Barham Salih, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados Barham Salih, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados

ACNUR: el Papa, un socio importante en la asistencia a los refugiados

Barham Salih, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, habló con Vatican News sobre su encuentro con el Papa León XIV y sobre los desafíos que enfrenta la organización para asistir a los refugiados en todo el mundo.

Isabella H. de Carvalho - Ciudad del Vaticano

La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) informó que, a mediados de 2025, 117,3 millones de personas en el mundo se habían visto obligadas a huir de sus hogares a causa de conflictos, violencia, persecución u otros acontecimientos, entre ellas casi 42,5 millones de refugiados.

El Papa León XIV —al igual que sus predecesores— ha expresado reiteradamente la preocupación de la Iglesia por los migrantes y refugiados, e ha instado al mundo a no permanecer pasivo ante esta realidad.

El lunes 26 de enero de 2026, el Papa se reunió en el Vaticano con Barham Salih, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados y expresidente de Irak entre 2018 y 2022. El señor Salih vivió él mismo la experiencia del exilio como refugiado y asumió este nuevo cargo en ACNUR el 1 de enero de 2026.

En una entrevista con Vatican News, el Alto Comisionado habló sobre su encuentro con el papa León XIV y explicó los distintos desafíos que enfrenta hoy ACNUR, en un contexto en el que muchos refugiados permanecen atrapados en situaciones de desplazamiento y las organizaciones humanitarias operan con recursos cada vez más limitados.


¿Cómo fue su encuentro esta mañana con el Papa León XIV?

Fue verdaderamente un gran honor reunirme con Su Santidad. Tenía mucho interés en mantener esta audiencia al inicio de mi mandato. Llevo menos de cuatro semanas como Alto Comisionado para los Refugiados, así que fue una excelente oportunidad para hablar con él sobre la difícil situación de los refugiados.

Agradezco profundamente su apoyo constante a los refugiados de todo el mundo, y su autoridad moral es realmente significativa. Su respaldo a la labor que realizamos en ACNUR es absolutamente fundamental. Subrayamos la necesidad de fortalecer nuestra alianza con la Iglesia y con las organizaciones basadas en la fe para cumplir con nuestro mandato de ayudar a los refugiados en todo el mundo.

La voz del Papa y su autoridad moral tienen un peso decisivo. Consideramos esta relación como una asociación y un activo muy importante en nuestro trabajo para asistir a los refugiados a nivel global.

Asumió el cargo el 1 de enero. ¿Cuáles son las prioridades de su mandato?

Asumo esta responsabilidad en un momento de enormes desafíos: niveles de desplazamiento sin precedentes, un espacio humanitario cada vez más reducido y recursos limitados frente a la magnitud del problema.

Mi prioridad será reforzar la labor de incidencia para movilizar más recursos destinados a atender las necesidades de la población refugiada en todo el mundo, pero al mismo tiempo cumplir plenamente con nuestro mandato. Esto implica brindar protección a los refugiados, ofrecer asistencia de emergencia que salve vidas a quienes se encuentran en situaciones desesperadas y, además, trabajar intensamente en soluciones duraderas.

No es aceptable que tantos refugiados estén condenados a situaciones de desplazamiento prolongado durante cinco años o más, a veces incluso una o dos décadas. Muchas de estas personas permanecen atrapadas en campamentos, dependientes de la ayuda humanitaria internacional. Debemos ir más allá de eso y avanzar hacia soluciones más inclusivas y sostenibles.

La semana pasada estuve en Chad y Kenia, donde conocí a refugiados que llevan viviendo en esas comunidades desde hace unos 25 años, desde 2003, mientras otros llegaban literalmente el día anterior. Esto demuestra claramente que debemos hacer mucho más por quienes viven en desplazamientos prolongados.

ACNUR no puede hacerlo solo. Se requiere un esfuerzo colectivo con otras agencias de la ONU, los países de acogida, la comunidad internacional y los bancos de desarrollo. De ese modo, podemos crear condiciones que permitan a los países anfitriones acoger a los refugiados e integrarlos en la vida nacional como contribuyentes activos, y no solo como personas dependientes de la ayuda humanitaria.

Países como Kenia, Etiopía, Uganda y Chad están adoptando políticas más inclusivas, permitiendo a los refugiados acceder a los sistemas nacionales de salud, educación, mercado laboral, servicios legales y financieros.

