Ucrania, tres años de guerra y de solidaridad
Federico Azzaro - Ciudad del Vaticano
Millones de civiles ucranianos se vieron obligados a abandonar sus hogares destruidos o dañados por la guerra. Según estimaciones publicadas por la ONU, en tres años han muerto más de 16 mil civiles y hay cerca de 30 mil heridos. Sin embargo, el costo de la agresión rusa contra Ucrania es difícil de cuantificar en términos numéricos, especialmente en lo que respecta a las bajas militares rusas y ucranianas en la línea del frente. En este caso algunas estimaciones hablan incluso de un millón de muertos. Lo que es seguro es que al menos 13 millones de civiles ucranianos necesitan ayuda humanitaria, mientras que más de la mitad de la población vive por debajo del umbral de pobreza.
El compromiso de la Comunidad de Sant'Egidio
La Comunidad de Sant'Egidio, organización eclesial que desde 1991 está presente en el país con proyectos sociales y humanitarios, estuvo allí para recordar las dificultades que los civiles ucranianos han tenido que afrontar desde el estallido de la guerra. En los últimos tres años se han distribuido 3.200 toneladas de ayuda humanitaria, que han abastecido de necesidades básicas a 450.000 personas. En el ámbito sanitario, Sant’Egidio ha conseguido ofrecer asistencia a más de 2 millones de personas. Entre los proyectos realizados, muchos se refieren a intervenciones en el ámbito del apoyo psicológico y moral a las víctimas de la guerra. Muchos refugiados, incluso fuera de sus fronteras nacionales, están encontrando un sentimiento de esperanza y confianza en el futuro gracias a estas intervenciones.
Las consecuencias psicológicas del conflicto
Los datos recopilados entre 2022 y 2023 por la Fundación Soleterre ya revelan que más del 76% de las personas contactadas presentaban síntomas de depresión; también hay numerosos casos de ataques de ansiedad graves, así como síntomas de trastorno de estrés postraumático. “La guerra es una tragedia que golpea indiscriminadamente”, explica el presidente de Soleterre, Damiano Rizzi, “destruyendo vidas, comunidades y esperanzas. “He visto con mis propios ojos el coste humano de este conflicto”. En un estudio realizado en colaboración con la Universidad Católica del Sagrado Corazón, Soleterre destacó el impacto psicológico de la guerra en los niños, quienes en muchos casos corren el riesgo de sufrir un grave retraso en el desarrollo como consecuencia directa de la guerra.
Las consecuencias de la crisis energética
Además de la devastación humana, la guerra provocó una grave crisis energética, tras el daño a la infraestructura estratégica. Durante los duros inviernos de la guerra en Ucrania, millones de personas se vieron obligadas a vivir en condiciones extremas, sin calefacción, agua corriente ni electricidad. Dificultades que se han mostrado aún más dramáticas para las categorías más vulnerables, como los ancianos, los discapacitados y los niños.
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