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La cúpula de la Basílica Vaticana, que domina el baldaquino de Bernini sobre el altar papal y la tumba de Pedro La cúpula de la Basílica Vaticana, que domina el baldaquino de Bernini sobre el altar papal y la tumba de Pedro

Cuarto centenario de la consagración de San Pedro, espejo de la fe

La Fabbrica de San Pedro ha presentado el programa de actos para celebrar los cuatrocientos años de la consagración de la Basílica Vaticana. El primer encuentro se dedicó al patrimonio arquitectónico y artístico de la iglesia más grande del mundo. El cardenal Gambetti: «Aquí las personas buscan las raíces de la fe»

Greta Giglio - Ciudad del Vaticano

Desde 1626 hasta 2026, cuatrocientos años de transformaciones históricas y culturales han marcado la Basílica de San Pedro. Este martes 24 de marzo, el tema central de las intervenciones del arqueólogo Pietro Zander, del arquitecto Vitale Zanchettin y de la directora de los Museos Vaticanos, Barbara Jatta, en el primero de los tres encuentros —organizados por la Fábrica de San Pedro— para celebrar la dedicación de la basílica.

La iglesia, centro neurálgico de la cristiandad, es visitada cada año por millones de personas. «El año pasado fue extraordinario con el Jubileo —recordó el cardenal Mauro Gambetti, arcipreste de San Pedro y presidente de la Fabbrica—, pero este flujo es continuo, porque aquí las personas buscan las raíces de la fe. Es la búsqueda de la eternidad».

El arte de los detalles

«Miren a su alrededor», fue la exhortación de cada uno de los ponentes que se turnaron ante el Altar de la Cátedra. «La majestuosidad de la Basílica reside en sus detalles —explicó Barbara Jatta— y son precisamente los detalles los que dan testimonio de la devoción. El arte lleva adelante los grandes temas de la evangelización». La atención dedicada a lo largo de los siglos a cada espacio es un reflejo del cuidado con el que la Fábrica de San Pedro ha conservado y valorizado siempre las obras. Los grandes del pasado, entre los que destacan Gian Lorenzo Bernini y Michelangelo Buonarroti, fueron evocados en la intervención de la directora Jatta dedicada a las decoraciones y los monumentos de San Pedro: «Oros, estucos y mosaicos. Todo en la Basílica ha sido concebido por artistas geniales para perdurar en la eternidad».

La vocación de acogida

Otro elemento característico de la Basílica es su vocación de acogida. «No solo el abrazo de la columnata —subrayó Pietro Zander, responsable del sector de bienes culturales de la Fabbrica di San Pietro—, sino su propia grandeza es símbolo de ello. Nació grande porque debía acoger a todos, cristianos y no cristianos». Según el arqueólogo, este año se podrían celebrar incluso dos aniversarios: la dedicación de hace cuatrocientos años, pero también la de la antigua basílica, construida por Constantino en el siglo IV y consagrada, quizá, en el año 326. Su origen primerísimo —recordó Zander— sigue siendo la tumba de San Pedro: «Este es el lugar de su martirio y de su sepultura. No olvidemos nunca que esta basílica se erige sobre tierra empapada de sangre».

Una verdad de piedra

El profesor Vitale Zanchettin también se detuvo en la fisicidad de la basílica. «El gesto inmediato de quien entra por primera vez es levantar la vista y mirar a su alrededor. Es una curiosidad que trasciende el mundo, señal de que San Pedro sigue siendo capaz de hablar a las personas con su consistencia física y material». Un papel fundamental en nuestro presente, donde nos absorbe la imagen virtual: «A diferencia del objeto falso, del que nunca sabes si es real —continuó el arquitecto—, la materialidad de San Pedro representa una verdad de piedra, esa de la que todos necesitamos».

El profesor profundizó luego en otro aspecto significativo: el Papa Julio II pidió a Donato Bramante que ampliara la cúpula y la nave, porque consideraba que los espacios eran insuficientes. Sin embargo, el proyecto se volvió demasiado grande, hasta el punto de detener las obras durante treinta años. Hasta que llegó Buonarroti, quien redujo las dimensiones y —como escribió Vasari— dio «menor forma y mayor grandeza» a la basílica. A día de hoy, afirmó Zanchettin, esta «sigue siendo ilimitada, porque aún no logramos captar su sentido profundo».

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25 marzo 2026, 15:56