Esto debe ser respaldado con ayuda al desarrollo, de modo que beneficie también a los países anfitriones y permita a los refugiados construir una vida más allá de los campamentos. Al final del día, los refugiados no son solo cifras.

Son personas con capacidad de actuar. Merecen dignidad. Merecen protección.


¿Cómo está respondiendo ACNUR a las emergencias actuales en el mundo, considerando los drásticos recortes de financiación recientes, principalmente debido a la reducción de la ayuda de Estados Unidos? ¿Qué impacto tendrá esto en los próximos meses?

Estados Unidos ha asignado recientemente 2.000 millones de dólares al fondo común de las Naciones Unidas gestionado junto con la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA). Esto es bienvenido y esperamos que llegue más asistencia por esta vía.

Sin embargo, dada la magnitud del problema, los recursos disponibles siguen siendo muy limitados. Necesitamos impulsar una campaña de incidencia mucho más activa para movilizar más fondos. Al fin y al cabo, ayudar a los refugiados es una responsabilidad colectiva internacional. Si miras los números, son realmente abrumadores y las necesidades son reales, así que necesitamos más recursos, no hay duda al respecto.

Al mismo tiempo, debemos adaptarnos mejor, fortalecer nuestra agenda de reformas y generar mayores eficiencias en el sistema, para garantizar que la ayuda llegue realmente a quienes la necesitan.

Ya estamos trabajando —junto con otras agencias de la ONU— en iniciativas de reforma y eficiencia para lograr que el sistema de ayuda internacional sea mucho más ágil y rentable.

El número de refugiados y desplazados sigue aumentando y alcanza cifras récord, impulsado por conflictos, violaciones de derechos humanos y crisis climáticas. Es una tendencia creciente que parece imparable… ¿Cuáles son las cuestiones más urgentes para ACNUR en este momento?

Si se observan los países vecinos de Sudán y el flujo de refugiados que reciben, la urgencia es evidente. Lo mismo ocurre con la situación en la República Democrática del Congo.

Si hablamos de Venezuela y de la dinámica allí, también es una situación urgente. O si miramos a los rohingyas, muchos de los cuales llevan casi dos décadas atrapados en campamentos. Todo ello constituye, sin duda, necesidades urgentes. Es muy difícil señalar un solo lugar donde se concentre la urgencia.

Mientras atendemos las necesidades diarias de las personas, la asistencia humanitaria también debe enfocarse en abrir caminos hacia soluciones duraderas.

Debemos trabajar intensamente para encontrar soluciones sostenibles que permitan a estas comunidades de refugiados integrarse en la vida nacional y alcanzar la autosuficiencia, siempre respetando sus derechos humanos fundamentales, su protección y su dignidad, y al mismo tiempo contribuyendo positivamente a los países que hoy los acogen.


¿Qué es lo que más le preocupa en su función actual?

La falta de recursos es un problema central. Cada nueva crisis exige aún más de nuestros recursos, y las crisis son numerosas en todo el mundo.

En este contexto, es fundamental que la comunidad internacional haga más para prevenir la escalada de los conflictos, contenerlos y resolverlos. La crisis del desplazamiento tiene una solución de fondo: la paz, y que las personas puedan elegir regresar a sus hogares con seguridad y dignidad.

¿Qué llamado le gustaría hacer a la comunidad internacional?

Es nuestra responsabilidad legal, como comunidad internacional, proteger y asistir a las personas que lo necesitan. También debemos ayudar a ofrecer soluciones duraderas a quienes han sido desplazados. Esta es una obligación legal, un deber moral y una expresión de nuestra humanidad compartida. Es lo correcto, moralmente y en todos los sentidos.

Habló antes de la importancia de las alianzas con la Iglesia y las organizaciones basadas en la fe. ¿Cómo pueden ayudar las entidades religiosas a ACNUR?

Las organizaciones religiosas y de la Iglesia han estado presentes desde el inicio, ayudando activamente. Puedo dar fe, por experiencia personal, de la labor fundamental que realizan y de la valiosa colaboración que mantienen con las Naciones Unidas.

Mi deseo es que también podamos trabajar mucho más con otras confesiones religiosas y fortalecer una filantropía interreligiosa que, unida, dé testimonio de los valores esenciales de nuestras creencias: la humanidad y la ayuda al prójimo que más lo necesita.

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27 enero 2026, 12:10