El Papa León en la audiencia de esta mañana con los atletas de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Milán-Cortina 2026 El Papa León en la audiencia de esta mañana con los atletas de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Milán-Cortina 2026  (@Vatican Media)

El Papa: en tiempos de guerra, el deporte promueve la lógica del encuentro

En la audiencia en el Vaticano con los atletas participantes de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Milán-Cortina 2026, León XIV afirma que la filosofía de «ganar sin humillar» y de la derrota «sin perderse a uno mismo» se aplica también a la política y a las relaciones entre los pueblos. Luego advierte sobre la tentación del «rendimiento a toda costa», que puede conducir al dopaje, y sobre la lógica del lucro «que transforma el juego en mercado».

Edoardo Giribaldi – Ciudad del Vaticano

El límite como «lugar de revelación». El deporte se convierte así en un espacio que desafía un mundo marcado por rivalidades que «desembocan en guerras devastadoras», revelando la posibilidad de romper la lógica de la violencia para abrirse a la del encuentro. Un lenguaje universal que enseña a ganar sin humillar y a perder sin perderse a uno mismo. Una enseñanza que trasciende los campos, las canchas y las pistas deportivas, pero que se extiende al ámbito político y a las relaciones entre los pueblos. Así se dirigió el Papa León XIV a los cerca de 240 atletas de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Milán-Cortina 2026, recibidos esta mañana, 9 de abril, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano.

«Un noble mensaje humano, cultural y espiritual»

El Papa comienza dando las gracias al Dicasterio para la Cultura y la Educación y a la asociación polideportiva oficial de la Santa Sede, Athletica Vaticana, que se han encargado de la preparación del encuentro. Aún está vivo el recuerdo del evento que concluyó hace un par de meses y que, según el Pontífice, difundió al mundo, junto con competiciones de «altísimo nivel», también «un noble mensaje humano, cultural y espiritual».

En efecto, el deporte, cuando se vive de manera auténtica, no es solo rendimiento: es un lenguaje, una historia hecha de gestos, esfuerzo, expectativas, caídas y nuevos comienzos.

El Papa con los atletas en la Sala Clementina
El Papa con los atletas en la Sala Clementina   (@VATICAN MEDIA)

«Historias» de sacrificio, disciplina y tenacidad

Las habilidades atléticas no se reducen a meros «cuerpos en movimiento»: el Papa las interpreta como «historias» de sacrificio, disciplina y tenacidad. En particular, las competiciones paralímpicas muestran cómo el límite puede revelar algo nuevo.

No algo que obstaculiza a la persona, sino que puede ser transformado, incluso transfigurado, en nuevas cualidades. Ustedes, los atletas, se han convertido en biografías que inspiran a muchísimas personas.

«Nadie gana solo»

León XIV se detiene luego en la cohesión demostrada durante los Juegos, recordando que «nadie gana solo»: cada victoria involucra no solo al atleta, sino también a las familias, a los equipos, a los entrenamientos intensos, a la presión y a la soledad.

A menudo es precisamente en estos momentos cuando Dios se revela, como canta el salmista: «Has allanado el camino ante mis pasos, mis pies no han vacilado».

«Conocer el propio cuerpo sin idolatrarlo»

Otro componente esencial del deporte, destaca el Pontífice, es una «espiritualidad sólida», una forma «fecunda de educación» que contribuye a la maduración del carácter.

A través del deporte se aprende a conocer el propio cuerpo sin idolatrarlo, a controlar las emociones, a competir sin perder el sentido de la fraternidad, a aceptar la derrota sin desesperación y la victoria sin arrogancia.

El verdadero éxito, la «calidad de las relaciones».

Mente y cuerpo, pues, unidos en una práctica que debe seguir siendo profundamente «humana»: una «escuela» en la que se aprende el verdadero sentido del éxito, hecho de «calidad de las relaciones», «estima recíproca» y «alegría compartida en el juego», no de la «cantidad de premios».

