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La Puerta de Europa, uno de los lugares emblemáticos de Lampedusa que el Papa León XIV visitará este sábado 4 de julio de 2026. La Puerta de Europa, uno de los lugares emblemáticos de Lampedusa que el Papa León XIV visitará este sábado 4 de julio de 2026.

Arzobispo de Agrigento: la visita del Papa a Lampedusa, una caricia para los migrantes

Monseñor Alessandro Damiano describe la expectativa ante la llegada de León XIV, este sábado 4 de julio, a un lugar símbolo de la tragedia migratoria: «La isla mantiene vivo el recuerdo de la visita del papa Francisco. León XIV cierra un círculo que comenzó con la visita a las Islas Canarias y la parada ante la Madre Cabrini, patrona de los migrantes».

Salvatore Cernuzio, Lampedusa

Un «itinerario espiritual» que comienza con la «comunión con los muertos en el mar y con los supervivientes», es decir, con la visita al cementerio; continúa en la Puerta de Europa y en el muelle Favarolo, donde se reunirá con una representación de migrantes; y concluye con la «comunión con una Iglesia viva», mediante la celebración eucarística en el estadio de la localidad, donde estará presente toda la comunidad.

Así describe monseñor Alessandro Damiano, arzobispo metropolitano de Agrigento, la visita que el papa León XIV realizará mañana, sábado 4 de julio, a Lampedusa. Será una visita breve, pero significativa, a una isla que aún conserva vivo el recuerdo de la histórica visita del Papa Francisco en 2013, desde la cual el Pontífice lanzará un mensaje «no proclamado a gritos, sino vivido» a Italia y a Europa. Una visita que cierra el círculo iniciado con el viaje de junio a las Islas Canarias, donde León denunció con firmeza a los traficantes de personas al afirmar: «¡Conviértanse!». «Un grito que a nosotros, los habitantes de Agrigento, nos recuerda inmediatamente el de Juan Pablo II dirigido a la mafia».


Excelencia, ¿qué verá y qué encontrará el Papa León cuando llegue a la isla de Lampedusa?

Bueno, en primer lugar encontrará una isla llena de turistas, aunque ciertamente no viene por eso. Encontrará una isla expectante, que mantiene vivo el recuerdo de la visita del Papa Francisco, la primera visita apostólica que realizó precisamente a Lampedusa, un recuerdo todavía muy presente. Esto hace sentir la cercanía, una cercanía concreta y sencilla, de la Iglesia en este rincón de tierra, en esta comunidad, con una atención especial hacia los pueblos en movimiento y hacia los migrantes.

Eso es lo que el Papa encontrará. Como saben, la visita será breve y tiene un recorrido que es logístico, pero también profundamente espiritual por la forma en que ha sido concebida. Al llegar al aeropuerto, el Santo Padre se trasladará inmediatamente al cementerio, de manera privada, para un momento de recogimiento personal ante las tumbas de algunos migrantes.

Se detendrá donde descansa el pequeño Yusuf, un niño que fue enterrado allí junto con otros. Ese gesto representa la caricia que los muertos en el mar nunca recibieron. Es, por tanto, una comunión con quienes dejaron esta vida terrenal para entrar en la vida eterna. No debemos perder de vista este aspecto.

¿Qué ha cambiado en Lampedusa desde la visita del Papa Francisco hasta hoy?

En realidad, desde la visita del Papa Francisco no ha cambiado demasiado, porque los desembarcos continúan: son más o menos frecuentes según las condiciones meteorológicas, pero sobre todo dependen de las salidas que, de una u otra manera, son obstaculizadas, facilitadas o permitidas desde las costas del norte de África. Ahí habría que hacer una reflexión de carácter más político sobre estos movimientos.

¿Qué ha cambiado en el momento del desembarco? Antes, especialmente antes de la visita del Papa Francisco, eran más frecuentes los rescates realizados por los pescadores. Ahora el salvamento de vidas se lleva a cabo fundamentalmente por la Guardia Costera y la Guardia de Finanzas, que actúan directamente en el mar.

