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Arzobispo Prieto: la sociedad actual sigue necesitando hombres y mujeres capaces de buscar la verdad. Arzobispo Prieto: la sociedad actual sigue necesitando hombres y mujeres capaces de buscar la verdad.

Arzobispo compostelano pide construir puentes ante la polarización

En la Solemnidad del Apóstol Santiago, monseñor Francisco José Prieto Fernández reivindica el testimonio del discípulo como modelo de servicio y conversión, y pide fortalecer las redes de solidaridad, diálogo y esperanza. La celebración acogió la Ofrenda Nacional al Apóstol, presentada por el presidente del Parlamento de Galicia en nombre del Estado.

Sebastián Sansón Ferrari - Ciudad del Vaticano

El arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Francisco José Prieto Fernández, presidió, este sábado 25 de julio de 2026 en la Catedral compostelana, la santa misa de la Solemnidad del Apóstol Santiago, Patrono de España, durante la cual tuvo lugar la Ofrenda Nacional al Apóstol, una tradición instaurada en 1643 por iniciativa del rey Felipe IV.

En esta ocasión, el presidente del Parlamento de Galicia, Miguel Ángel Santalices, actuó como delegado regio y oferente ante el Apóstol, acompañado por los miembros de la Comisión Capitular Daniel Lorenzo Santos y José Sánchez Piso. En su intervención, destacó el valor universal del Camino de Santiago como patrimonio espiritual capaz de reunir a miles de peregrinos y llamó a fortalecer la responsabilidad política, la ética pública y la cooperación institucional ante desafíos como la transformación digital, la protección de los derechos fundamentales y la lucha contra la desigualdad.

Santalices reafirmó asimismo el compromiso de Galicia con la democracia, la justicia y la unidad social, y expresó su confianza en que el espíritu xacobeo continúe inspirando un horizonte común de respeto, solidaridad y búsqueda del bien común.

Concelebraron con el arzobispo de Santiago el cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo emérito de Madrid; monseñor José Rodríguez Carballo, arzobispo de Mérida-Badajoz; monseñor Julián Barrio, arzobispo emérito de Santiago de Compostela; monseñor Santiago Agrelo Martínez, arzobispo emérito de Tánger; monseñor Alfonso Carrasco, obispo de Lugo; monseñor José Leonardo Lemos Montanet, obispo de Ourense; monseñor Fernando García Cadiñanos, obispo de Mondoñedo-Ferrol; monseñor Antonio Valín Valdés, obispo de Tui-Vigo; monseñor Alfredo Enrique Torres Rondón, obispo emérito de San Fernando de Apure; y monseñor Aurelio García Macías, subsecretario del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Participaron también miembros del cabildo catedralicio y otros sacerdotes.

Santa misa y Ofrenda Nacional en la solemnidad del Apóstol Santiago, Patrono de España, en la Catedral compostelana
Santa misa y Ofrenda Nacional en la solemnidad del Apóstol Santiago, Patrono de España, en la Catedral compostelana

Santiago, testigo y mártir

Durante la homilía, monseñor Prieto invitó a contemplar la figura de Santiago como modelo de testimonio, servicio y entrega. El discípulo, explicó, «no quiere que nos detengamos en él», sino que conduce siempre hacia Cristo.

El arzobispo presentó al Apóstol como «un testigo» y «un mártir», cuya vida constituye una llamada a vivir la fe con autenticidad. Recordó que la primera comunidad cristiana anunció la resurrección de Jesucristo en medio de persecuciones y dificultades, y situó a Santiago entre aquellos primeros discípulos que no se limitaron a defender una idea, sino que llegaron a entregar su propia vida por el Evangelio.

Desde este testimonio, monseñor Prieto señaló que la sociedad actual sigue necesitando hombres y mujeres capaces de buscar la verdad, actuar de acuerdo con su conciencia y ofrecer públicamente el testimonio de su fe desde la libertad y la humildad.

En este contexto, evocó también las palabras del Papa León XIV sobre la importancia de preservar la libertad de pensamiento, de conciencia y religiosa como pilares de una sociedad verdaderamente libre y plural. La Iglesia, afirmó, no pretende imponer sus convicciones, sino «proponer, dialogar, servir y dar testimonio», contribuyendo desde ellas a la construcción del bien común.


«Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro»

El arzobispo reflexionó asimismo sobre la fragilidad humana a partir de las palabras de san Pablo: «Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro». Recordó que los propios apóstoles experimentaron debilidades y ambiciones antes de comprender plenamente la misión que Cristo les confiaba.

En este sentido, se refirió a Santiago, quien pasó de aspirar a ocupar un lugar de privilegio junto a Jesús a entregar finalmente su vida por el Evangelio. Para monseñor Prieto, este recorrido expresa un camino de conversión y madurez espiritual.

A partir de esta reflexión, reivindicó la dignidad inherente a toda persona, con independencia de sus capacidades, su situación económica o su posición social. «Toda persona es una historia sagrada ante Dios», afirmó.

Esta dignidad, añadió, alcanza de manera particular a los niños, los ancianos, las personas enfermas o con discapacidad, quienes viven en la pobreza o la soledad, los migrantes y todos aquellos que no pueden defenderse por sí mismos. En este sentido, sostuvo que el grado de humanidad de una sociedad se mide por el trato que dispensa a sus miembros más vulnerables y llamó a proteger toda vida humana, especialmente la más frágil.

El arzobispo tuvo asimismo un recuerdo para las personas y familias afectadas por los incendios que están golpeando diversas zonas de España, así como para quienes han perdido sus bienes y para los equipos que trabajan en las labores de extinción. Del mismo modo, elevó una oración por las víctimas del reciente terremoto en Venezuela, pidiendo consuelo para los afectados y fortaleza para quienes colaboran en las tareas de rescate y reconstrucción.


La autoridad como servicio

Otro de los ejes de la homilía fue la reflexión sobre el sentido cristiano de la autoridad. Al recordar el pasaje evangélico en el que Santiago y Juan aspiran a ocupar los primeros puestos junto a Jesús, monseñor Prieto evocó las palabras de Cristo: «El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor».

A partir de esta enseñanza, defendió que toda autoridad, tanto en la Iglesia como en la sociedad, debe entenderse como un servicio a los demás.

El arzobispo advirtió asimismo del riesgo de convertir al adversario político o ideológico en un enemigo. La polarización, la falta de diálogo y la pérdida de la capacidad de escucha, señaló, deterioran la convivencia y perjudican al conjunto de la sociedad.

En este marco, y retomando la llamada del papa León XIV, defendió la necesidad de sustituir la cultura del enfrentamiento por una auténtica «cultura del encuentro», basada en el reconocimiento del otro como persona antes que como adversario.

Santa misa y Ofrenda Nacional en la solemnidad del Apóstol Santiago, Patrono de España
Santa misa y Ofrenda Nacional en la solemnidad del Apóstol Santiago, Patrono de España

El Camino de Santiago, una imagen de convivencia

Monseñor Prieto encontró en el Camino de Santiago una imagen privilegiada de esa convivencia. Miles de peregrinos de distintas lenguas, culturas, creencias e historias personales recorren juntos una misma ruta, una experiencia que, a su juicio, muestra que es posible caminar unidos sin renunciar a la propia identidad.

A partir de esta realidad, animó a reconstruir «redes de encuentro» frente a la polarización; «redes de solidaridad» frente a la indiferencia; «redes de hospitalidad» frente al rechazo; «redes de diálogo» frente al enfrentamiento; «redes de verdad» frente a la manipulación; y «redes de esperanza» frente al desaliento.

El arzobispo invitó también a reflexionar sobre la herencia que la sociedad actual está dejando a las futuras generaciones. El progreso técnico, el crecimiento económico o el bienestar material, advirtió, resultan insuficientes si no van acompañados de una reflexión profunda sobre la persona y sobre los valores que sustentan la convivencia.

En este marco, defendió que la tradición cristiana continúa siendo una herencia viva capaz de ofrecer «semillas y frutos de humanidad», no desde la nostalgia ni desde la imposición, sino desde su contribución histórica a la cultura europea.

Al final de la homilía, monseñor Prieto dirigió una oración al Apóstol Santiago para pedir que la Iglesia siga siendo humilde, cercana a quienes sufren, defensora de la dignidad de cada persona, capaz de tender puentes y comprometida con el servicio.

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25 julio 2026, 14:36