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Cardenal de Perú, Carlos Castillo Cardenal de Perú, Carlos Castillo  

Te Deum por la Independencia del Perú: un llamado a renovar la esperanza y la humanidad

Con ocasión del 205.º aniversario de la Independencia del Perú, la Iglesia celebró el tradicional Te Deum en la Basílica Catedral de Lima. Durante la Eucaristía, el cardenal Carlos Castillo llamó a leer la historia del país a la luz del Evangelio, exhortó a renovar el compromiso con el bien común y propuso a María, en la Visitación, como modelo de servicio, reconciliación y esperanza ante la actual crisis de humanidad.

Rocio Garcia - Ciudad del Vaticano

La celebración fue presidida por el Arzobispo de Lima y Primado del Perú, el Cardenal Carlos Castillo, y concelebrada por Monseñor Fermín Emilio Sosa, delegado especial de la Santa Sede; Monseñor Paolo Rocco Gualtieri, nuncio apostólico en el Perú; los obispos auxiliares de Lima y numerosos sacerdotes

Durante la homilía, el cardenal invitó a contemplar la historia del Perú como un camino que sigue interpelando el presente. Recordó la proclamación de la Independencia del 28 de julio de 1821, realizada por el general José de San Martín, así como la primera Constitución de 1823, que proclamó que "todas las provincias del Perú reunidas en un solo cuerpo forman la nación peruana".

También evocó uno de los momentos más complejos de la historia republicana: la imposición de la denominada Constitución Vitalicia, promovida por Simón Bolívar en 1826. Recordó que aquella norma estuvo vigente apenas 49 días, al representar un intento de imponer un régimen dictatorial contrario al espíritu de la primera Constitución, aunque destacó que la esperanza del pueblo permitió preservar el anhelo de vivir en libertad y democracia.

Recordar la independencia para renovar la esperanza

A partir de esta memoria histórica, el Primado del Perú afirmó que el Perú sigue siendo una promesa en proceso de cumplimiento. Por ello, sostuvo que el país necesita respuestas políticas capaces de afrontar los desafíos actuales, acompañadas por respuestas éticas y espirituales que fortalezcan el compromiso con el bien común, eduquen a los ciudadanos para superar los intereses particulares y favorezcan una cultura de solidaridad y responsabilidad.

En este contexto, advirtió que algunos sectores quisieran que la Iglesia permaneciera en silencio frente a los problemas sociales y políticos, mientras que otros buscan instrumentalizar la religión para respaldar intereses partidistas. Frente a ello, recordó las palabras del Papa León XIV en la encíclica Magnifica Humanitas: “Allí donde la humanidad corre el peligro de perder su rostro, nosotros, los cristianos, alzamos los ojos hacia el Dios que se hizo carne, sabiendo que "el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado". Con esta cita reafirmó que la misión de la Iglesia es iluminar la vida social desde el Evangelio y promover la dignidad humana y el bien común.

Frente a una crisis de humanidad

Al trasladar su reflexión al momento presente, el cardenal calificó la situación actual del Perú como "catastrófica", no tanto por los indicadores económicos, sino porque la dignidad humana se encuentra seriamente amenazada por la ambición de poder, la corrupción y el afán de enriquecimiento ilícito.

Señaló que esta crisis no es exclusiva del Perú, sino que forma parte de una realidad mundial marcada por el debilitamiento de la democracia, el aumento de la violencia, la proliferación de conflictos armados y diversas formas de exclusión que atentan contra la dignidad de las personas.

Asimismo, explicó que estas dinámicas se han gestado tanto desde la base de la sociedad como desde las estructuras del poder, infiltrando incluso las instituciones. Advirtió sobre el riesgo de un sistema de control sustentado en la tecnología, el avance de tendencias autoritarias y la promoción de guerras que dejan a millones de personas sumidas en la pobreza, el hambre, la marginación y el desplazamiento, mientras se vulnera la soberanía de numerosos pueblos.

Ante este panorama, hizo un llamado a promover procesos de reconciliación, justicia, diálogo y paz. En ese sentido, propuso una reconciliación acompañada de una restitución justa a las víctimas, una paz construida sin violencia, el fortalecimiento de la diplomacia y de las instituciones democráticas, así como reformas que impidan la expansión del terrorismo, la impunidad y toda forma de agresión contra la vida humana.

María, modelo para un pueblo solidario

Como fundamento espiritual de su reflexión, el Primado del Perú meditó el pasaje de la Visitación de la Virgen María a su prima Isabel, presentado como un modelo de servicio, solidaridad y esperanza para responder a la realidad del país.

Explicó que María no permaneció inmóvil ante el anuncio recibido, sino que se levantó, emprendió el camino y asumió los riesgos necesarios para acompañar a su prima. Esa actitud, afirmó, invita hoy a abandonar la comodidad, salir al encuentro de quienes sufren y colaborar activamente en la construcción de una sociedad más fraterna.

Añadió que este pasaje evangélico revela también un nuevo modo de ejercer la autoridad: los grandes están llamados a ponerse al servicio de los más vulnerables, de quienes han sido olvidados, marginados o víctimas de la violencia y la injusticia.

Un llamado a la conversión y al bien común

Al concluir su homilía, el cardenal Carlos Castillo exhortó a los peruanos a dejar de lado los intereses particulares para trabajar por el bien común, especialmente en un contexto marcado por profundas tensiones sociales y políticas.

Retomando las enseñanzas del Papa León XIV en la encíclica Magnifica Humanitas, recordó que, en una época marcada por la inteligencia artificial y nuevas formas de deshumanización, los cristianos están llamados a custodiar y promover la auténtica humanidad.

Finalmente, invitó a emprender un camino de conversión personal y comunitaria que permita reparar el daño causado, restituir la justicia a las víctimas y renovar el compromiso con una nación fundada en la solidaridad, la democracia y la esperanza. Como signo de ese compromiso, concluyó invitando a toda la asamblea a hacer suyo el canto del Magníficat, la oración de María que proclama la justicia y la misericordia de Dios para todos los pueblos.

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29 julio 2026, 13:13