El presidende de la COMECE, monseñor Mario Crociata El presidende de la COMECE, monseñor Mario Crociata 

COMECE: la estrategia de seguridad europea al servicio de la paz

Las cinco recomendaciones de los obispos europeos a los gobiernos y las instituciones, contenidas en un documento publicado el 2 de julio, por la Secretaría de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea. Invertir en diplomacia, cooperación, multilateralismo y derechos humanos para lograr una paz duradera. No a la normalización de la guerra: «La seguridad auténtica no puede alcanzarse únicamente con medios militares»

Cecilia Seppia – Ciudad del Vaticano

El contexto geopolítico actual no debe llevar a Europa a perder de vista su vocación original como proyecto y arquitectura de paz. El postulado del que parte el documento de la COMECE (Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea) es evidente: atrapado en la vorágine de los conflictos, el Viejo Continente necesita capacidades de seguridad y defensa más sólidas, pero «una seguridad auténtica y duradera no puede ni debe lograrse únicamente con medios militares»; se requiere, más bien, una visión humanitaria, democrática y orientada al diálogo. Por ello, los obispos, al tiempo que identifican los factores de la crisis actual —la más grave de las últimas décadas— en la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania, y al mencionar también las amenazas híbridas, los ciberataques, el terrorismo, la delincuencia organizada y la erosión del orden internacional, instan con firmeza a los gobiernos y a las instituciones a asumir su responsabilidad y su obligación jurídica de respetar los Tratados.

No perder de vista las propias raíces

En el contexto de una creciente rivalidad geopolítica, «el fortalecimiento de las capacidades de defensa europeas es legítimo y necesario», se lee en el texto, ya que responde a las expectativas de los ciudadanos que exigen la protección de su seguridad y de los valores fundacionales del proyecto europeo. Sin embargo, el peligro inminente es que la militarización excesiva lleve a Europa a perder su identidad profunda. Para evitar que esto suceda, «el uso de la fuerza debe seguir siendo excepcional, ejercido bajo estrictas condiciones legales y éticas y en pleno respeto del derecho internacional humanitario». A partir de ahí, la Secretaría de la COMECE presenta cinco recomendaciones útiles para construir una futura estrategia de seguridad, firmemente centrada en el respeto a la dignidad humana, los derechos fundamentales y el bien común, que siempre deben estar en el centro de cualquier proceso de toma de decisiones políticas.

Atención a la «normalización de la guerra»

La Iglesia de Europa expresa su profunda preocupación por una deriva cultural que corre el riesgo de hacer que las lógicas bélicas prevalezcan sobre las diplomáticas, y que las respuestas militares se impongan a las decisiones políticas. Retomando la advertencia del Papa León XIV, quien alertó contra «una creciente normalización de la guerra y una renovada carrera mundial por el armamento», la COMECE insiste, por lo tanto, en la revisión de los presupuestos comunitarios y en el próximo Marco Financiero Plurianual. De hecho, mientras que los recursos destinados al armamento aumentan, los fondos para la prevención de conflictos sufren recortes drásticos, por lo que se necesita un cambio de rumbo tanto contable como ético. «Es esencial garantizar que las inversiones en defensa no comprometan las inversiones en áreas cruciales para la paz, entre ellas la diplomacia, la prevención de conflictos, la cooperación para el desarrollo, la asistencia humanitaria, así como la justicia socioeconómica y ecológica». Para la Iglesia, de hecho, la paz no es la mera ausencia de conflictos, sino un ecosistema que solo prospera si está arraigado en la justicia social y en la protección del ser humano y del medio ambiente en el que vive.

Proteger la vida

Para plasmar estos principios en líneas políticas concretas, la Secretaría de la COMECE ha formulado cinco recomendaciones clave dirigidas a los responsables políticos de Bruselas: mantener la paz como objetivo estratégico, ampliar la evaluación de las amenazas más allá de los riesgos militares, fortalecer la prevención de conflictos y la construcción creativa de la paz, reforzar el control democrático y la responsabilidad ética, e integrar la estrategia de seguridad en una estrategia de paz más amplia. El documento insta a recordar que «el fortalecimiento de la defensa europea no debe considerarse un fin en sí mismo, sino un medio para proteger vidas humanas, salvaguardar los valores fundamentales y preservar la paz». En este sentido, también debe cambiar la comunicación pública de los gobiernos, evitando presentar el gasto militar como un motor del crecimiento industrial o la competitividad comercial.

Seguridad humana más allá de las armas

Las amenazas modernas, como es sabido, no se limitan a los tanques, los cazabombarderos y los buques de guerra. Los obispos piden una concepción global de la seguridad que integre las dimensiones ambientales y sociales, ya que, según escriben, «la seguridad humana también se ve amenazada por la pobreza, los desplazamientos forzados, la degradación ambiental, el cambio climático, las pandemias, la delincuencia organizada, la fragmentación social y la erosión democrática».

Prevención y alerta temprana

Prevenir los conflictos violentos sigue siendo la forma más eficaz, menos costosa y más humana, en lugar de responder a las crisis una vez que han estallado, explican los obispos; por lo tanto, en consonancia con un informe reciente del Parlamento Europeo, la UE debería reforzar significativamente sus capacidades en los ámbitos de la diplomacia preventiva, la mediación, la alerta temprana, la construcción de la paz civil, la reconstrucción posconflicto y la reconciliación. De ahí el llamado a la «creatividad» para ser constructores y generadores de paz, lo que se traduce en explorar alianzas con una gama más amplia de actores, incluidos movimientos religiosos, grupos y comunidades. De hecho, estas últimas, precisamente por estar arraigadas en el territorio, logran trabajar por la reconciliación de manera integral.

Control democrático

Las armas, advierten los obispos, no son ni deben ser nunca tratadas como simples mercancías que se importan y exportan; por lo tanto, es conveniente que las inversiones en capacidad de defensa vayan acompañadas de un control democrático, transparencia y garantías éticas, con especial atención a las tecnologías emergentes, incluidas la inteligencia artificial y los sistemas autónomos. Retomando nuevamente las palabras del Papa sobre estos instrumentos, la estrategia de seguridad europea no puede, por lo tanto, prescindir de «un control humano significativo sobre todas las decisiones que impliquen el uso de la fuerza letal». Por último, la estrategia incluye integrar la defensa en un marco más amplio que conecte de manera coherente la ayuda humanitaria, la diplomacia y el desarrollo económico, fortaleciendo la cooperación con la ONU, la OTAN y la OSCE: solo así es posible contribuir a la reconstrucción de una arquitectura de paz internacional basada en la confianza, la cooperación y el respeto al derecho.  «La seguridad y la paz —se lee en la conclusión del documento— no son objetivos que compitan entre sí. Por el contrario, la seguridad debería estar al servicio del objetivo general de una paz justa y sostenible, que debería guiar las decisiones estratégicas de Europa en los años venideros».

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03 julio 2026, 15:12