Santa Sede: la dignidad humana y los derechos de la mujer, base de la justicia social
“La dignidad de cada persona humana es la base de toda auténtica acción social y económica”. Con esta premisa, monseñor Juan Antonio Cruz Serrano, Observador Permanente de la Santa Sede ante la Organización de los Estados Americanos (OEA), intervino en una sesión del Consejo Permanente celebrada en Washington el 18 de febrero de 2026, dedicada tanto a la conmemoración del Día Internacional de la Mujer de las Américas como a la Jornada Mundial de la Justicia Social.
El prelado destacó que la promoción y protección de los derechos de las mujeres -económicos, laborales y sociales- no es solo una cuestión de equidad, sino un requisito para el desarrollo integral de las sociedades. En ese marco, retomó palabras de Papa León XIV, quien ha advertido sobre la “dictadura de una economía que mata”, expresión recogida en la exhortación apostólica Dilexi te, donde denuncia sistemas en los que la riqueza de pocos crece mientras la mayoría queda excluida del bienestar.
Cruz Serrano argumentó que la situación de miseria y exclusión que afecta a muchas personas -en particular a las mujeres- debe interpelar constantemente a la conciencia colectiva. Subrayó que el desarrollo humano auténtico no puede reducirse al mero crecimiento económico, sino que debe promover a cada persona en su dignidad y en sus derechos fundamentales, garantizando la participación plena y sin discriminaciones en la vida económica y social.
En su intervención recordó que cuando las mujeres acceden de modo equitativo a recursos, educación, empleo digno, capital y oportunidades de emprendimiento, se fortalecen no solo ellas mismas, sino también las familias y las comunidades, generando condiciones más sólidas de desarrollo sostenible.
En un segundo discurso ante el mismo organismo, centrado en la justicia social, el representante vaticano advirtió que hoy el valor de la persona y de sus derechos se ve amenazado por la tendencia a priorizar la utilidad y la posesión material. Citando nuevamente a León XIV, afirmó que la justicia ordena las relaciones humanas según la equidad y el bien común, y exige proteger especialmente al débil, a la víctima de opresión, exclusión o indiferencia.
El observador describió además los principales desafíos en el continente americano: la falta de acceso de amplios sectores al trabajo digno, la vivienda y los servicios básicos; la trata de personas; la crisis migratoria; las expresiones de xenofobia y discriminación; las asimetrías económicas entre países y dentro de ellos; y el grave deterioro de la creación.
Ante este panorama, llamó a impulsar políticas públicas orientadas a una distribución más justa de los recursos y a la corrección de estructuras que generan pobreza, promoviendo un desarrollo integral y solidario. Finalmente, reafirmó la disposición de la Santa Sede a colaborar en el ámbito interamericano para favorecer procesos que contribuyan a una sociedad más justa, fraterna y humana.
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