Antes existía una mayor cercanía entre la comunidad local y los migrantes. En los primeros tiempos, eran acogidos en las casas, se les ayudaba a encontrar ropa seca, se les daba de comer... Algunos incluso podían asearse para quitarse el agua del mar o, lamentablemente, los restos del combustible, que es algo terrible.

Todo eso ya no existe desde hace años, porque una vez que entró en funcionamiento el dispositivo organizado por los distintos gobiernos -y en algunos aspectos eso ha sido positivo- la situación pasó a estar gestionada por las numerosas fuerzas presentes en la isla. Utilicemos el término con cautela, pero hoy el desembarco está bastante «militarizado», bajo el control de las fuerzas del orden y de sus distintos cuerpos.


¿Y qué hace la Iglesia en todo este contexto?

En este contexto, la Iglesia, la comunidad de Lampedusa y algunos representantes de las ONG presentes en el conocido —o tristemente célebre— muelle Favarolo intentan «humanizar» el desembarco, en la medida en que todavía es posible permanecer allí, porque también eso está cambiando y cada vez resulta más difícil para los voluntarios estar en el muelle.

Son pequeños gestos que quizá parezcan insignificantes. ¿Qué haces? Das, por ejemplo, una botella de agua o un vaso de té caliente... pero, sobre todo, miras a las personas a los ojos. En mi opinión, lo más importante es mirar a estos hombres, mujeres y niños a los ojos.

Y eso tampoco parece algo evidente en un momento en el que, a nivel político, se habla de remigración. ¿Qué piensa usted al respecto?

Yo creo que la remigración está en contra del Evangelio, pero eso ya lo ha dicho el Papa. Es una lógica cada vez más restrictiva. Lo que cambia es el punto de vista, porque la perspectiva desde la que los gobiernos de Italia y del resto de Europa contemplan el fenómeno migratorio es una perspectiva centrada en la seguridad. Sin embargo, si queremos preservar la humanidad, la dignidad de la persona y la humanidad que también hay en nosotros, ese no puede ser el enfoque.

El verdadero punto de referencia son las palabras del Evangelio, donde encontramos las expresiones adecuadas: «Fui forastero y me acogieron»; al menos me dieron refugio, no me dejaron morir. Y eso no es poca cosa.

¿Qué mensaje transmite, en su opinión, esta visita del Papa, que además tiene lugar apenas unas semanas después de su viaje a Gran Canaria y Tenerife, otro escenario de la tragedia migratoria?

Es algo muy interesante. El Papa fue a las Islas Canarias y utilizó esa expresión: «Deténganse, conviértanse». Para quienes vivimos en la provincia de Agrigento, esa palabra, «conviértanse», evoca inevitablemente —porque sigue muy viva en la memoria de todos— el grito de Juan Pablo II en el Valle de los Templos: «Les digo a ustedes, hombres de la mafia: conviértanse; un día llegará el juicio de Dios».

Después pasamos de ese «deténganse y conviértanse», referido precisamente a los migrantes, a otro episodio pequeño, pero muy significativo: la visita del Santo Padre a Pavía, donde hizo una parada ante la Madre Cabrini. ¿Y quién era la Madre Cabrini? Todos lo sabemos: la patrona de los migrantes. Fue precisamente León XIII quien le dijo que debía ir de misión no hacia Oriente, sino hacia Occidente.


Ese gesto amplía verdaderamente la perspectiva sobre las migraciones y sobre los pueblos en movimiento, de Oriente hacia Occidente. Ahora me parece que ese pequeño círculo se cierra en Lampedusa. Las migraciones afectan a todo el mundo y aquí todo converge en un lugar simbólico del Mediterráneo.

Creo que es un mensaje formidable. No proclamado a gritos, sino vivido y compartido y, precisamente por eso, quizá más eficaz. Porque quien solo grita, grita, pero no logra llegar a las conciencias ni tocar el corazón.

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03 julio 2026, 13:21