamiento que viven. ¡No pueden desplazarse! Por eso sienten que llevan una carga y que la llevan solos. Por eso vamos y los visitamos, porque deben sentir la presencia de la Iglesia universal y libanesa, sobre todo la presencia del Santo Padre, así como la presencia de tantos hombres y mujeres de buena voluntad que ayudan, sostienen y están cerca de quienes están viviendo estos dramas.
El Papa ha enviado un mensaje de Pascua a los cristianos de Debel, en el que los exhorta a mirar a la Resurrección como fuente de esperanza y a no perder el ánimo. ¿Cómo resuenan estas invitaciones de León XIV?
Para los cristianos resuenan en el sentido verdaderamente auténtico: ahora necesitamos mirar a la Resurrección. Los libaneses son muy creyentes, por lo que vivir la Pascua para ellos es vivir un momento importante de la fe cristiana. Parece un poco que se pasan que aún los días de la Semana Santa, pero siempre con la mirada puesta en la Resurrección, la mirada puesta en el Señor que nos salva y nos promete una vida nueva. Incluso los no cristianos aprecian mucho las palabras del Santo Padre, sus mensajes, sobre todo los que se refieren a la paz. Y también aprecian el interés del Papa por los contextos de guerra.
El martes, en Castel Gandolfo, el Papa, al reunirse con los periodistas y referirse a los Estados Unidos, exhortó a las personas a dirigirse a los miembros del Congreso o, en cualquier caso, a las autoridades y a los políticos para decirles: «¡No queremos la guerra, queremos la paz!». ¿Se puede extender esta invitación también al Líbano y tal vez precisamente a Hezbolá?
Por supuesto, es una invitación válida para todos. Debería ser una invitación dirigida tanto a Hezbolá como a Israel, para buscar la manera de resolver los problemas y abrir en el Líbano un camino de paz, un camino de vida nueva, que este país desea y merece.
Excelencia, ¿está cansado? ¿Además de físicamente, tal vez también espiritualmente, dada la situación que se vive?
No, no estoy cansado en absoluto. Hay que mantener viva la esperanza, de lo contrario, ¿cómo se puede mantener viva la esperanza de los demás?
El Papa también ha invitado a seguir rezando. El 11 de abril se celebrará en San Pedro una Vigilia de oración por la paz. ¿Cuál es su oración por esta tierra de la que es nuncio?
Es que podamos alcanzar la paz, vivir tranquilos y serenamente. El Líbano siempre es un desafío porque es un país de diversidad, lleno de contrastes; el desafío es recomponerlo todo siempre de manera armoniosa para que pueda manifestarse el bello rostro de este país. Todos comprenden la importancia de la paz, que la paz no es una derrota, que la paz es un bien que viene de Dios, no es una rendición ante las situaciones. La paz es justa, es algo que da la posibilidad, a través de la reconciliación, de abrirse a la vida. La guerra es solo muerte.
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