El cardenal Claudio Gugerotti, prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales El cardenal Claudio Gugerotti, prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales  

Tierra Santa, Gugerotti: donar para no ser cómplices de quienes incendian el mundo

El cardenal prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales habla del sentido que adquiere la Colecta pro Terra Sancta en el contexto actual de guerra: «Para quienes en esas tierras lo han perdido todo, es una cuestión de supervivencia. Es nuestro deber como cristianos devolverles la esperanza»

Stefano Leszczynski – Ciudad del Vaticano

Como cada año, el Viernes Santo se llevará a cabo la colecta de ofrendas destinadas a los lugares del «Redentor», la importante iniciativa de solidaridad de la Iglesia universal en favor de las Iglesias y las comunidades cristianas de Tierra Santa. Este año, la colecta se realiza en un contexto de guerra que parece extenderse como una mancha de aceite y que genera consecuencias dramáticas para todos los pueblos de la región.  En la carta que el prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales, el cardenal Claudio Gugerotti, ha dirigido a toda la Iglesia Católica para invitarla a contribuir a la tradicional Collecta pro Terra Sancta, el cardenal denuncia el incesante estruendo de las armas e invita a todos a la reflexión para no ser cómplices de quienes están incendiando el mundo.

«Tengo la percepción de que gran parte del mundo no se da cuenta de la catástrofe que está azotando a nuestra civilización. Quienes hoy promueven la guerra están destruyendo todo lo que se ha construido desde la Segunda Guerra Mundial. Y no me refiero solo a los ideales, sino también a personas y cosas, incluso a monumentos históricos de inmenso valor. La obsesión por el control como fin en sí mismo y la sumisión del otro mediante el uso de la fuerza es un proyecto suicida para la humanidad. Para nosotros, los cristianos, todo esto es una blasfemia. “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, nos dijo Jesús».

En este contexto, ¿cómo se debe interpretar la colecta para Tierra Santa?

Es una asunción de responsabilidad hacia nuestros hermanos y hermanas que siguen muriendo, afectados por la violencia demencial que atraviesa el mundo y que no tienen nada que comer ni nada para curarse. Debemos hacernos cargo de sus sufrimientos, porque no son «algo ajeno a nosotros», son nuestra propia carne.

Eminencia, ¿qué significa la guerra que estamos presenciando para las comunidades cristianas de Tierra Santa?

Las comunidades cristianas, que siempre han tenido la percepción de ser solo toleradas, hoy temen no serlo más. Y, en consecuencia, quieren huir. Tomemos, por ejemplo, lo que ha ocurrido en Siria: en pocos años hemos perdido al 80 % de los cristianos. Esto significa que Tierra Santa, la tierra donde nació Jesús, donde se desarrolló el cristianismo primitivo, donde nacieron las primeras liturgias, donde los primeros Padres de la Iglesia hablaron al mundo y enriquecieron la doctrina, donde se celebraron los concilios, está a punto de quedar totalmente vacía del fermento cristiano que atestiguan hombres y mujeres concretos y que es parte esencial de su identidad. Como Iglesia no podemos resignarnos a esto y no podemos abandonar a estas comunidades, que son parte de nosotros, a este destino. Además, esta discriminación no afecta solo a ellos, sino a todas las «minorías», que tarde o temprano están o estarán amenazadas de la misma manera. Hablamos de comunidades  muy antiguas, que tienen una fe cristiana cristalina, un espíritu de fuerte solidaridad y están muy unidas a la Iglesia porque ella ha sido la madre de todos, ha sido quien ha cuidado de sus hijos, quien ha buscado viviendas para que pudieran resistir, quien los ha apoyado en sus pequeñas actividades comerciales y, sobre todo, quien ha mantenido viva su fe, el sentido de su vida. ¿A dónde irán? ¿Quién los acogerá? ¿Quién preservará su identidad, sin la cual también la Iglesia se verá profundamente herida?

Normalmente, los ingresos de la colecta se utilizan para proyectos de desarrollo, de microempresas, de reconstrucción y de restauración de los lugares sagrados. ¿Cuáles son las prioridades hoy?

Hoy se habla de supervivencia. Tan pronto como se abre una resquicio para estar presentes,  hacemos todo lo posible por salvar vidas, aunque nuestros esfuerzos a menudo se vean frustrados. Y no estamos hablando solo de Tierra Santa en sentido estricto. La guerra se extiende de manera aterradora y nadie parece considerar lo que todo esto implica políticamente, además de humanamente y religiosamente. ¿Alguien nos puede explicar qué sentido tiene todo esto? ¿Qué significa proponer de nuevo la burda categoría de pueblos buenos y pueblos malos? Nuestra primera tarea ahora es ayudar no solo a los cristianos, sino a todos aquellos que se encuentran en una situación similar a sobrevivir y a defender sus derechos.

 

Entre los principales ámbitos de intervención figuran los de la instrucción y la educación juvenil…

Estamos pensando en proponer al Santo Padre que una parte de la colecta se destine al pago de las cuotas de los niños cristianos que asisten a nuestras escuelas en los países de Tierra Santa y de Oriente Medio. Se trata de familias pobres, que llegan incluso a hipotecar su casa para poder dar una educación a sus hijos y hacer que no se pierda la cultura de origen. Ayudar a las familias cristianas de esta manera también significa ayudarlas a no irse y garantizar un futuro para sus hijos en sus tierras. La gente siempre ha sido generosa al contribuir a la Colecta de Tierra Santa y saber que con sus donaciones también se les da a los niños la posibilidad de volver a la escuela es sin duda un fuerte estímulo para esta generosidad.

Siempre hay una menor sensibilidad en la opinión pública hacia lo que ocurre a nivel internacional. ¿Cuál es el mensaje para despertar la compasión en la sociedad?

No sirve de nada filosofar. Aquí hay que entrar en detalles para entender si este es el mundo que queremos. Desde el punto de vista cristiano, se trabaja para construir una sociedad que es lo contrario de lo que predica el Evangelio. En la mente de muchos, lamentablemente, Dios ha sido sustituido por el dinero, y este tipo de ídolo exige sacrificios humanos. Demasiados, incluso entre quienes se definen como cristianos, tienen como única perspectiva la búsqueda de su propio éxito financiero, que en realidad es el éxito de muy pocos y la miseria de pueblos enteros. Y el Señor lo dijo claramente: «No pueden servir a Dios y al dinero». Preguntémonos, pues, cuál sería nuestra reacción si mañana se llevaran a nuestros hijos y los enviaran a la guerra; preguntémonos por qué nuestros jóvenes viven una sensación de desorientación y, cada vez más a menudo, se ven tentados por la violencia o la autodestrucción. En este sentido, la colecta de Tierra Santa representa una gran forma, entre muchas otras, de movilización para decir: hay gente que sufre, que sufre por lo que ocurre en los lugares donde se respira a Jesucristo, se respira lo que Él respiró y lo que Él puso en el aire. No dejemos que se borre la naturaleza sacramental de esos lugares y de esas personas. Se trata de un símbolo para el mundo entero.

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19 marzo 2026, 14:02