Pennacchio: La misión de la Santa Sede es construir la paz en un mundo de conflictos
Salvatore Cernuzio – Ciudad del Vaticano
«Construir puentes de paz y justicia, recomponer vínculos auténticos y promover una civilización basada en el amor y el respeto por la dignidad de cada persona». Así resume monseñor Salvatore Pennacchio, presidente de la Pontificia Academia Eclesiástica, la misión y la acción diplomática de la Santa Sede ante los nuevos y múltiples retos que presenta hoy el mundo. Este es precisamente el tema de un congreso que se celebrará mañana, sábado 17 de enero, en el Palacio Apostólico Vaticano, y que se inaugurará con un mensaje del Papa León XIV. A continuación, está prevista una lectio magistralis del gran canciller de la Pontificia Academia Eclesiástica, el cardenal secretario de Estado Pietro Parolin, seguida de una nota histórica sobre la Academia a cargo del profesor Silvano Giordano y un enfoque sobre la reforma de la institución por parte del profesor Vincenzo Buonomo, director científico. Por último, intervendrá el embajador de Chipre, George Poulides, decano del Cuerpo Diplomático ante la Santa Sede. Mons. Pennacchio inaugurará los trabajos con una oración y un saludo. Junto con los medios de comunicación vaticanos, analiza los temas centrales de la conferencia a la luz de la actualidad.
Monseñor Pennacchio, ¿cuál es la acción diplomática de la Santa Sede ante los nuevos y numerosos retos del mundo actual?
El servicio diplomático de la Santa Sede es un servicio de comunión que se nutre de Cristo y del Evangelio y se expresa en la cercanía concreta, la escucha atenta y el diálogo constante. Hoy, en un mundo marcado por conflictos, cambios geopolíticos, culturales y medioambientales, la diplomacia vaticana se enfrenta cada día a una realidad cada vez más globalizada e interconectada. Su misión es responder a una necesidad urgente: tender puentes de paz y justicia, recomponer vínculos auténticos y promover una civilización basada en el amor y el respeto a la dignidad de cada persona. Para quienes cooperan con el Sucesor de Pedro es fundamental desarrollar una mirada atenta, previsora y operativa, capaz de escuchar la voz de Dios y traducirla en acciones concretas, sobre todo al servicio de los más desfavorecidos.
¿Qué valor tiene, en esta época marcada por los conflictos, la presencia capilar en los cinco continentes de la red constituida por las Nunciaturas Apostólicas?
La presencia de las Nunciaturas Apostólicas en los diferentes contextos del mundo, algunos tan duramente marcados por conflictos y divisiones, expresa concretamente la atención constante del Papa por la Iglesia universal y las Iglesias particulares, haciendo visible una solicitud que no se realiza desde lejos, sino que se arraiga en los contextos reales en los que viven los pueblos. El servicio diplomático, como subrayó el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, en el contexto del Año Jubilar de la Pontificia Academia Eclesiástica, es parte viva del ministerio petrino a través del cual el Pontífice ejerce una proximidad capaz de llegar a todos, dando testimonio del rostro de una Iglesia que es madre atenta y misericordiosa. El compromiso de los Representantes pontificios, por tanto, es consolidar una escucha directa y continua de las realidades locales que permita a la Santa Sede desempeñar un papel de mediación discreta y paciente, orientando su acción hacia la paz, el diálogo y el respeto de la dignidad de la persona humana.
En abril de 2025, el Papa Francisco actualizó mediante un chirografo el itinerario formativo de los alumnos de la Pontificia Academia Eclesiástica, comúnmente conocida como la «Escuela de los Nuncios». ¿Cómo ha cambiado esta reforma la formación de los futuros representantes pontificios? ¿Qué ayuda o nuevo impulso ha aportado?
Con el chirografo Il Ministero Petrino, el Papa Francisco estructuró la Academia como Instituto de Alta Formación en Ciencias Diplomáticas, adaptándola a la visión propuesta por la Constitución Apostólica Veritatis Gaudium y a los estándares internacionales de los estudios universitarios. El inicio del año académico 2025-2026 ha visto ya el comienzo de la aplicación de la reforma, permitiendo el acceso de los nuevos alumnos a itinerarios formativos diseñados para combinar la necesaria formación canónica y las ciencias diplomáticas con la historia de las relaciones internacionales, el estilo diplomático, el derecho y la práctica internacional y, por último, pero no por ello menos importante, el estudio de las lenguas modernas. Sin embargo, la renovación no se limita a un enfoque puramente técnico, orientado exclusivamente a la adquisición de conocimientos teóricos, sino que traza un itinerario completo y complejo que promueve la formación integral de los académicos. Seguimos convencidos de que el académico debe ser ante todo un hombre de Dios, capaz de convertirse en instrumento de la comunión eclesial, enviado para acompañar el camino de los episcopados locales y de todos los bautizados, y por lo tanto un representante cualificado, que sepa afrontar la tarea que le espera con profundidad humana, sensibilidad institucional y competencia cualificada.
La Academia Eclesiástica cuenta con una historia secular. ¿Cómo ha logrado atravesar los cambios de época y las épocas de cambio?
El año jubilar que vive este año la Pontificia Academia Eclesiástica es, ante todo, una ocasión para dar gracias a Dios por el camino emprendido en 1701 por voluntad del Papa Clemente XI. Esta significativa recurrencia no es solo un momento para celebrar los acontecimientos del pasado, sino que también representa una oportunidad para encarnar esa disposición propia del gobierno central de la Iglesia, el semper reformanda, adaptando y actualizando la formación de los sacerdotes destinados al servicio diplomático de la Santa Sede. El aniversario no solo marca un hito temporal importante, sino que invita a cada uno de nosotros a una renovada dedicación de la Academia a su misión. Estamos viviendo un tiempo de recuerdo y de agradecimiento que, por un lado, reconforta y sostiene a la institución y, por otro, la anima a enfrentarse a las novedades de nuestro tiempo. Creemos que la fuerza de la Academia para guiar a los futuros diplomáticos a través de los cambios de época reside precisamente en la fidelidad al Evangelio. Es a través de esta fidelidad que la institución puede servir al Papa y a la Iglesia, encontrando siempre instrumentos actuales para leer e interpretar la historia con los ojos de la fe.
Con motivo del Jubileo de los colaboradores titulares de las Representaciones pontificias, el papa León XIV ofreció valiosas indicaciones para el servicio diplomático y exhortó a llevar esperanza incluso en contextos de conflicto y ausencia de paz. ¿Cómo es posible hacerlo?
Durante el encuentro, el Papa León XIV recordó la urgente necesidad de la paz, no solo para la Iglesia, sino para el mundo entero. Para los diplomáticos de la Santa Sede, este compromiso tiene sus raíces en la virtud de la esperanza, en la convicción de que la paz nace sobre todo como un don de Dios. Es tarea del Representante pontificio alimentar esta esperanza a la luz de Cristo, con una vida espiritual basada en la escucha diaria de la Palabra de Dios y en la oración. Como recordó el Papa, la diplomacia vaticana no es solo técnica, sino que nace del Evangelio, que la inspira, la guía y la sostiene. Incluso en contextos de conflicto o donde es más difícil tender puentes de paz, el diplomático está llamado a dar testimonio del amor del Padre, acercándose a los que sufren y prestando atención a los más pobres y marginados de la sociedad. Como subrayaba San Pablo VI, «es un servicio único y privilegiado, a menudo oscuro y desconocido», que hace germinar semillas de esperanza incluso en las situaciones más difíciles.
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