Una vida dedicada a Jesús y a las obras de la Cruz
Antonietta Rauti
La hermana Teresa ha vivido una vida llena y feliz, una felicidad que nacía del amor: por Jesús y por las obras de la Cruz. En 1986 llegó a Roma para fundar en la Ciudad Eterna una casa de su congregación y, desde entonces, se ha dedicado incansablemente a difundir la espiritualidad de la Cruz en Italia. Lo hizo con todos los medios a su alcance: la oración, la acogida, el cuidado de las relaciones, la traducción del español y la difusión de las obras de Conchita —autora de una obra que supera en volumen a la de Santo Tomás—, empezando por Diario di una madre di famiglia (Città Nuova, 2007), el libro que la dio a conocer y la hizo apreciar en Italia.
Durante cuarenta años, cada año, la hermana Teresa se encargó de publicar un libro en italiano basado en los escritos de Conchita, y lo repartía en Navidad entre los amigos y colaboradores que, con pocos medios pero con gran generosidad, la habían apoyado en esta misión. Un compromiso constante que ha permitido dar a conocer la espiritualidad de la Cruz a muchas personas.
Sin embargo, la hermana Teresa era, ante todo, una monja de clausura, y la oración fue su principal actividad: incesante y perpetua ante el Santísimo, para interceder por todos, especialmente por los sacerdotes, según el carisma de su congregación: «¡Jesús, Salvador de los hombres, sálvalos!».
Hasta el último día de su vida acompañó con la oración a sacerdotes, matrimonios, jóvenes y familias.
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