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Jason: El kerigma y la sinodalidad, dos dimensiones inseparables en la misión de la Iglesia

El arzobispo de Puerto España, Mons. Charles Jason Gordon, compartió su experiencia de sinodalidad, en la que el kerigma recobra vigencia, y afirmó que el anuncio de Jesucristo genera comunión, impulsa la construcción de relaciones sanas y abre caminos de transformación social a partir de la escucha, el discernimiento y la conversión del corazón

Rocío García - Ciudad del Vaticano

El Encuentro Regional del Caribe, convocado por el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM), se desarrolla del 8 al 11 de junio en Trinidad y Tobago. En este contexto de reflexión, Mons. Charles Jason Gordon, arzobispo de Puerto España y presidente de la Conferencia Episcopal de las Antillas, compartió una reflexión teológico pastoral basada en su experiencia de trabajo sinodal con los obispos de su región.

El prelado explicó que, como parte de este camino, se han desarrollado una serie de reuniones periódicas entre los obispos, en las que se ha promovido la escucha y el discernimiento, lo que los ha llevado a reflexionar sobre el kerigma como núcleo de la fe cristiana.

El kerigma como fuente de transformación

Mons. Gordon expresó que, como fruto de este proceso, surgió una pregunta que marcó de manera decisiva la experiencia de diálogo y reflexión entre los obispos de las Antillas: “¿Cuál es el papel de la Iglesia en estas sociedades en las que vivimos y cómo aporta algo distinto que genere transformación?”.

A partir de estas inquietudes, los prelados volvieron la mirada al kerigma como corazón de la fe cristiana, reconociendo su capacidad para formar discípulos que construyen relaciones sanas y, al mismo tiempo, contribuyen de manera real a la transformación de la sociedad.

El prelado añadió que el kerigma no es una gracia que se recibe únicamente al inicio de la vida cristiana, sino una experiencia viva que se profundiza y madura con el paso del tiempo. “Es una gracia que aumenta y crece a medida que avanzamos en este camino de fe”, señaló.

En su intervención, subrayó que la vivencia del kerigma posee una fuerza capaz de impulsar procesos de cambio que respondan a los desafíos sociales y eclesiales del Caribe, generando una vida nueva que se expresa en relaciones más humanas, comunidades más fraternas y un compromiso concreto con la realidad.

Kerigma y sinodalidad: una única dinámica eclesial

El arzobispo además precisó  que el kerigma y la sinodalidad son realidades que no pueden comprenderse por separado: “Son una misma dinámica; no son dos cosas separadas, sino un único movimiento desde los inicios de la Iglesia”.

En este sentido, sostuvo que el anuncio de Jesucristo siempre genera comunión y vida compartida. Por ello, insistió en que “el kerigma nunca se recibe en solitario”, ya que está llamado a producir frutos de encuentro, participación y corresponsabilidad dentro de la comunidad cristiana.

Asimismo, señaló que la sinodalidad es la forma comunitaria del kerigma, una dinámica que permite custodiar la sencillez, la claridad y la fuerza transformadora del anuncio cristiano.

Recordó además que, desde los orígenes de la Iglesia, el discernimiento comunitario ha estado al servicio de la misión evangelizadora: “La misión no se decide desde arriba y se anuncia hacia abajo, sino que surge de la comunidad reunida en oración”, afirmó.

Encuentro Regional del Caribe
Encuentro Regional del Caribe   (©CELAM)

La escucha auténtica abre caminos para acompañar las realidades del Caribe

Mons. Gordon reconoció que este camino sinodal no ha sido fácil, y que los últimos cinco años de trabajo han surgido grandes desafíos. “Hemos escuchado lo que no queríamos escuchar”, admitió. Sin embargo, destacó que esta experiencia les ha permitido descubrir una convicción profunda: “el pueblo del Señor ama a su Iglesia”.

Expresó que la escucha auténtica ha abierto nuevos caminos para comprender las necesidades, esperanzas y heridas de las comunidades caribeñas. En este sentido, advirtió que “la herida es muy profunda” y que “requiere la conversión de los corazones”.

En este contexto, subrayó que los discípulos misioneros están llamados a construir “relaciones sanas” y a formar “comunidades de verdad”, capaces de afrontar desafíos como; la pobreza, la fragmentación social y el acompañamiento de las nuevas generaciones en un ambiente eclesial más saludable.

Asimismo, animó a permitir que el kerigma “descienda cada vez más profundamente al corazón de las personas, de las comunidades y de la Iglesia”, convencido de que toda transformación social duradera nace primero de una renovación interior. Desde esta experiencia de encuentro con Cristo, sostuvo, pueden surgir comunidades capaces de llevar esperanza y responder a los desafíos que enfrenta el Caribe.

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10 junio 2026, 14:56