2025.12.29 anno nuovo non usare

Felicitaciones, calendarios y rituales de Año Nuevo en la antigüedad

En el período de las felicitaciones de Año Nuevo, una mirada al mundo romano revela que las expresiones de buenos deseos eran ya un acto ritual. Saludos, paz, buena fortuna y palabras auspiciosas marcaban el cambio de año, entrelazando el calendario, el poder y la vida cotidiana. Marc Mayer Olivé nos guía en este recorrido a través de la filología, la epigrafía y las prácticas festivas

Maria Milvia Morciano - Ciudad del Vaticano

En el mundo romano, el paso de un año al siguiente no coincidía automáticamente con el 1 de enero. Como explica el profesor  Marc Mayer Olivé, docente emérito de la Universidad de Barcelona, ​​“el día de Año Nuevo depende del cambio de calendario introducido en la época cesariana”. Antes de la reforma por voluntad de Julio César, el calendario romano estaba sujeto a continuas manipulaciones: el sistema de años intercalares, gestionado por las autoridades políticas, había producido -observa el erudito- “auténticas aberraciones”, no solo a nivel estacional sino también institucional. El tiempo podía alargarse o acortarse según conviniera: “Con amigos, el año duraba un poco más; con enemigos, mucho menos”. La reforma juliana tuvo el mérito de “despolitizar el calendario”, devolviendo coherencia y estabilidad al año civil.

Jano y el tiempo del umbral

El primer día del año caía simbólicamente bajo el signo de Jano, la deidad bifronte que encarna el umbral. Es, como sintetiza Mayer, “el momento en que se puede mirar hacia atrás y hacia adelante”. Un tiempo de transición, balance y expectativa, que en el mundo romano se expresaba sobre todo a través de las palabras. No se trataba de fórmulas ornamentales, sino de actos lingüísticos dotados de eficacia simbólica.

Busto de Jano Bifrons, ©Museos Vaticanos, Ciudad del Vaticano
Busto de Jano Bifrons, ©Museos Vaticanos, Ciudad del Vaticano

Ave, vale, salve: desear el bien

El léxico del saludo lo demuestra con particular claridad. “Ave” es la fórmula más comúnmente atestiguada y, como enfatiza Mayer, “no es un simple saludo, sino un deseo”. El término se remonta tanto al griego “chaire” como al verbo latino “avere”, que en la época arcaica expresaba un deseo de bienestar. “En el fondo, decir ‘ave’ -explica- significa decir: que estés bien”. El saludo romano por excelencia es, por lo tanto, un deseo de salud, un legado que se extiende a lo largo de los siglos y llega hasta la tradición cristiana del Ave María.

Vale”, reservado para el momento de la separación e interpretable como “que estés bien, que tengas buena salud”, sigue la misma lógica . La yuxtaposición de “ave” y “vale” también tiene un uso significativo en el ámbito funerario. Para los romanos, era importante que los transeúntes saludaran al difunto leyendo en voz alta el nombre grabado en el epígrafe. En una cultura donde la lectura siempre se realizaba vocalmente, pronunciar ese nombre significaba reactivarlo en el presente. Como observa Mayer, “el nombre cobraba vida en el momento de ser pronunciado". El “vale” final sellaba así un intercambio simbólico entre vivos y muertos.

Hoy como ayer

Esta estructura auspiciosa también impregna el lenguaje cotidiano. “Salve”, literalmente “que estés bien de salud”, muestra cómo incluso la relaciones más elementales se construían como un intercambio de buenos deseos. Esta continuidad es evidente en expresiones que aún perduran, como “ad maiora” o “ad multos annos”, que conservan intacta la función auspiciosa del latín.

