América Latina, historia de intervenciones militares estadounidenses
Roberto Paglialonga - Ciudad del Vaticano
La historia de las incursiones de Estados Unidos en el Centro y Sudamérica no comienza, desde luego, con Venezuela. A lo largo del siglo XX se han llevado a cabo numerosas operaciones militares directas o «encubiertas» a través de los servicios de inteligencia. Sin embargo, resulta significativo que la última vez que las tropas de Washington intervinieron para derrocar a un dictador, también acusado de tráfico de drogas y violación de los derechos humanos —en aquel caso, el general Manuel Noriega en Panamá—, fuera en diciembre de 1989, tras la caída del Muro de Berlín y mientras las brasas de la Guerra Fría se iban apagando poco a poco.
Las guerras bananeras
En la base de estas intervenciones se encontraba la «doctrina Monroe». Teorizada por el quinto presidente de los Estados Unidos, James Monroe, en 1823, preveía el rechazo de cualquier injerencia en los asuntos políticos de América por parte de potencias extranjeras; en 1904, con Theodore Roosevelt, se amplió con un corolario, que tomó su nombre, según el cual Washington reivindicaba el derecho de intervenir en los países de América Latina para proteger sus intereses y mantener la estabilidad y el orden, convirtiendo de hecho a esa región en su «patio de casa». Así, a principios del siglo XX, se produjeron varias incursiones de las tropas estadounidenses en Honduras, donde la United Fruit Company y la Standard Fruit Company dominaban la exportación de plátanos, para apoyar los intereses estadounidenses. En 1912, en cambio, se produjo la ocupación de Nicaragua, con la creación de una especie de protectorado gestionado por Washington. El objetivo: impedir la construcción de un canal que pudiera poner en dificultades la Zona del Canal de Panamá, controlada por Estados Unidos.
El golpe de Estado en Guatemala
Tras el periodo de «tregua» debido a la «política de buena vecindad» con América Latina, promovida por Franklin Delano Roosevelt a partir de 1933, con el inicio de la Guerra Fría se llegó al derrocamiento, en 1954, del presidente democráticamente elegido, Jacobo Árbenz Guzmán, en Guatemala. Depuesto con el empleo de mercenarios y guerrilleros apoyados por la CIA en una operación rebautizada como «PBSuccess», tras la aprobación de una reforma agraria que afectaba a los intereses de la United Fruit Company (hoy Chiquita Brands), fue sustituido por una junta militar liderada por Carlos Castillo Armas. A esto le siguieron 30 años de sangrienta guerra civil. El papel de los 007 estadounidenses en el golpe de Estado fue reconocido en 2003, en nombre de la lucha contra el comunismo (en aquel entonces, Guatemala compraba armas a los países del bloque comunista, en particular a Checoslovaquia).
La Bahía de Cochinos
En 1961, la tristemente célebre y igualmente fallida «invasión de la Bahía de Cochinos», respaldada por John F. Kennedy. Militares y exiliados anticastristas entrenados por la CIA intentaron derrocar el régimen de Fidel Castro desembarcando en la isla de Cuba, pero fueron derrotados por el ejército de La Habana, apoyado por las naciones del bloque soviético. El acontecimiento fue el preludio de la llamada «crisis de los misiles» del mes de octubre siguiente. También a principios de los años sesenta, la desestabilización de Brasil que condujo a la caída de João Goulart (1964) y, tras la destitución del presidente electo Juan Bosch tras solo siete meses en el cargo, la invasión de la República Dominicana con la operación «Power Back», para impedir, desde el punto de vista de Estados Unidos, que la isla se convirtiera en una «segunda Cuba» (1965).
El Chile de Allende
Si los años setenta y ochenta están vinculados a la llamada «Operación Cóndor» —una coordinación entre las dictaduras militares de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, respaldada por los servicios de inteligencia estadounidenses, cuyo objetivo era eliminar a los disidentes, opositores o simples simpatizantes de las ideologías de izquierda—, uno de los casos más notorios de cambio de régimen se produjo en 1973 en Chile. El presidente socialista Salvador Allende, elegido democráticamente, fue derrocado por un golpe de Estado promovido por la CIA y posteriormente asesinado. En su lugar, asumió el poder la junta militar de Augusto Pinochet, protagonista de un régimen sanguinario. Según un informe de la Comisión Nacional para la Verdad y la Reconciliación, en los 17 años de poder se contabilizaron oficialmente más de 3500 muertos (entre asesinados o ejecutados y desapariciones forzadas, los llamados desaparecidos), así como más de 30 000 víctimas de tortura y presos políticos. A estas se sumaron cientos de miles de internados, exiliados o detenciones arbitrarias. Cifras que algunos consideran en general mucho más elevadas.
El apoyo a los Contras y los consejeros militares en El Salvador
Preocupados por la alineación de Nicaragua con Cuba y la URSS, entre 1982 y 1989 Estados Unidos apoyó en secreto a los «Contras», contrarrevolucionarios nicaragüenses, financiados en parte por la venta ilegal de armas a Irán, con el objetivo de desestabilizar al gobierno sandinista de inspiración marxista. En El Salvador, por su parte, se enviaron asesores militares para ayudar a sofocar las rebeliones del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, de extrema izquierda. Esto dio lugar a una guerra civil que duró de 1980 a 1992 y causó la muerte de más de 70 000 personas.
La invasión de Granada
En 1983, los marines y rangers estadounidenses intervinieron en la isla de Granada tras el asesinato del primer ministro, Maurice Bishop, por parte de una junta de extrema izquierda, en la operación «Urgent Fury». La motivación oficial era proteger a un millar de ciudadanos estadounidenses, pero en realidad el objetivo era combatir el régimen militar prosoviético de Hudson Austin. En 1989, antes de Venezuela, tuvo lugar el ya mencionado ataque relámpago a Panamá, bajo la égida de George Bush padre, con la operación «Just Cause».
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