Año Jubilar de los Mártires riojanos: memoria y compromiso con el Evangelio
Rocío García - Ciudad del Vaticano
Este año de 2026, la Iglesia de La Rioja conmemora el 50.º aniversario del martirio de los beatos Enrique Angelelli, Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville y Wenceslao Pedernera, cuatro testigos de la fe asesinados en 1976, durante el período de la dictadura militar argentina. La diócesis ha declarado este año como Año Jubilar Diocesano, bajo el lema “Pascua riojana, alegría del pueblo”, como un tiempo de memoria agradecida, oración, peregrinación y renovación del compromiso cristiano.
En este marco, el obispo de La Rioja, Monseñor Dante Braida, compartió una reflexión sobre el significado de esta conmemoración y sobre el legado que los mártires continúan ofreciendo a la Iglesia y a la sociedad.
El prelado afirmó que, así como aquella época necesitó de hombres y mujeres capaces de entregar su vida por el Evangelio, el tiempo presente también requiere nuevos testigos de la fe, comprometidos con la realidad y capaces de superar la tentación del individualismo para impulsar caminos comunitarios más abiertos e inclusivos, especialmente junto a quienes se sienten desahuciados de la vida y necesitan experimentar la misericordia de Dios a través de vínculos sencillos y empáticos.
Cuatro testimonios de santidad que siguen iluminando el presente
En su reflexión, monseñor Braida destacó las virtudes de santidad que caracterizaron a los mártires riojanos y que continúan iluminando la vida cristiana frente a los desafíos del presente.
Al recordar la figura del mártir obispo Enrique Angelelli, señaló que su testimonio invita a vivir una fe encarnada en la historia concreta que toca afrontar y que continúa iluminando el compromiso cristiano actual.
Sobre los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, destacó que vivieron el Evangelio desde lo cotidiano, en la sencillez de cada día y en el servicio a los demás. Al mismo tiempo, subrayó que asumieron una voz profética cuando fue necesario denunciar atropellos y amenazas que atentaban contra la dignidad de las personas.
Una atención especial dedicó al testimonio del beato mártir Wenceslao Pedernera, cuya santidad, explicó, se expresó desde la vida familiar, el compromiso social y la búsqueda de la justicia. Señaló que Pedernera trabajó incansablemente por un mundo más justo, en la construcción de un matrimonio y una familia cristiana, en la responsabilidad asumida en sus compromisos sociales y, de manera particular, en la promoción de iniciativas productivas que valorizaran el trabajo y la dignidad de los obreros.
El obispo resaltó que, al final de su vida, esa búsqueda de justicia se transformó en un gesto profundo de misericordia hacia quienes no comprendieron su compromiso y terminaron con su vida. Su última expresión “Perdonen, perdonen y no odien” afirmó Braida, constituye un testimonio de una fe madura que encuentra en el perdón la expresión más alta del Evangelio.
Una memoria viva que hoy nos llama a renovar la entrega al Evangelio
En el centro de su reflexión sobre la vida de los mártires, el prelado destacó la importancia de entregar la propia vida en el seguimiento de Jesucristo, encontrando en Él el sentido profundo de la existencia y la verdadera felicidad, incluso en medio de las dificultades y persecuciones.
“Los cuatro mártires son distintas vocaciones, y cada uno desde su camino nos enseñan a entregarnos totalmente a los demás; de ese modo será sincera la memoria que hoy celebramos”, afirmó monseñor Braida.
El obispo invitó a acoger el testimonio de los mártires como una llamada a vivir la entrega cotidiana, en la sencillez de cada día, asumiendo las distintas circunstancias de la vida a la luz del Evangelio y buscando desde allí la transformación de la realidad.
Asimismo, destacó que sus vidas son un testimonio de cómo vivir el Evangelio y amar a Dios y al prójimo con todas las fuerzas, comprometiéndose con la liberación de todo aquello que esclaviza al ser humano y acompañándolo hacia una vida plena como miembro de una comunidad y en comunidad.
Finalmente, subrayó que los mártires riojanos trabajaron por la paz como fruto de la justicia y que fueron perseguidos precisamente por vivir con fidelidad la misión propia de cada uno. Por ello, afirmó que “caminar juntos con espíritu misionero” implica trabajar por la transformación del mundo, llevar la Buena Noticia a las personas, las familias y todos los ámbitos sociales, siendo “canales de liberación de todo lo que nos ata y limita el crecimiento”.
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