Obispo de Guyana llama a la esperanza tras el naufragio del MV Barima
Rocío García – Ciudad del Vaticano
El accidente ocurrió la noche del sábado 18 de julio de 2026, cuando el ferry, que había zarpado de Georgetown con destino a Port Kaituma, volcó a unos 11 kilómetros de la costa tras ser impactado por una gran ola. La embarcación cubría una de las rutas más importantes del noroeste de Guyana, donde el transporte marítimo constituye el principal medio de comunicación y abastecimiento para numerosas comunidades.
Antes de desaparecer en aguas cercanas a la desembocadura del río Pomeroon, el ferry logró emitir una señal de auxilio. De inmediato se desplegó un amplio operativo en el que participaron guardacostas, pescadores locales, aeronaves y embarcaciones privadas para rescatar a los pasajeros. Sin embargo, pese a la rápida movilización de los equipos de emergencia, el naufragio dejó un elevado número de víctimas.
Según las autoridades, a bordo viajaban 179 personas, de las cuales 69 fueron rescatadas. La magnitud del desastre ha llevado a que el naufragio sea considerado una de las peores tragedias marítimas de la historia reciente de Guyana, conmocionando profundamente al país y motivando la declaración de duelo nacional.
Ante el dolor, una respuesta desde la fe
En medio de esta tragedia, monseñor Francis Alleyne, O.S.B., obispo de Georgetown, dirigió un mensaje a los fieles católicos y a toda la nación para expresar su cercanía con quienes perdieron a sus seres queridos, los sobrevivientes y todas las personas afectadas. "No hay palabras que puedan expresar adecuadamente la gravedad, la profundidad, el dolor, la pérdida, el duelo y el trauma", afirmó el prelado, al reconocer que el impacto del naufragio ha trascendido a las familias de las víctimas y ha tocado el corazón de todo el pueblo guyanés.
Como camino para afrontar este momento, el obispo evocó la imagen de Cristo en la cruz, signo de una muerte "inmerecida y prematura", y la presencia fiel de la Virgen María al pie de la cruz, acompañando el sufrimiento de su Hijo. A partir de estas imágenes invitó a responder a tragedia ejemplo de ellos, con una actitud genuinamente cristiana, marcada por la compasión, la cercanía y el compromiso con quienes hoy viven el dolor y la vulnerabilidad.
Una oración por las víctimas y por quienes sirven a los demás
En este espíritu de cercania, el obispo elevó una oración por las personas fallecidas, los desaparecidos, los sobrevivientes y las familias que afrontan la pérdida y la incertidumbre. "Lloramos con aquellos a quienes les han arrebatado a sus seres queridos. Y te confiamos a los difuntos, oh Señor, a tu misericordia eterna y a tu abrazo amoroso", expresó.
Asimismo, encomendó a Dios a los equipos de rescate, el personal sanitario, los cuerpos de seguridad, los voluntarios y todas las personas que participan en las labores de búsqueda y atención de la emergencia. "Bendícelos por su servicio, protégelos de todo mal y renueva sus fuerzas", suplicó.
Un llamado a caminar unidos
Junto con la oración, monseñor Alleyne exhortó a preservar la unidad nacional y a no permitir que el dolor dé paso a la división. "Aleja de nosotros todo espíritu de división y acércanos unos a otros con amabilidad, generosidad y esperanza", pidió.
Finalmente, invitó a los guyaneses a sostenerse mutuamente en este tiempo de prueba: "Que podamos llevar las cargas los unos de los otros, consolarnos mutuamente con amor y recordar que somos un solo pueblo, unidos por nuestra humanidad compartida y nuestro destino común".
Al concluir su mensaje, encomendó a las víctimas a la misericordia de Dios y elevó una plegaria por el futuro del país: "Que las almas de los que han fallecido descansen en paz y que la luz perpetua brille sobre ellas. Bendice a nuestra nación, oh Señor. Sana nuestras heridas, fortalece nuestros corazones y guía a Guyana hacia adelante con justicia, compasión y paz".
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