En este marco se sitúa la expresión recordada por Tibulo: “Dicamus bona verba, venit Natalis ad aras”,  “Digamos buenas palabras/de buenos deseos, la Navidad se acerca a los altares”. Como aclara Mayer, “lo auspicioso no es solo la celebración, sino el acto mismo de decir buenas palabras”. El latín “Natalis” no se refiere a la Navidad cristiana, sino a una celebración pagana, probablemente relacionada con las “Saturnalia”, en la que posteriormente se insertaría la tradición cristiana. Lo que cuenta es el acto lingüístico: decir el bien equivale a producirlo.

Pax: el deseo más elevado

Entre los buenos deseos, el de paz ocupa un lugar central. La “Pax” Romana es luminosa y beneficiosa: “et nomen pacis dulce est”, escribe Cicerón, enfatizando la dulzura de su nombre. Silio Itálico la define como “optima rerum”, “lo más bello de todo”. No se trata de un deseo ingenuo, sino de un principio político y moral. “La paz -observa el erudito- es el deseo más importante”, porque es fruto de la justicia y se confía a la responsabilidad del poder. No es casualidad que el deseo de “bonum” aparezca a menudo en los epígrafes del periodo imperial tardío, relacionado con la figura del emperador como garante de la paz.

Fortuna, felicitas, faustum

Junto a la paz, emerge el tema de la fortuna. Los saludos más comunes, como “quod bonum felix faustum sit”, expresan la idea de que el bien debe ser a la vez feliz, fructífero y propicio. En algunas variantes, la fortuna aparece explícitamente: “Para los romanos -recuerda el profesor-, el bien solo se alcanza si la fortuna lo permite”. Este es un elemento esencial de la mentalidad pagana, destinado a coexistir durante mucho tiempo con la reflexión ética y religiosa.

Imágenes de "Lámparas sepulcrales antiguas, recopiladas e ilustradas" en el libro de 1691 de Pietro Santi Bartoli y Giovanni Pietro Bellori
Imágenes de "Lámparas sepulcrales antiguas, recopiladas e ilustradas" en el libro de 1691 de Pietro Santi Bartoli y Giovanni Pietro Bellori

Lámparas auspiciosas

Estas expresiones no se limitan al ámbito ritual u oficial, sino que también aparecen en objetos de uso cotidiano. Las lámparas de aceite, observa Mayer, son “quizás el primer instrumento que conocemos bien para comprender cómo se expresaban buenos deseos”. La fórmula “annum novum faustum felicem” aparece a menudo en ellas, a veces acompañada de la imagen de la Fortuna sosteniendo un “clipeus”, un escudo. Objetos comunes, destinados a la circulación doméstica, se convierten así en vehículos de auspicios.

Rituales y regalos

En cuanto a los rituales de Año Nuevo, la documentación es fragmentaria, pero la conexión con las “Saturnalia” es evidente. El intercambio de regalos, descrito por Marcial en los libros de las “Apophoreta” y las “Xenia”, transmite la imagen de una fiesta compuesta por pequeños regalos, a menudo modestos: comida, objetos de uso cotidiano, a veces alimentos sencillos. “Se podían incluso regalar dos coles”, recuerda Mayer, o, en una versión más refinada, “dos stili, es decir, dos plumas”. Junto a estos obsequios básicos, también aparecen los libros, objetos de gran valor en el mundo antiguo, reservados para unos pocos. “Un libro -subraya Mayer- no era un regalo para todos”, ya que requería un importante capital cultural y material. Incluso el término “strena”, u obsequio, aún en uso, tiene sus raíces en el latín y se refiere a estas pequeñas ofrendas, a veces compuestas únicamente por palabras.

Buenas palabras

Lo que emerge es una imagen del antiguo Año Nuevo, alejada de cualquier énfasis ideológico: un tiempo límite ligado a los ciclos de la naturaleza, a la fortuna y a la paz, marcado por gestos sencillos y fórmulas ricas en significado. Decir “buenas palabras” no era una floritura retórica, sino un acto eficaz, capaz de forjar vínculos, amistades y dar forma al tiempo que comenzaba.

Gracias por haber leído este artículo. Si desea mantenerse actualizado, suscríbase al boletín pulsando aquí

02 enero 2026, 11:48