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El cardenal Parolin ha presidido esta mañana una misa en la Capilla Paulina con motivo de la inauguración del año judicial del Tribunal Vaticano El cardenal Parolin ha presidido esta mañana una misa en la Capilla Paulina con motivo de la inauguración del año judicial del Tribunal Vaticano  (@Vatican Media)

Parolin: Que la justicia busque la plena reinserción humana y social del condenado

El cardenal Secretario de Estado presidió la misa en la Capilla Paulina del Palacio Apostólico con motivo de la apertura del año judicial del Tribunal Vaticano: en muchísimos países, el objetivo reeducativo de la acción penal se ve a menudo mermado debido a la «escasez de recursos destinados a los centros penitenciarios de corrección»

Daniele Piccini – Ciudad del Vaticano

Así como la justicia de Dios sabe ser «cuidado, amor, salvación y perdón del pecador arrepentido», también la justicia humana, inspirada en la primera, «debería» saber potenciar «la finalidad educativa de la pena», que, en cambio, «demasiado a menudo se persigue débilmente debido a la escasez de recursos destinados a los institutos penitenciarios de corrección». Este es el núcleo de la homilía pronunciada por el cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin, quien esta mañana, 14 de marzo, presidió la misa en la capilla Paulina del Palacio Apostólico, con motivo de la apertura del año judicial del Tribunal del Estado de la Ciudad del Vaticano.

La rehabilitación humana del condenado

El cardenal ha ampliado su mirada a los sistemas judiciales de otros países, señalando que «a pesar de las afirmaciones de principio sobre la finalidad reeducativa de la sanción penal», estos se configuran según modalidades que «mortifican» lo que debería ser su «finalidad más importante», es decir, la «recuperación humana y social del condenado».

La justicia divina es luz de la historia

El sexto capítulo del Libro del profeta Oseas, sugerido por las lecturas del día, define la justicia de Dios como «luz» que ilumina la «historia del pueblo de Dios», la «historia de la humanidad y de cada hombre en particular», mostrando cómo esta no es en absoluto una secuencia de castigos y penas derivadas de las «numerosas infidelidades cometidas», sino, subrayó el cardenal Parolin, «el cuidado y la corrección que Dios ha ejercido y sigue ejerciendo para que cada hombre pueda crecer en la comunión y en la alianza con Él».

Las lecturas del día, tomadas del Libro del profeta Oseas y del Evangelio según San Lucas, se centraron en el sentido «correctivo» de la justicia divina.
Las lecturas del día, tomadas del Libro del profeta Oseas y del Evangelio según San Lucas, se centraron en el sentido «correctivo» de la justicia divina.   (@Vatican Media)

Superar la lógica retributiva para descubrir el amor de Dios

También en el pasaje del Evangelio según San Lucas «aparece la misma justicia de la que habla el profeta Oseas». En la parábola contada por Jesús, un publicano y un fariseo suben al templo a orar, pero lo hacen con actitudes diferentes. El primero será «justificado», el segundo será «declarado culpable». La parábola evangélica, argumentó el secretario de Estado vaticano, pretende «instar» a ir más allá de la lógica «retributiva de la justicia», presente en la revelación bíblica «sobre todo en el Antiguo Testamento».

«El fin último de la justicia divina —comentó el cardenal— no es medir los méritos o las culpas de cada uno sobre una balanza fría e impersonal, sino corregir en lo íntimo a la persona e inducirla así a una conversión profunda hacia el Señor, para favorecer un cambio de corazón, que luego se manifiesta en el arrepentimiento y en el humilde reconocimiento de las propias culpas».

 Un momento de la misa presidida por el cardenal Parolin en la capilla Paulina.
Un momento de la misa presidida por el cardenal Parolin en la capilla Paulina.   (@Vatican Media)

La finalidad del derecho

Precisamente este «reflejo de la justicia divina» que «acentúa la finalidad reeducativa de la pena», según el cardenal Parolin, debe «resplandecer aún más en el ordenamiento jurídico vaticano». Hacer que el condenado, una vez cumplida la pena, pueda ser «reinsertado en la comunidad y contribuir positivamente a la vida de esta» no es una «disposición» de carácter «ornamental» o «tendencial», sino que tiene una «posición de prevalencia». El mismo objetivo del Derecho canónico, añadió el cardenal, es, de hecho, la «salvación de las almas» y la «ley suprema de la justicia terrenal es siempre y en todo caso el bien de las personas».

Hacer justicia desde la perspectiva de la conversión

Los operadores de justicia son los «intérpretes» y «responsables» de esta finalidad y, para cumplirla, señaló el cardenal, no basta con disponer de una «adecuada formación técnica y profesional» y de destacadas «cualidades humanas». Es necesario, añadió el cardenal, haber emprendido un «camino personal y espiritual de conversión». Solo quien «conoce las fatigas y las alegrías de un camino continuo de conversión que solo la relación íntima con el Señor puede dar», puede ser un «operador de justicia», sin caer en la actitud del fariseo descrita en el Evangelio. Y precisamente la Cuaresma es un «tiempo favorable» para «comenzar y recomenzar este camino», cuya protección el cardenal Parolin confió finalmente a la intercesión de la Virgen María, «espejo de la justicia».

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14 marzo 2026, 16:04