León XIV: Angelo Gugel, hombre fiel y diligente al servicio de los papas
Vatican News
«Un largo y valioso servicio a la Santa Sede», realizado con «fidelidad y diligencia» cada día al servicio de tres pontífices: Juan Pablo I, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Así lo subraya León XIV en un telegrama firmado por el cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, y leído durante el funeral de Angelo Gugel, fallecido el pasado jueves a los 90 años. Y celebrado este 17 de enero, a las 16:00 horas, en la iglesia romana de Santa Maria delle Grazie alle Fornaci, cerca del Vaticano.
Ejemplar testimonio cristiano
En el mensaje, el Papa expresa su pésame a la esposa y los hijos de Gugel, recordando «la probidad de su vida y su ejemplar testimonio cristiano», pero también su servicio primero en la Gendarmería Vaticana y en el Governatorato, y luego durante casi treinta años en el apartamento pontificio, «donde desempeñó —se lee— una delicada y apreciada labor dedicándose diariamente» a tres pontífices. León XIV eleva su oración por «el alma de tan generoso discípulo de Cristo» e invoca la bendición apostólica sobre quienes lloran su desaparición.
Junto a Juan Pablo II
En la homilía de la misa celebrada por el cardenal Pietro Parolin, a la que asistieron el cardenal limosnero del Papa, Konrad Krajewski; el cardenal James Michael Harvey, arcipreste de la Basílica Papal de San Pablo Extramuros; el cardenal Beniamino Stella, prefecto emérito de la Congregación para el Clero; monseñor Edgar Peña Parra, Sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado; y monseñor Richard Gallagher, Secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales. Parolin definió a Angelo Gugel como «un hombre bueno, un esposo muy querido, un padre ejemplar, manso, discreto y justo». El cardenal recordó la claridad de sus ojos y la luminosidad de su sonrisa, en los que se reflejaba su amistad con Dios gracias a una fe nacida en tiempos y lugares marcados por la pobreza, pero «sólida como una roca».
«Me gusta imaginar —prosiguió el Secretario de Estado— que quien le recibió en el cielo fue precisamente San Juan Pablo II», a quien había servido fiel y discretamente. El cardenal destacó la capacidad de Angelo para confiar en Dios y ponerse al servicio de los demás. En los últimos meses de su enfermedad —continuó—, dio prueba de su fortaleza de ánimo y de su serenidad, demostrando que los problemas, las fatigas y la enfermedad, si se viven con el Señor, pueden ser ocasión de verdadero testimonio. «Celebrar el funeral de un ser querido, de un testigo de la fe —afirmó Parolin— no significa celebrar el final, sino que es una ocasión para renovar nuestra fe, para mirar hacia adelante con la certeza de que no estamos solos». Tan seguro como el encuentro de Angelo con Juan Pablo II, el cardenal concluyó su homilía rezando a María, como tantas veces habían hecho juntos.
Dziwisz, Gugel, sabio servidor
El cardenal arzobispo emérito de Cracovia, Stanislaw Dziwisz, antiguo secretario de San Juan Pablo II, dirigió un breve saludo a la familia de Angelo Gugel, recordando su servicio a la Santa Sede, «ejemplo de un servidor sabio y fiel, con prudencia evangélica, dedicación, discreción y disciplina». «Me uno —afirmó Dziwisz — a la familia y a todos los aquí presentes en la oración por el alma del querido Angelo, para que los brazos misericordiosos del Padre Celestial lo acojan en la Jerusalén del cielo, reconociéndole la recompensa de los justos y con gratitud por su fiel servicio a todo el pontificado de Juan Pablo II, realizado con sentido del deber y fidelidad a la Iglesia y a sus Pontífices».
El regreso a casa
Al término del funeral, el féretro de Angelo Gugel será trasladado a Miane, el pueblo de la provincia de Treviso del que era originario, para la misa de réquiem del lunes 19, a la que seguirá el entierro en el cementerio del pueblo trevigiano.
Gracias por haber leído este artículo. Si desea mantenerse actualizado, suscríbase al boletín pulsando aquí