Ucrania, Padre Márquez (OCD): "Aquí está la esperanza que sostiene al mundo."
Svitlana Dukhovych – Ciudad del Vaticano
Un profundo cansancio, pero también una fe capaz de perseverar y unir. Esta es la imagen de Ucrania que transmite el padre Miguel Márquez Calle, Superior General de los Carmelitas Descalzos (OCD), al término de su cuarta visita al país desde el inicio de la guerra. Su viaje estuvo marcado por la decisión de compartir la Semana Santa con las comunidades locales, en medio de un conflicto que parecía interminable.
El padre Márquez explica que sintió la necesidad de estar presente junto a sus hermanos y los Carmelitas Descalzos durante el Triduo Pascual: «Mientras nosotros vivimos en tranquilidad en Roma, mis hermanos y hermanas necesitados están allí». Un gesto de cercanía que, subraya, representa también el verdadero sentido de la vida religiosa.
Comunidades actuales y proximidad a la población
En Ucrania, la Orden está presente con tres comunidades de frailes —en Berdychiv, Kiev y Hvizdava— y dos monasterios de monjas carmelitas descalzas, entre Kiev y Járkov. A pesar de las dificultades, los religiosos continúan realizando actividades pastorales y espirituales y brindando apoyo práctico a la población, colaborando también con organizaciones que ofrecen asistencia psicológica y legal.
«La guerra ha creado escenarios dramáticos: pobreza, enfermedad, familias destrozadas», afirma el Superior General, haciendo hincapié en cómo la presencia de los religiosos se traduce principalmente en obras de apoyo humano y espiritual.
Una sociedad suspendida entre la normalidad y la tensión.
La imagen que emerge es la de una sociedad marcada por una aparente normalidad, que oculta una tensión constante. «Ves a la gente en los bares o en la calle, pero luego te cuentan lo que realmente están viviendo», observa. La ausencia de muchos jóvenes, a menudo desplegados en el frente, resulta particularmente llamativa. Incluso entre los religiosos, la tensión de una guerra prolongada es palpable, pero —subraya— su cercanía con la gente sigue siendo fuerte. «Es una presencia tangible, basada en escuchar y compartir».
La fe, una fuerza que une
A pesar del contexto, el padre Márquez destaca la profunda fe que viven las comunidades locales. Las celebraciones de Semana Santa, afirma, estuvieron marcadas por una intensa participación y una gran unidad. «El Aleluya que se canta allí tiene una fuerza única», comenta, recordando la emoción vivida durante las liturgias y la gratitud de la gente por la presencia de quienes venían de fuera. La fe, en este contexto, se convierte en fuente de cohesión y esperanza.
El rostro del sufrimiento
Entre los momentos más emotivos de la visita se encontraba el encuentro con las personas atendidas en un centro de apoyo: familias que habían perdido a seres queridos en el frente, heridos de guerra y enfermos. «Lloraban al contar sus historias, pero al mismo tiempo expresaban su gratitud por la ayuda recibida». Fue una experiencia que, según confiesa, le cambió la perspectiva: «Uno va para brindar consuelo, pero al final, son ellos quienes transmiten fuerza».
“No pregunto dónde está Dios: lo veo en ellos”.
Ante tanto dolor, el padre Márquez no habla de una crisis de fe, sino de la presencia de Dios manifestada precisamente en los afectados por la guerra. «Son ellos quienes nos hablan de Dios», afirma, recordando la constante petición de bendiciones y señales religiosas. Una señal, según él, de una profunda necesidad espiritual expresada también en la oración diaria, vivida como la única «arma» verdadera frente a la violencia.
El riesgo de la indiferencia
El Superior General advierte también sobre otro peligro: la adicción a las noticias de guerra y la difusión de noticias falsas. «Corremos el riesgo de aislarnos en nuestra propia "zona de confort" y volvernos insensibles», observa. Por ello, nos insta a mantener una mente abierta y a involucrarnos en el sufrimiento ajeno, evitando el aislamiento emocional.
La Pascua en tiempos de guerra: "Viviendo el Evangelio"
Celebrar la Pascua en Ucrania, concluye, significó «vivir el Evangelio» de forma concreta. Incluso en situaciones peligrosas —como durante un atentado en Kiev—, optó por permanecer cerca de la gente. «No se trata de buscar emociones, sino de compartir la vida», afirma, reiterando que el testimonio cristiano surge precisamente de la cercanía en los momentos más difíciles.
En un contexto marcado por la muerte, la esperanza, para el padre Márquez, reside en la fe sencilla y perseverante de quienes siguen rezando cada día: «Esta es la fuerza que mantiene al mundo en pie».
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