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Personas desplazadas buscan sus pertenencias entre los escombros de una casa derrumbada tras el terremoto en Pereira, Colombia. Personas desplazadas buscan sus pertenencias entre los escombros de una casa derrumbada tras el terremoto en Pereira, Colombia.  (AFP or licensors)

Colombia, la Iglesia apoya a los desplazados: "Es la hora de la unidad nacional"

Desde Bogotá, el padre Raúl Ortiz Toro, sacerdote y secretario de la Conferencia Episcopal Colombiana, relata las horas de dolor que vive el país tras el violento terremoto de magnitud 7,4 que azotó el oeste de Colombia en la mañana del 10 de agosto: "La gente ha apreciado enormemente la presencia de la Iglesia en estos lugares, a través de su Pastoral Social y Cáritas".

Guglielmo Gallone - Ciudad del Vaticano

"Este es un momento crucial para Colombia, en el que estamos llamados a vivir la unidad nacional y la fraternidad que nos hace hermanos". Desde Bogotá, el padre Raúl Ortiz Toro, sacerdote y secretario de la Conferencia Episcopal Colombiana, describe las horas de dolor que vive el país tras el violento terremoto de magnitud 7,4 que azotó el oeste de Colombia en la mañana del 10 de agosto, con epicentro en Chocó, cerca de la costa del Pacífico.

Testimonio del padre Raúl Ortiz Toro, secretario de la Conferencia Episcopal Colombiana

La situación en Cali

«Vivimos este terremoto con gran temor, porque fue uno de los más fuertes de las últimas décadas», dijo el sacerdote. El temblor duró aproximadamente noventa segundos y se sintió en numerosas ciudades y pueblos de todo el país, desde Cali hasta Manizales, desde Pereira hasta Armenia.

Al momento de su testimonio, el número de fallecidos ascendía a 224 y había más de 1300 heridos, pero la cifra de desaparecidos sigue siendo incierta (se estima que hay al menos 3000 personas). Aproximadamente 5000 viviendas resultaron dañadas y 120 edificios se derrumbaron por completo. Carreteras y puentes también sufrieron graves daños, y en Cali, tres centros de salud se vieron afectados por el sismo, lo que obligó a evacuar a los pacientes. Siete personas fueron rescatadas con vida recientemente del Hospital Universitario de Cali.

Solo en esta ciudad, capital del departamento del Valle del Cauca y la tercera ciudad más poblada del país, se han reportado hasta el momento 85 fallecidos y 188 desaparecidos. Desde Cali, el misionero comboniano, el padre Leonardo Raffaini, informa que "el terremoto se sintió con fuerza y ​​durante un buen rato, casi dos minutos, pero los edificios parroquiales no sufrieron daños. Las puertas y los cajones estaban abiertos, se rompieron algunos cristales, pero nada más. Sin embargo, nos encontramos sin internet, electricidad ni teléfono".

 Un dron muestra la situación en Cali, Colombia.
Un dron muestra la situación en Cali, Colombia.

La movilización de la Iglesia

En estas horas, mientras continúa la búsqueda de sobrevivientes bajo los escombros, la Iglesia colombiana se ha movilizado para apoyar a las poblaciones afectadas. "La gente ha agradecido enormemente la presencia de la Iglesia en estos lugares, a través del Ministerio Social y Cáritas", explica Ortiz Toro. Polideportivos, centros comunitarios y parroquias se están transformando gradualmente en refugios para quienes no pueden regresar a sus hogares, mientras técnicos y expertos determinan si los edificios dañados aún son habitables.

El Ministerio Social también ha activado la asistencia financiera a través del Fondo Nacional de Emergencia. Esta red se complementa con 25 bancos de alimentos vinculados a las diócesis colombianas, que están recolectando alimentos y donaciones en especie. Entre las necesidades más urgentes identificadas por la Secretaría de la Conferencia Episcopal Colombiana se encuentra el agua: varias zonas de las ciudades afectadas se han quedado sin suministro de agua. También se necesitan alimentos no perecederos, mantas y equipo para las operaciones de socorro.

Las estructuras eclesiásticas afectadas

Pero el terremoto también afectó directamente a las estructuras de la Iglesia. "Hubo daños considerables en parroquias, iglesias y casas parroquiales", informa el padre Raúl. En Quibdó, muy cerca del epicentro, la sede episcopal resultó dañada. También se reportaron graves consecuencias en la Diócesis de Pereira: la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, en Dosquebradas, quedó arrasada. La Parroquia de San José en Pereira y la cúpula de la Iglesia de La Virginia, en el departamento de Risaralda, también resultaron afectadas.

En Manizales, una de las torres de la catedral-basílica se derrumbó. Se reportaron más daños en la Arquidiócesis de Ibagué y en numerosas parroquias de Cali. El panorama aún es provisional: "Ayer estábamos empezando a recopilar toda esta información. Creo que hoy tendremos datos más concretos", especifica Ortiz Toro.

Iglesia de la Merced en Cali, Colombia
Iglesia de la Merced en Cali, Colombia   (ANSA)

Solidaridad desde y hacia todo el mundo

La solidaridad de la Iglesia colombiana se corresponde con la de la Iglesia universal. El sacerdote recuerda la cercanía expresada a través de varios Dicasterios de la Santa Sede, incluyendo el Dicasterio para el Servicio de la Caridad, el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y el Dicasterio para la Comunicación, junto con «las oraciones y la cercanía del Santo Padre, León XIV. Todo esto nos reconforta y nos llena de esperanza, porque demuestra que la fraternidad existe».

Esta solidaridad, hace apenas unas semanas, se movía en sentido contrario. Ortiz Toro recuerda la movilización colombiana tras los terremotos que azotaron la vecina Venezuela el 24 de junio. Hace apenas unos días, estaba prevista una visita al país del Presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana, Monseñor Francisco Javier Múnera, acompañado de una delegación, para expresar su cercanía a la población venezolana afectada. Ahora, es Colombia la que necesita esa solidaridad. Y la tragedia llega en un momento delicado para el país.

El padre Raúl Ortiz Toro habla de una nación marcada en los últimos días por «una polarización ideológica muy fuerte» en el plano político. Sin embargo, observa que el terremoto nos confronta a todos con la misma "condición humana, fragilidad y vulnerabilidad". De ahí la esperanza de que del dolor pueda surgir también un sentimiento de unidad: "Es un momento crucial para Colombia, para experimentar la unidad nacional y esa fraternidad que nos hace hermanos, esos sentimientos de cercanía que afloran precisamente en momentos de dolor".

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12 agosto 2026, 15:06