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El cardenal Secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, celebra la misa en la concatedral de la Sagrada Familia en Kuwait. El cardenal Secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, celebra la misa en la concatedral de la Sagrada Familia en Kuwait.

Parolin en Kuwait: Jesús es «refugio de paz» para la humanidad

En visita oficial al país de la península arábiga, el cardenal Secretario de Estado celebra la misa en la concatedral de la Sagrada Familia y, en su homilía, destaca cómo un territorio dividido entre el desierto y el mar ha sabido acoger a personas de diferentes culturas en busca de un futuro mejor. Al reunirse con los representantes del clero local, los invita a ser «sacerdotes del amor, no de la perfección».

Edoardo Giribaldi – Ciudad del Vaticano

Una tierra que abraza el desierto y el mar, elementos símbolo de «silencio» y «guía», unidos en la acogida de generaciones de personas de diferentes culturas, llegadas a Kuwait a través de los mil desafíos del mundo en busca de un «refugio de paz», que han encontrado en Jesús. Así describió el cardenal Secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, el país de la península arábiga, donde se encuentra de visita oficial desde el 14 de enero.

Misa en la concatedral de la Sagrada Familia

Tras la ronda de conversaciones institucionales con el jeque Ahmad Abdullah Al-Ahmad Al-Sabah, primer ministro de Kuwait, el cardenal celebró la misa en la concatedral de la Sagrada Familia, con motivo del 65º aniversario de su consagración, transmitiendo los «cordiales saludos» y la «cercanía espiritual» del Papa León XIV. Un lugar de «encuentro para el diálogo ecuménico e interreligioso, un puerto seguro y un espacio de paz y armonía»: así definió Parolin la concatedral en su homilía, subrayando su capacidad para alimentar «la vida espiritual de innumerables fieles que han venido a vivir y trabajar a Kuwait desde todas partes del mundo», atraídos por la esperanza de un futuro mejor.

El desierto como lugar de silencio y escucha

Recordando el patrocinio de la Sagrada Familia de Nazaret, a la que está dedicado el edificio, el cardenal destacó la importancia de la familia como «espacio privilegiado en el que Dios elige revelarse». A continuación, deteniéndose en la «singular» conformación geográfica del lugar, suspendido entre el mar y el desierto, propuso una reflexión sobre estos elementos en la historia de la salvación. El desierto -explicó- no es solo un «espacio físico de soledad», sino el lugar al que Dios condujo a su pueblo «para establecer una alianza y manifestar su cercanía, sosteniéndolo a lo largo del camino». Un espacio inserido en la «pedagogía» divina, que invita al silencio y a la escucha. De hecho, desde el desierto se alzó la voz de Juan Bautista, que aún hoy «sigue invitándonos a abrir nuestros corazones para que Jesucristo pueda entrar en el templo de nuestra vida».


El mar, guía para los pueblos del Golfo Arábigo

Parolin se detuvo entonces en el mar, elemento de «gran significado para las sociedades que viven alrededor de las aguas del Golfo Arábigo», a menudo descrito como «el espejo del desierto». En la antigüedad, de hecho, se aprendía a leer las estrellas para no perderse «en la inmensidad de las arenas» y, del mismo modo, se prestaba atención al «desierto azul», es decir, al mar, que «exige el mismo respeto, el mismo valor y, sobre todo, la misma dependencia del Creador». Las aguas marinas, continuó, también fueron el escenario del encuentro de Jesús con los discípulos, de la pesca milagrosa y de su caminar sobre ellas en medio de la tormenta.

Las comunidades ricas y diversas de Kuwait

La concatedral, situada entre «la inmensidad de las arenas del desierto» y «el horizonte infinito del Golfo», se erige así como «una estrella espiritual» que guía los pasos de quienes viven en el desierto lejos de su hogar y de quienes navegan por el «desierto azul» con la mirada puesta en la vida eterna. Un recuerdo constante de la luz «que Dios hace brillar sobre los pueblos de todas las naciones», recordando que, en medio de los desafíos del mundo, existe un refugio de paz donde la fe sirve de brújula y Jesucristo es el puerto seguro para toda la humanidad. El cardenal concluyó la homilía recordando la variedad de comunidades cristianas que se reúnen diariamente en la concatedral, «rica y diversa —fieles de diferentes ritos, de Oriente y de Occidente—, signo de la catolicidad de la Iglesia: unidad en la diversidad».

El encuentro de del cardenal Parolin con el clero y los religiosos del Vicariato Apostólico de Arabia Septentrional
El encuentro de del cardenal Parolin con el clero y los religiosos del Vicariato Apostólico de Arabia Septentrional

El encuentro con el clero y los religiosos del Vicariato Apostólico de Arabia Septentrional

Posteriormente, en un encuentro con el clero y los religiosos del Vicariato Apostólico de Arabia del Norte, también en la concatedral, Parolin volvió a transmitir el saludo del Papa, que «sigue con gran atención la actividad de la Iglesia misionera» local. Retomando las palabras de León XIV con motivo del Jubileo de los sacerdotes del pasado mes de junio, el cardenal invitó a vivir el ministerio en el amor más que en la búsqueda de la «perfección»: en la alegría y en la conciencia de ser «elegidos y amados por el Señor». Con motivo de las celebraciones del Año Santo dedicadas a la vida consagrada, el Papa también había exhortado a superar el «individualismo religioso», viviendo la misión a la luz de tres verbos: pedir, reconociendo la propia insuficiencia; buscar, descubriendo la voluntad de Dios en cada acción; y llamar, implorando al Señor para que se convierta en el «todo» de cada uno.

Continuar la misión en las periferias

Otra exhortación retomada por Parolin fue la de no dejarse abrumar por el «derrotismo», sino continuar la misión hacia las «periferias», en particular en la península arábiga, «donde las comunidades cristianas están formadas por fieles de diferentes ritos y lenguas y donde ustedes mismos son signo de la universalidad eclesial». Por último, el cardenal recordó el testimonio de los santos que trabajaron por la promoción de la paz y la unidad: desde san Francisco de Asís hasta san Carlos de Foucauld, desde santa Josefina Bakhita hasta san Daniel Comboni.


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15 enero 2026, 19:04