“Ahora es el momento de la paz”: el grito del Papa León XIV en Camerún

En el corazón del conflicto anglófono, el Pontífice reafirma que la paz debe acogerse como un don y vivirse como tarea común. Su visita impulsa esperanza y un llamado urgente a reconstruir el tejido social.

Sebastián Sansón Ferrari, enviado especial a Yaundé

“Sean por mucho tiempo la sal que da sabor a esta tierra, ¡no pierdan su sabor tampoco en los años venideros! Atesoren lo que los ha unido y lo que han compartido en la hora del llanto. ¡Que todos atesoremos este día en que nos hemos reunido para trabajar por la paz! Sean aceite que se derrama sobre las heridas humanas”. Con palabras intensas y cargadas de cercanía, el Papa León XIV interpela a la comunidad reunida en la Catedral de San José, en Bamenda, al norte de Camerún, una región profundamente herida por los enfrentamientos derivados de la crisis anglófona.

No se trató de un discurso más. El contexto lo atraviesa todo: “hemos visto mucho sufrimiento durante los últimos ocho años”, dicen quienes viven aquí, donde miles de personas han padecido las consecuencias de un conflicto que no provocaron. Allí el Pontífice no eludió la realidad, sino que la enfrentó con meridiana claridad, denunciando las lógicas que perpetúan la violencia.

Advirtió que los señores de la guerra “fingen no saber que basta un instante para destruir, pero que a menudo no basta una vida para reconstruir”, y llamó la atención ante un sistema profundamente injusto, en el que se invierten enormes recursos en la destrucción mientras faltan para sanar, educar y levantar a las comunidades.

Pero su mensaje no se quedó en la mera denuncia. Se convirtió también en un gesto. Al finalizar el encuentro, junto a representantes de distintas comunidades, el Papa liberó varias palomas blancas que se elevan sobre la ciudad, un signo sencillo pero elocuente que expresa el anhelo compartido de paz. Un gesto que sintetiza lo vivido por una comunidad amplia y diversa -católicos, protestantes, religiosos, catequistas, seminaristas- que, como ellos mismos afirmaron en sus testimonios, han atravesado juntos estos años de dolor, sin dejar de buscar caminos de convivencia. En este contexto, la hermana María Isabel, procedente de México, manifestó a los medios vaticanos su inconmensurable gozo por recibir al Pontífice en estas tierras, ya que acudió como mensajero de la paz y de la esperanza. 


En medio de este escenario, la presencia del Sucesor de Pedro fue percibida como profundamente consoladora. Sus palabras vienen como un bálsamo que unge nuestras heridas”, se escucha entre los fieles. Su visita llega precisamente cuando más se necesita cercanía y aliento, y su bendición es acogida como un impulso para seguir adelante. De hecho, el propio Papa reconoció y agradeció la labor silenciosa de tantos hombres y mujeres -muchos de ellos expuestos al peligro- que, desde la fe y el compromiso cotidiano, trabajan por reconstruir el tejido social.

Es en este punto donde su llamado adquirió una fuerza especial: la paz, insistió, no se fabrica ni se impone. “No hay que inventar la paz, hay que acogerla”, afirmó, invitando a reconocer en el otro a un hermano. Un mensaje que interpela directamente a una sociedad marcada por divisiones, pero que, al mismo tiempo, conserva semillas de unidad. “Somos una sola familia”, recordó, alentando a transformar la convivencia desde dentro.


Ese mismo llamado resonó posteriormente en la celebración de la santa misa en el aeropuerto de Bamenda, donde el Santo Padre lanzó una exhortación apremiante: “Este es el momento de cambiar, de transformar la historia del país. Hoy y no mañana… ha llegado el momento de reconstruir”. No se trata de una propuesta lejana, sino de una invitación concreta a recomponer el “mosaico de la unidad”, valorando la riqueza y diversidad del país y del continente africano.

En este contexto, la visita adquiere un significado que va más allá de lo simbólico. Para muchos, marca un punto de inflexión, un recordatorio de que, incluso después de años de enfrentamientos, es posible volver a empezar.

 

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16 abril 2026, 22:18