Esta es la «vida en abundancia» de la que habla el Evangelio: una vida llena de sentido, una vida en la que la corporalidad y la interioridad encuentran armonía.

Un concepto que el Papa ya había recordado en la carta escrita con motivo del inicio de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos.

«Romper la lógica de la violencia»

El Papa se refiere luego a la época actual, marcada por polarizaciones y conflictos, en la que la práctica deportiva adquiere un valor aún más relevante: «un verdadero espacio de encuentro» y relación, no «una exhibición de fuerza». Reafirma luego el valor de la «tregua olímpica», que los atletas han hecho concreta y visible como una «profecía para nada retórica»:

Romper la lógica de la violencia para promover la del encuentro.

Los atletas saludan al Papa a su llegada a la Sala Clementina
Los atletas saludan al Papa a su llegada a la Sala Clementina   (@VATICAN MEDIA)

Las «tentaciones» del deporte

Pero toda actuación deportiva conlleva también «tentaciones», señala León XIV. En primer lugar, la de «rendir a toda costa», que puede conducir a prácticas de dopaje. Luego está la del lucro, que subvierte el juego a la lógica del mercado y transforma «al deportista en una estrella». Pero también la «espectacularización», que reduce «al atleta a una imagen o a un número».

«Laboratorio de humanidad reconciliada»

Ante todo esto, los deportistas están llamados a ser testigos: competir sin odiarse, vencer sin humillar, perder sin perderse.

Y esto vale también más allá del deporte. Vale en la vida social, en la política, en las relaciones entre los pueblos. Porque el deporte, si se vive bien, se convierte en un laboratorio de humanidad reconciliada, donde la diversidad no es una amenaza, sino una riqueza.

«Dar lo mejor de nosotros mismos, juntos»

Una parte del discurso del Pontífice se dedica también a la relación entre el deporte, la naturaleza y los «grandes desafíos climáticos», que nos recuerdan el deber de cuidar de nuestra casa común. El Papa se detiene luego en la Cruz de los Deportistas presente en la Sala, que desde los Juegos de Londres 2012 hasta los de Milán-Cortina recoge «las oraciones, las expectativas, las esperanzas, los temores y los sufrimientos de hombres y mujeres de todas las edades».

Ante este signo supremo y esencial de dedicación, renovamos el deseo de dar lo mejor de nosotros, juntos, en cada actividad.

«Que la persona siga siendo el centro del deporte»

León XIV concluye citando las palabras de San Juan Pablo II con motivo del Jubileo de los deportistas del año 2000, deseando que Jesucristo, el «verdadero atleta de Dios», inspire a cada deportista a afrontar desafíos cada vez más virtuosos y le dé la fuerza para vivirlos con pasión.

Mientras los acompaño con mi bendición, les encomiendo una misión: seguir velando para que la persona siga siendo el centro del deporte en todas sus expresiones.

Las intervenciones de los presidentes del CONI y del CIP

Antes del discurso del Papa, tomó la palabra el presidente del Comité Olímpico Nacional Italiano (CONI), Luciano Bonfiglio, quien destacó el compromiso de cada atleta con la promoción de los valores del deporte, «que son los valores de la vida» y que, según señaló, el Papa menciona a menudo en sus mensajes. A su saludo le siguió el del presidente del Comité Paralímpico Italiano (CIP), Marco Giunio De Sanctis, quien destacó la cercanía del movimiento deportivo a la Iglesia católica, resaltando sus valores de respeto, juego limpio e inclusión, con especial atención al mundo paralímpico. Entre los atletas presentes en la Sala Clementina se encontraban la esquiadora alpina Federica Brignone, campeona en supergigante y eslalon gigante, y la patinadora Francesca Lollobrigida, también doble medallista de oro en los últimos Juegos Olímpicos. Al término de la audiencia, el presidente de la Fundación Milano Cortina 2026 entregó al Pontífice la antorcha olímpica.

 

 

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09 abril 2026, 12:01