Tierra Santa, Pizzaballa: Que la escuela sea "un signo de esperanza"
Vatican News
"Hay niños cuyas aulas ya no existen y comunidades donde la alegría del inicio del curso escolar se ve ensombrecida por la muerte, el desplazamiento y la destrucción. Estos niños también forman parte de nuestra comunidad". Este es el mensaje publicado por la Asamblea de Ordinarios Católicos de Tierra Santa con motivo del inicio del nuevo curso escolar, firmado por el cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén y presidente de la Asamblea.
Las escuelas, pilar de la presencia cristiana
Al concluir agosto, mientras se preparan las aulas y los docentes se alistan para recibir a los alumnos, el cardenal escribe que es imposible celebrar este nuevo comienzo «sin recordar que, en algunas partes de Tierra Santa, el regreso a la escuela ya no se puede dar por sentado». De ahí la esperanza de que la apertura del ciclo escolar se convierta también en un signo de esperanza para quienes no pueden regresar a la escuela hoy: la promesa de que «la destrucción no tendrá la última palabra» y que ellos también, algún día, podrán redescubrir «el aprendizaje y la vida cotidiana». En su mensaje, publicado el miércoles 26 de agosto, Pizzaballa recuerda el papel de las escuelas cristianas, definidas como «mucho más que instituciones educativas»: son uno de los pilares de la presencia cristiana en Tierra Santa y, al mismo tiempo, lugares que acogen a estudiantes y familias de diferentes tradiciones religiosas, educando a las nuevas generaciones en la convivencia, el respeto mutuo y la aceptación de los demás.
Preservar la religiosidad de las escuelas
Esta apertura, subraya el patriarca, no implica renunciar a la propia identidad. El carácter cristiano de las escuelas debe expresarse en valores, símbolos, tradiciones y actividades educativas cotidianas. Preservarlo, especialmente ante las numerosas presiones a las que están sometidas, requiere «paciencia, firmeza y valentía» y es una responsabilidad compartida de administradores, docentes y toda la comunidad eclesial. Se presta especial atención a la formación religiosa de los alumnos. No basta, afirma el mensaje, con que un alumno cristiano sepa recitar oraciones o nombrar los sacramentos sin comprender su significado: la educación religiosa debe conducir a una comprensión «viva y personal» de la fe. Ser cristiano de Tierra Santa, continúa Pizzaballa, no es simplemente «una cuestión de identificación geográfica»; significa desarrollar una relación profunda con la tierra del Evangelio y aprender los misterios de la fe a través de los lugares donde se desarrollaron.
Acercar a los estudiantes a Tierra Santa
Por ello, las visitas a los lugares santos deben ser parte integral de la formación religiosa. Cuando las distancias, las fronteras y las restricciones imposibilitan el acceso físico, corresponde a las escuelas encontrar otras maneras —a través de las Escrituras, el estudio y los recursos visuales— de acercar a los estudiantes al patrimonio espiritual de Tierra Santa. El mensaje concluye con un agradecimiento a los educadores y las familias, y una oración por todos los niños de la región, «especialmente por aquellos que carecen de seguridad y educación». Para que las escuelas, espera Pizzaballa, sigan siendo «lugares de fe, conocimiento, encuentro y esperanza».
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