Barbara Krafft, Retrato póstumo de Wolfgang Amadeus Mozart (1861) encargado por Joseph Sonnleithner para la Gesellschaft der Musikfreunde (Sociedad de Amigos de la Música) de Viena Barbara Krafft, Retrato póstumo de Wolfgang Amadeus Mozart (1861) encargado por Joseph Sonnleithner para la Gesellschaft der Musikfreunde (Sociedad de Amigos de la Música) de Viena

El grande Wolfgang, nuestro brillante amigo

Hoy, 27 de enero, se conmemora el 270 aniversario del nacimiento de Mozart. Un genio por excelencia. Una oportunidad para preguntarnos por qué se le puede llamar así y en qué condiciones pudo desarrollar su pensamiento musical.

Marco Di Battista - Ciudad del Vaticano

El mejor. El más grande. Es fácil exagerar al recordar aquel 27 de enero de 1756, 270 años después del nacimiento de Wolfgang Amadeus Mozart. Críticos y musicólogos como Alfred Einstein, Hermann Abert, Carl Dahlhaus y Massimo Mila lo han descrito como el músico "más perfecto" de la historia. Sin embargo, para celebrar verdaderamente este aniversario, debemos mirar más allá de la retórica y la pátina dorada de los mitos decimonónicos o cinematográficos al estilo de Amadeus.

Cabe preguntarse: ¿por qué lo consideramos un genio? La grandeza de Mozart no reside en un inexplicable don divino ni en la mera facilidad con la que escribía, sino en una capacidad incomparable de absorción y síntesis intelectual. El Mozart que definió el canon occidental no nació por arte de magia en 1756, sino que renació conscientemente en Viena a principios de la década de 1780, transformando el instinto en una sofisticada ciencia constructiva.

El punto de inflexión de Viena y la sombra de Bach

La musicología ha identificado un momento decisivo: su encuentro entre 1781 y 1782 con el barón Gottfried van Swieten. Hasta entonces, defensor del estilo galante —compuesto por melodías cantables y simetrías tranquilizadoras— en casa del barón, Mozart descubrió el «Antiguo Testamento» de la música: las partituras de Johann Sebastian Bach y Friedrich Händel. Fue un choque cultural. Mozart comprendió que la facilidad melódica ya no era suficiente; debía aprender a pensar contrapuntísticamente. Las cartas de este período dan testimonio de un estudio febril. Mozart transcribe, deconstruye y reelabora, atravesando una prolífica crisis estilística que dio lugar a obras como la Gran Misa en Do Menor. El resultado final es el nacimiento del «compositor supremo»: una esponja omnívora que fusiona la gracia italiana (el «dulcedo», como lo llamó Nino Pirrotta) con la complejidad polifónica de Bach. La culminación se encuentra en el final del Júpiter, donde la forma sonata se convierte en una fuga de cinco sujetos, o en el rigor del Réquiem. El contrapunto deja de ser una herramienta obsoleta para convertirse en un motor dramático.

Partitura manuscrita original del primer movimiento del Cuarteto de cuerdas n.º 19 en do mayor de Wolfgang Amadeus Mozart, también conocido como "Las disonancias".
Partitura manuscrita original del primer movimiento del Cuarteto de cuerdas n.º 19 en do mayor de Wolfgang Amadeus Mozart, también conocido como "Las disonancias".

La punta de lanza de una gran civilización musical

En resumen, Mozart es un genio porque no rechaza el pasado, sino que lo absorbe y logra transformarlo en algo personal y universal. Como un alquimista, toma la iniciativa de la vieja escuela y la transmuta en el oro del clasicismo vienés. Su música es un palimpsesto donde las voces de maestros anteriores se subliman en una sutil interacción entre la historia y el futuro. Sin embargo, venerarlo como una deidad aislada es producto de nuestra falta de memoria. A menudo olvidamos el rico contexto en el que trabajó: compositores como, por nombrar solo algunos, Johann Christian Bach, Domenico Cimarosa, Giovanni Paisiello o Antonio Salieri, quienes gozaron de igual fama en su época. La historia ha simplificado drásticamente, eligiendo a un héroe y condenando a sus colegas al olvido, o casi al olvido. Considerar a Mozart un genio es correcto, pero no es una flor nacida en el desierto; más bien, es la punta de lanza de una civilización musical extraordinariamente vibrante y compleja, que merece ser comprendida y explorada.

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27 enero 2026, 13:49