La Sagrada Familia, un mensaje de fe
Paolo Ondarza. - Ciudad del Vaticano
El grabado de Bartolomeo Pinelli, que representa la preparación de un nacimiento navideño, se inspira en la vida cotidiana de la Roma papal del siglo XIX. El artista representa a varios fieles, vistos de espaldas, frente a una capilla, a excepción de una joven que amamanta con cariño a su hijo.
El belén de Aracoeli
La escena evoca inmediatamente el pesebre que se crea cada año en la iglesia de Santa Maria dell'Aracoeli en el Campidoglio, donde se exhibe la estatua de madera del Santo Niño, venerada por romanos y peregrinos de todo el mundo. El grabado es una de las veinticinco láminas creadas entre 1820 y 1821 por Pinelli, que conforman la serie "Costumes Varii", publicada en 1822, con animadas escenas folclóricas.
Bartolomeo Pinelli
Entre los grabadores más populares de la Roma de principios del siglo XIX, Bartolomeo Pinelli es particularmente conocido por sus representaciones de la campiña romana y sus habitantes, así como por sus temas históricos y mitológicos y por las ilustraciones de algunas ediciones decimonónicas de grandes obras literarias, como la Divina comedia de Dante Alighieri (1824-1826), la Jerusalén liberada de Torquato Tasso (1826-1827), Orlando Furioso de Ludovico Ariosto (1828-1829), Los novios de Alessandro Manzoni (1830-1832) –la única ejecutada en litografía–, Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes (1833-1834) y El asno de oro de Apuleyo , iniciada en 1828 pero inacabada debido a la muerte del grabador.
Inicialmente formado por su padre, Giovanni Battista, un modesto escultor de pequeños relieves y figuras de terracota para belenes, Bartolomeo Pinelli continuó sus estudios en Bolonia gracias a la benevolencia del príncipe Giovanni Lambertini, bisnieto de Benedicto XIV. A su regreso a la Ciudad Eterna, asistió a la Academia de San Lucas. Allí se dedicó a la escultura y la pintura, y no fue hasta 1809 que comenzó a experimentar con la técnica del grabado, en la que demostró un lenguaje gráfico lineal orientado a la simplificación del signo, siguiendo los pasos de John Flaxman.
(Juan Pablo II, 29 de diciembre de 1996)
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