Tailandia, la ayuda de la Iglesia al pueblo invisible de los trabajadores del mar

En este país del sudeste asiático, la mitad de las personas que pasan casi toda su vida entre las olas y las redes de pesca son migrantes. Sobre estos hombres y mujeres, a menudo ignorados por la sociedad, se ciernen las sombras del trabajo forzoso, la violencia y las injusticias salariales. Apinya Tajit, subdirectora nacional de Stella Maris, la organización con la que la Iglesia local apoya a los marineros y sus familias: «Protegerlos no es solo una obligación legal, sino también moral».

Federico Piana - Ciudad del Vaticano

En Tailandia, los invisibles se encuentran en medio del mar. Un pueblo de más de 80.000 personas cuya existencia, muy a menudo, la sociedad civil ignora. Pero, sin saberlo, aprecia sus frutos cuando decide comprar el Red snapper, el pargo rojo o la chitala ornata. Sin el duro y desconocido trabajo de los operarios de la industria pesquera empleados en los barcos pesqueros, esos peces no llegarían a las mesas de la gente y el sistema alimentario mundial entraría en una peligrosa crisis.

Condiciones de explotación

En el fondo, quienes disfrutan cocinando sabrosas sopas tailandesas desconocen que el salmonete o el rape necesarios para la receta cuestan mucho más que el precio del supermercado. No saben que en todo el sudeste asiático uno de cada cinco trabajadores del sector pesquero está expuesto a condiciones que pueden considerarse de explotación, a veces de abuso total. Y, como confirma una reciente investigación de la Organización Internacional del Trabajo, aún hoy «estos graves abusos siguen siendo habituales: falta de claridad contractual, retención de documentos de identidad, robo de salarios, violencia, acoso y trabajo forzoso».

Los migrantes en primera línea

En Tailandia, como en el resto del sudeste asiático, la mitad de las personas que pasan casi toda su vida perdidas entre las olas del mar y las redes de pesca son migrantes. «La mayoría de ellos proceden de países vecinos, en particular Myanmar, Camboya y Laos», explica a los medios de comunicación vaticanos Apinya Tajit, vicedirectora nacional de Stella Maris, la organización católica con la que la Iglesia local apoya a los marineros y sus familias.

Trabajo agotador

Las largas jornadas laborales y el gran esfuerzo físico que requieren, los riesgos para la seguridad, las barreras lingüísticas, el conocimiento limitado de sus derechos, el aislamiento de sus familias y de la sociedad, y el acceso limitado a la asistencia sanitaria y a los servicios sociales son solo algunos de los problemas críticos que aún no se han resuelto. «El Gobierno tailandés —explica Tajit— ha reforzado los marcos jurídicos, potenciado los sistemas de inspección, implementado el mecanismo de control e introducido tecnologías de seguimiento de embarcaciones. Además, la cooperación con organizaciones internacionales ha reforzado aún más la responsabilidad y la transparencia».

Puntos débiles

La investigación de la Organización Internacional del Trabajo pone de relieve que un punto débil son los salarios de los migrantes: en comparación con la media de todo el sudeste asiático, donde el salario mensual asciende a 660 dólares, en Tailandia se ganan 330, exactamente la mitad. «En general —se lee en el texto— en el sector pesquero persisten prácticas salariales tradicionales que aumentan la probabilidad de abusos, entre ellas el adelanto de pagos, el pago de salarios en efectivo, la retención de salarios para pagar deudas y la determinación de los salarios en base a una cuota de la pesca». Sin embargo, en respuesta a estos grandes retos, en los últimos años el Gobierno tailandés ha realizado un enorme esfuerzo para mejorar la protección de los derechos y el cumplimiento de las obligaciones.

Compromiso moral

«Proteger a los trabajadores pesqueros no es solo una obligación legal, sino también moral», advierte Tajit, según la cual «la cooperación continua entre las autoridades gubernamentales, las organizaciones internacionales, la sociedad civil y los grupos religiosos como Stella Maris es fundamental para garantizar que los avances sean sostenibles y que los trabajadores sean tratados con equidad y dignidad». Pero sin duda no es suficiente. La gente de los barcos pesqueros necesita sobre todo ser considerada, escuchada. «De nuestra experiencia en Stella Maris he aprendido que una de las formas más significativas de apoyo es simplemente la presencia atenta. Cuando alguien escucha y afirma que sus dificultades y su dignidad son importantes, puede devolverles la esperanza. El contacto humano es esencial para estos hombres y mujeres que a menudo se sienten invisibles».

Asistencia integral

El compromiso de Tajit y los colaboradores de su organización es visitar los puertos y reunirse con los pescadores, ofrecer asistencia pastoral, facilitar la comunicación de los marineros con sus familias y proporcionar asistencia humanitaria y de emergencia. La subdirectora de Stella Maris aún tiene grabada en su mente la mirada de felicidad de un inmigrante de Myanmar al que ayudaron a ponerse en contacto con su madre después de pasar varios meses en el mar sin poder escuchar su voz: «El mar siempre ha sido un lugar donde se encuentran la vulnerabilidad y la esperanza. Desde los pescadores del Evangelio hasta los marineros y trabajadores pesqueros de hoy, la Iglesia sigue acompañando a quienes viven y trabajan en el mar».

 

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06 marzo 2026, 17:15