El Dios cercano que camina con su pueblo
Johan Pacheco
En el Evangelio hemos escuchado las palabras de Jesús: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo» (Juan 6, 51-58). Él nos llama también en el caminar de la procesión de la vida, en el que nos encontramos con el prójimo, y nos invita a ser anunciadores del Evangelio, atributos que nacen también de esa cercanía con el Pan de Vida.
El Papa recordó en su homilía que el Pan de Vida «es el Dios cercano que camina con su pueblo, el Señor de la historia, consuelo de los débiles, luz para las familias, esperanza para los enfermos, paz para quien sufre». Y, sobre el paso de la custodia que lleva a Jesús Eucaristía en esta celebración por tantas calles, insistió en que «no se trata únicamente de sacar la custodia, sino de dejarnos sacar nosotros mismos del egoísmo, de la indiferencia, de una fe cómoda y privada, para responder a su invitación a la conversión».
Ante las luces de un mundo que quiere opacar la grandeza de Jesús Eucaristía, en él encontramos una luz que sobrepasa cualquier intención humana y nos alimenta con su gracia. El compromiso al que nos llama es seguir haciendo la procesión en la vida cotidiana como custodios del Corpus Christi, haciendo el bien y construyendo el Reino de Dios.
La misma imagen de la procesión del Corpus Christi que ha presidido el Papa León en Madrid, es una forma de entender cómo hoy también podemos llevar a Cristo a las calles, no solo como una costumbre, tradición o formalismo, sino como un gran signo de la presencia de Dios en medio de su pueblo.
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