Carmen Hernández: clausura de la fase diocesana de la Causa de beatificación
Debora Donnini – Madrid
En el frondoso jardín del Seminario Redemptoris Mater de Madrid, unas 650 personas asistieron al acto de clausura de la fase diocesana de la causa de beatificación y canonización de la sierva de Dios Carmen Hernández Barrera, cofundadora del Camino Neocatecumenal junto con Kiko Argüello. A sus espaldas, su tumba, rodeada de vitrales, donde muchos, antes del inicio y después, se arrodillaron en señal de oración y agradecimiento al Señor: un signo tangible del cuidado hacia cada persona que Carmen demostró a lo largo de su vida. Por lo tanto, no solo fue iniciadora del Camino Neocatecumenal, no solo una misionera durante más de 52 años, no solo una teóloga, profunda conocedora y transmisora de la renovación del Concilio Vaticano II. Sino, sobre todo, una mujer que amó: amó a Cristo, a la Iglesia, a los Pontífices, pero también a cada persona, a aquellos que Dios le puso concretamente en el camino, a veces intransitable, de la vida.
Casi diez años después de su fallecimiento, acaecido el 19 de julio de 2016 en Madrid, concluye la fase diocesana de la causa, iniciada el 4 de diciembre de 2022. Presidió el acto el cardenal José Cobo Cano, arzobispo de Madrid, quien, en su intervención, exhortó a ponerse en manos del Señor de cara a la siguiente fase de la causa. A continuación, invitó a profundizar en el propio Bautismo para vivir la santidad, que es un camino «al que todos estamos llamados», expresando el deseo de que «la santidad siga siendo el estandarte de nuestra Iglesia».
En la ceremonia también estuvieron presentes el cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo emérito de la misma archidiócesis, el cardenal Paolo Romeo, arzobispo emérito de Palermo, varios obispos y familiares de Carmen, además de muchas personas especialmente vinculadas a ella del Camino Neocatecumenal, que pocos días antes había celebrado su 60.º aniversario en la capital española.
Casi cuatro años después de su inicio, concluye, por tanto, la investigación diocesana sobre su fama de santidad, de modo que la causa puede continuar en su «fase romana» ante el Dicasterio para las Causas de los Santos. Frente a los participantes, en el escenario se encuentran el cardenal Cobo Cano, el delegado episcopal para las causas de los santos, el padre Alberto Fernández y otros. En primera fila, Kiko Argüello, el padre Mario Pezzi y Ascensión Romero, que forman el equipo internacional del Camino Neocatecumenal y son miembros de la parte demandante de la causa, junto con los presidentes de las Fundaciones «Familia de Nazaret» de Roma y Madrid.
Metola: peticiones de gracias y favores no solo de personas del Camino Neocatecumenal
Nacida en Ólvega en 1930, Carmen «durante 52 años llevó, de forma itinerante, el anuncio del Evangelio a numerosas diócesis de todo el mundo», recordó en la introducción al acto el postulador para la fase diocesana, Carlos Metola, destacando en particular su celo apostólico y su amor por Jesucristo. La tumba de Carmen, explicó Metola, ha sido meta de numerosas visitas de fieles, sobre todo para pedir favores y gracias a Dios, por medio de su intercesión. Y también han acudido a pedir favores muchas personas que no pertenecen al Camino Neocatecumenal. «Hasta la fecha —dijo— han pasado 120 000 personas procedentes de 107 países diferentes», entre ellas unos 3000 sacerdotes y 70 obispos. En el libro de visitas también hay agradecimientos por haber recibido gracias y favores. En total se han contabilizado unas 74 000 anotaciones.
Kiko: sin ella, el Camino no existiría
Visiblemente conmovido, tomó luego la palabra para dirigirse a los presentes Kiko, quien junto a Carmen ha llevado adelante durante más de cincuenta años una misión de evangelización «fruto del Concilio Vaticano II», «una iniciación cristiana que la Santa Sede aprobó definitivamente en 2008, y que ha salvado a miles de familias y ha dado muchas vocaciones a la Iglesia», dijo entre los aplausos de los presentes, que expresaban así que ellos también eran testigos de la verdad de esas palabras. «Sin ella, el Camino Neocatecumenal no existiría», prosiguió, explicando cómo fue ella quien aportó «las riquezas del Concilio Vaticano II, de la Vigilia Pascual, de las raíces judías del cristianismo». Carmen, recordó, «era una teóloga en constante búsqueda y profundización. Su extraordinaria inteligencia espiritual la puso con generosidad al servicio del Camino, sabiendo transmitirnos con entusiasmo la novedad del Concilio. Toda su existencia estuvo marcada por su amor a Cristo y a la misión de la Iglesia».
