Koch: Benedicto XVI, un intérprete luminoso de nuestros tiempos oscuros
Alessandro De Carolis - Ciudad del Vaticano
Fue el Sábado Santo, 16 de abril de 1927, cuando nació Joseph Ratzinger. Sábado Santo, un día «oscuro», «el día del ocultamiento y el silencio de Dios en la historia humana». Pero también fue un desafío para la fe, capaz de contemplar la Resurrección incluso en los momentos más terribles de la historia, como lo hizo a lo largo de su vida el teólogo, arzobispo y cardenal llamado a la Cátedra de Pedro en 2005. En su homilía durante la Misa celebrada ayer por la tarde en la Basílica Vaticana, el cardenal Kurt Koch estableció, entre otras cosas, un paralelismo entre el cumpleaños de Ratzinger —el 16 de abril, aniversario de ayer— y la Vigilia Pascual de hace 99 años.
La oscuridad, un desafío para los creyentes
El Sábado Santo, «esta amarga experiencia de abandono por parte de Dios», fue algo —observó el Prefecto del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos— que tuvo que soportar la misma generación que creció en la época de Joseph Ratzinger. Y aquí el cardenal citó al propio Ratzinger, quien dijo en una ocasión: «Tras las dos guerras mundiales, los campos de concentración y los gulags, Hiroshima y Nagasaki, nuestra época se ha convertido cada vez más en un Sábado Santo: la oscuridad de este día interpela a todos los que cuestionan la vida, y nos interpela a nosotros, los creyentes, en particular. Nosotros también tenemos algo que ver con esta oscuridad».
Gratitud por un gran testigo
El cardenal Koch continuó diciendo que Joseph Ratzinger-Benedicto XVI supo afrontar este desafío con la mirada de la fe cristiana, una luz que revela «su poder con mayor claridad precisamente cuando las cosas no están claras», porque «brilla con fuerza en la oscuridad». Necesitamos, comentó el cardenal, «tal intérprete de nuestro tiempo, guiado por la luz de la fe, incluso en nuestra época actual con sus terribles acontecimientos, que a su vez nos hacen sentir el lado oscuro del Sábado Santo».
Pero la vida del propio Benedicto XVI, subrayó el Prefecto Vaticano, fue en sí misma un ejemplo de esperanza, por lo cual, concluyó, debemos dar gracias a Dios por el don de este «gran testigo de la fe e ilustre maestro de la fe en la Cátedra de Pedro».
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