El Papa: desde la «Tierra de los fuegos» surge un grito de conversión
Benedetta Capelli – Ciudad del Vaticano
"He venido ante todo a recoger las lágrimas de quienes han perdido a seres queridos, asesinados por la contaminación ambiental provocada por personas y organizaciones sin escrúpulos, que durante demasiado tiempo han podido actuar con impunidad". No son solo palabras las que el Papa León ofrece en la Catedral de Santa María de la Asunción en Acerra. El sucesor de Pedro ha venido a consolar a quienes en la familia luchan contra el dolor de una enfermedad, a quienes sufren la ausencia de un progenitor fallecido demasiado pronto, a quienes lloran a un hijo, una flor cortada en el momento de florecer. Es cercanía, proximidad, pero también una promesa de una visita que el Papa Francisco no ha podido realizar y un estímulo para que se escriba una nueva página en lo que en otro tiempo fue la Campania felix.
El Pontífice llega alrededor de las 8.45 a bordo de un helicóptero que partió a las 7.58 del helipuerto vaticano y aterrizó en el campo deportivo «Arcoleo» de Acerra. Le recibe el obispo de Acerra, monseñor Antonio Di Donna, acompañado de dos niños que ofrecen al Papa León un ramo de flores. También están presentes las instituciones: el presidente de la Región de Campania, Roberto Fico; el alcalde de Nápoles, Gaetano Manfredi; el de Acerra, Tito D’Errico, y el prefecto de Nápoles, Michele Di Bari. Un primer baño de multitudes con los niños, que llevan gorros y camisetas amarillas y lo saludan con calidez. Una escena que se repite a las puertas de la Catedral de Santa María de la Asunción, donde tres madres con sus bebés lo esperan.
Un grito que hay que escuchar
Y en una catedral envuelta en silencio, tras el panorama de la dura realidad esbozado por el obispo de Acerra, monseñor Antonio Di Donna, el Papa evoca la fuerza de Laudato si’, la encíclica que ha sido un gran regalo para la misión de la Iglesia, sobre todo en Acerra.
Conversión para quienes han cometido el mal, pero en las palabras del Papa hay gratitud hacia «quienes han respondido al mal con el bien, especialmente una Iglesia —subraya— que ha sabido atreverse a la denuncia y a la profecía, para reunir al pueblo en la esperanza».
La elección de la responsabilidad
La esperanza de reavivar la vida, de recomponer los huesos en un cuerpo —como en la visión de Ezequiel—, de cambiar el corazón de piedra en carne y de renacer con un espíritu nuevo. Partir del mismo «desconcierto» del profeta para componer un himno a la vida, en el signo de la justicia y la responsabilidad
«¡Señor Dios, tú lo sabes!»
Pero cuidado de no posponerlo a un tiempo «indefinido y lejano», hay que captar —subraya el Papa— las nuevas preguntas que el Señor plantea, relanzar como Iglesia la Palabra de vida porque es Dios quien nos toma de la mano, quien cambia el luto en alegría, quien hace florecer el desierto.
Responder con «resistencia obstinada»
«Todo esto es muy concreto: es una promesa —afirma el Papa— que ya se está haciendo realidad». Es «la promesa permanente» a la que se refiere la Laudato si’ de Francisco, que «florece como una obstinada resistencia de lo que es auténtico»
«Esto —continúa el Pontífice— nos lo enseñó el Concilio Vaticano II, en particular con la Constitución Gaudium et spes». Hay nuevas preguntas a las que el Señor nos pide que respondamos «sobre cómo se vive en nuestros barrios, sobre la disposición a trabajar juntos entre personas e instituciones, sobre nuestra pasión educativa, sobre la honestidad en el trabajo, sobre la distribución equitativa del poder y de las riquezas, sobre el respeto por las personas y por todas las criaturas».
Un fuego que consuela y genera nueva vida
Es cierto, dice el Papa León, que «el milagro no ocurre de una sola vez», como dice Ezequiel, «hay que seguir confiando, seguir escuchando, seguir creyendo». Las decisiones tomadas, el camino eclesial recorrido, el dolor afrontado con los nuevos comienzos, grandes y pequeños, «aún no lo son todo». «Si uno se detiene, retrocede». «Que el Espíritu Santo os conceda ver un “ejército” de paz que se pone en pie y cura las heridas de esta tierra y de sus comunidades».
En vísperas de Pentecostés, el Obispo de Roma invoca un fuego «que reaviva y calienta», no un fuego que destruye; un fuego «que enciende los corazones y las mentes de miles y miles de hombres y mujeres, de niños y ancianos, e inspira cuidado, consuelo, atención, amor verdadero».
Desmontar la cultura de la prepotencia
El Papa León señala el camino a la Iglesia local, «miembros vivos de este pueblo», invitándola a manifestar cada día «la autoridad del servicio, que se rebaja y se acerca, que da el primer paso y perdona».
La espiritualidad de las personas
Las palabras del Papa se convierten en oración al Espíritu para que sople e «inspire nuevas formas de anuncio, de cooperación, de regeneración ambiental y social». León recuerda que existe una espiritualidad de los lugares, pero que lo debe todo a la espiritualidad de las personas. «El cambio del mundo, de hecho, comienza siempre en el corazón».
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