El alivio de la deuda, un compromiso en gran medida incumplido
Riccardo Moro
«Si verdaderamente queremos preparar en el mundo el camino de la paz, esforcémonos por remediar las causas que originan las injusticias, cancelemos las deudas injustas e insolutas y saciemos a los hambrientos». Con estas claras palabras, el Papa Francisco incluyó entre los compromisos del Jubileo de la Esperanza de 2025 un llamamiento a la condonación de la deuda, como ya había ocurrido con ocasión del Jubileo del año 2000. De hecho, la deuda de los países se ha vuelto cada vez más onerosa y el pago de los intereses y las amortizaciones quita recursos a los servicios a la ciudadanía. En muchos países del Sur Global, donde la calidad de los servicios difiere considerablemente de la de los países ricos, esto supone un aumento inaceptable de la vulnerabilidad de las personas y un freno a las posibilidades de cambio.
Este llamamiento ha sido reiterado en varias ocasiones y relanzado por numerosas iniciativas de la sociedad civil, coordinadas por la campaña “Convertir la deuda en esperanza” de Cáritas Internationalis, relanzada en Italia bajo el nombre de “Cambiar el rumbo”. Una serie de propuestas concretas fueron formuladas en el “Jubilee report” (informe del Jubileo), elaborado por un grupo de expertos internacionales coordinados por el Premio Nobel Joseph Stiglitiz, que fue presentado en junio en la Academia Pontificia de Ciencias Sociales.
Una mirada a las acciones emprendidas
A finales de 2025, los resultados de este llamamiento no son halagüeños. Las expectativas eran altas, dadas las altas desigualdades en el mundo. La comunidad internacional se había propuesto responder a ellas con la cuarta Conferencia Internacional de las Naciones Unidas sobre la Financiación para el Desarrollo, que tuvo lugar en Sevilla a finales de junio. Su objetivo era revitalizar la atención y la acción en torno a la financiación de la Agenda 2030 en un marco de corresponsabilidad que involucrara a los gobiernos y al sector privado. En particular, la Conferencia tenía como objetivo promover la sostenibilidad fiscal, mediante políticas redistributivas y normas de comercio justo, y la sostenibilidad de la deuda.
El documento final demuestra un compromiso encomiable, pero no oculta el continuo ataque al multilateralismo. De hecho, Estados Unidos, seguido de Argentina, decidió retirarse de la Conferencia, debilitándola sensiblemente. Por esta razón, los compromisos del documento final se están implementando con lentitud y de forma limitada. La plataforma de deudores, diseñada para fortalecer a los países endeudados en las negociaciones, aún no se ha puesto en marcha. El proceso intergubernamental, que debería generar consenso sobre los criterios de sostenibilidad de la deuda y los métodos de gestión de crisis, parece estar estancado. Y las negociaciones sobre las condonaciones avanzan lentamente, con gran frialdad por parte de los actores privados que poseen una buena parte de los créditos.
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