2026.04.10 Nigeria

En Nigeria no cesa el dolor por las matanzas de Pascua

Entrevista con monseñor Bulus Dauwa Yohanna, obispo de Kontagora, diócesis de las zonas afectadas por la furia de los bandidos. Este país de África Occidental se ve azotado por una violencia sin límites que está causando miles de muertos y decenas de miles de desplazados.

Federico Piana - Ciudad del Vaticano

La dinámica de las matanzas que en Semana Santa volvieron a ensangrentar Nigeria se revela ahora con toda su cruda claridad y dramatismo, poniendo de manifiesto lo que el mundo sabe desde hace muchos años y, desde hace muchos años, ignora sistemáticamente: este país de África Occidental se encuentra sumido en una violencia sin límites que está causando miles de muertos y decenas de miles de desplazados. 

Lo que ha ocurrido desde el pasado 4 de abril, Sábado Santo, es la enésima y trágica prueba de ello. Así lo relata con dolor en el corazón monseñor Bulus Dauwa Yohanna, obispo de la diócesis de Kontagora, que abarca los estados de Níger y Kebbi. «Los bandidos abandonaron su escondite en la reserva de caza de Borgu, en el estado de Níger, y en las horas siguientes recorrieron más de 100 km en más de 50 motocicletas, deteniéndose en el camino para dormir y reponer fuerzas sin ninguna interferencia por parte de las fuerzas de seguridad nigerianas».

Durante su macabro recorrido, atacaron la aldea de Debe y las localidades vecinas de Kelkemi, Binua y Kaura, en el área administrativa local de Shanga, en el estado de Kebbi. Cabe destacar que todas las zonas arrasadas forman parte precisamente de la diócesis de Kontagora. «La iglesia católica y la casa del catequista en Debe —revela el obispo— han sido arrasadas, y el catequista, su esposa y su familia apenas lograron salvarse, mientras que el pastor pentecostal de la Iglesia Redeemed, también en Debe, fue masacrado». También fue destruida una mezquita.


La furia de los grupos criminales

Es difícil, cuenta el obispo, saber cuántas víctimas ha habido realmente porque «los bandidos permanecieron en Debe hasta hace dos días, lo que hizo imposible enterrar los cadáveres. Sin embargo, a juzgar por los desaparecidos, los muertos deberían ser al menos 24. Mientras tanto, todavía hay unas 500 personas escondidas en la parroquia de Yauri, al otro lado del río Níger, y también en el resto de la diócesis».

La furia de los grupos criminales ha afectado no solo a los cristianos, sino también a los musulmanes y a los seguidores de religiones tradicionales. Monseñor Dauwa Yohanna cree que detrás de estos sangrientos ataques se encuentra la acción de los pastores fulani, cuyo objetivo sería apoderarse de las tierras liberadas mediante la violencia:

«Desde julio de 2025 todo ha cambiado a peor en la diócesis de Kontagora. En toda esta parte de la Iglesia, pero en particular en el decanato de Borgu, al oeste del río Níger y en la frontera con la República de Benín, los bandidos han tomado el control de una zona de más de 10 000 km². Aparte de la presencia del ejército y la policía en las aldeas de Babana, Papiri y Agwara, toda la zona está bajo el dominio de los bandidos, no de las autoridades nigerianas».

Las dificultades de Nigeria

Monseñor Bulus Dauwa Yohanna pide a la comunidad internacional que organice lo antes posible misiones diplomáticas en las zonas afectadas para que los funcionarios extranjeros puedan ver con sus propios ojos lo que realmente está ocurriendo en el país. «En particular, los medios de comunicación internacionales tienen un papel fundamental que desempeñar a la hora de dar a conocer las atrocidades que se producen a cada hora. Nigeria se está convirtiendo en un Estado fallido: quien puede, intenta huir».

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10 abril 2026, 15:11