Ante el Papa para proteger el futuro de los niños ucranianos
Fabrizio Peloni - Ciudad del Vaticano
«Estamos aquí para pedir al Papa que siga invocando la paz y rezando por nuestra tierra martirizada». Así explica Natalia Fedorchuk el motivo de su presencia y la de otras compatriotas del Movimiento femenino ucraniano «Por los valores de la familia» en la audiencia general del 28 de enero. Natalia es la responsable y creadora del movimiento, activo desde 2019 en Ucrania, al que pertenecen más de 3000 mujeres. En los últimos cuatro años, es decir, desde el inicio de la invasión rusa, «promovemos iniciativas solidarias y jornadas interconfesionales —explica— en nombre de los valores de la familia, valores fundamentales de una sociedad viva, proporcionando asistencia a las mujeres, las madres y los niños, así como ayuda espiritual y psicosocial a quienes han sufrido pérdidas y traumas a causa de la guerra».
El regalo del Movimiento femenino ucraniano al Papa
El año pasado, por ejemplo, durante la Semana Santa, cientos de mujeres de Kiev promovieron un memorable Vía Crucis cerca de la histórica catedral de Santa Sofía. En el pasado han organizado subastas benéficas «cuyos ingresos se han destinado a apoyar a los jóvenes que representan nuestro futuro», añade Fedorchuk, cuyo compromiso se proyecta también «hacia los niños que aún no han nacido, que vendrán a este mundo en tiempos de guerra, para que mantengan la fe en el bien, porque es fundamental transmitirles la fe en el bien». En estos días, las mujeres están en Roma para reforzar «el lado espiritual de nuestra actividad», concluyó.
Una carta para el Papa
Los más de setenta niños de las escuelas de Legnano y Cislago del Instituto Tirinnanzi tampoco podían esperar a escuchar la voz del Papa. Con sus gorras amarillas le entregaron una carta única en la que algunos escribieron una pregunta, otros una esperanza y otros una oración. Repiten una tradición que el Instituto lleva a cabo desde hace unos 30 años, la de la visita a Roma para los alumnos de quinto de primaria. «El Tirinnanzi está gestionado por una cooperativa de padres y maestros, compartimos con las familias la apasionante aventura educativa que tiene como origen y fin el bien del alumno. Y por eso estamos en Roma, para conocer la historia de la ciudad y las raíces del cristianismo», cuenta la maestra Letizia, recordando luego la excursión de 2005 «cuando fuimos al Policlínico Gemelli, donde estaba ingresado San Juan Pablo II, y nos saludó con un gesto desde la ventana».
La voz del Papa en lengua de señas
Natalia y Corneli, por su parte, son con sus manos la voz del Papa. Sí, así es. Lo afirman con gran convicción. Muy jóvenes —ella originaria de Wisconsin y él de España—, durante todo el Jubileo, y aún ahora, traducen a la lengua de señas (en español) los discursos y homilías del Pontífice, haciendo llegar a todos los sordos también sus meditaciones marianas. Les acompaña su formador, Xavier Pagès Castañer, un sacerdote que se ocupa en Barcelona de la pastoral de las personas con discapacidad y, en particular, del lenguaje de señas para personas con discapacidad auditiva desde hace más de 30 años.
Desde Brasil, el Coro y la Orquesta de la Camerata antiqua de Curitiba
Antes de la llegada de León XIV, el Coro y la Orquesta de la Camerata antiqua de Curitiba, dirigidos en esta ocasión por Mara Campos, alegraron a los presentes en el Aula. Fundado en 1974, el conjunto brasileño se encuentra en Roma con motivo del 200 aniversario de las relaciones diplomáticas entre el país latinoamericano y la Santa Sede.
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