Kiko también recordó el deseo que tenía Carmen de anunciar el Evangelio a los pobres: había trabajado en los barrios más desfavorecidos de Barcelona y luego quería ir a Bolivia para ayudar a los mineros, pero Dios la estaba esperando en 1965 en las chabolas de Palomeras Altas, en Madrid. Allí decidió colaborar de verdad con Kiko solo cuando el entonces arzobispo, monseñor Casimiro Morcillo, confirmó esa misión. Una mujer excepcional, recordó Kiko, de gran generosidad, que aceptó permanecer en un segundo plano. Detrás de la difusión del Camino «está el amor oculto que sentía por Cristo», concluyó Kiko, confiando «a la Madre Iglesia esta nueva etapa romana del proceso de beatificación y canonización de Carmen».
La presentación de las Actas
Tras la oración inicial y el canto Ven, Espíritu Creador, se presentaron las Actas. Se trata de 70 cajas —cada una con 1.200 páginas— todas selladas excepto una, la última, donde se guardan los últimos documentos generados durante el proceso. A continuación, el cardenal Cobo Cano firmó el decreto de clausura de la fase diocesana. Al final, la asamblea entonó un canto que Kiko dedicó a Carmen, retomando un poema de Tagore que le gustaba mucho a la sierva de Dios porque estaba relacionado con su decisión de dejarlo todo por la misión, tal y como deseaba desde niña.
Farrell: custodiad e imitad su fe
También envió un mensaje el cardenal Kevin Farrell, prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, que fue leído por Ascensión Romero. «Es motivo de gran consuelo y aliento para todos los que pertenecen al Camino Neocatecumenal ver que la fundadora de este Camino, junto con Kiko Argüello, ha sido reconocida por la Iglesia local de Madrid como ejemplo de vida cristiana, de fe, de amor a la Iglesia, de ejercicio perseverante de las virtudes y de celo por la evangelización», escribió el cardenal. Y recordó los numerosos testimonios recopilados a lo largo de estos años que «dan fe de la fama de santidad de la que goza Carmen entre las personas que la conocieron». «Muchos —destacó Farrell en el mensaje— recuerdan de ella su carácter franco e incapaz de fingir, su amor por la oración y la liturgia, su inclinación a la reflexión teológica, su familiaridad con la Sagrada Escritura, su afecto filial por los Sumos Pontífices, la viva conciencia de la centralidad del misterio pascual en la existencia cristiana, la veneración por los lugares santos vinculados a los misterios de la vida terrenal de Jesús, su amor tierno y apasionado por Cristo, considerado el esposo de su alma».
El cardenal Farrell exhorta, por tanto, a todos los miembros del Camino Neocatecumenal a custodiar e imitar los «aspectos de su pensamiento, de su sensibilidad religiosa y de su fe cristalina, que constituyen un patrimonio espiritual», y expresa el deseo de que, siguiendo su ejemplo, «crezcan en santidad, en amor filial hacia la Iglesia y en ímpetu misionero» para que «las numerosas semillas que ella ha sembrado en su generoso apostolado de formación a la vida cristiana den fruto en abundancia».
Por último, el canto Bendita seas, María. Allá por 1959, mucho antes de que comenzara toda esta historia, en su pequeña habitación de Madrid, con solo 20 años, Kiko había sentido la inspiración de la Virgen: «Hay que hacer comunidades cristianas como la Sagrada Familia de Nazaret, que vivan en humildad, sencillez y alabanza. El otro es Cristo».
Este Acto ha sido una gran alegría también porque se acerca la visita de León XIV a España, que comenzará este fin de semana: estamos viviendo una semana llena de alegría, ha dicho Carlos Metola en una entrevista a los medios vaticanos.
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