El camino martirial de El Salvador: memoria, fe y esperanza
Patricia Ynestroza - El Salvador
El cardenal Gregorio Rosa Chávez, el purpurado ofreció a Vatican News un recorrido por uno de los periodos más dolorosos y decisivos en la historia reciente de El Salvador: los años de persecución contra la Iglesia durante el conflicto armado, entre finales de la década de 1970 y finales de los 80. Este testimonio no es solo un recuento de hechos, sino una invitación a no olvidar. La historia martirial de El Salvador, marcada por sangre y fe, sigue siendo hoy una fuente de inspiración para quienes creen en un futuro más justo.
El inicio: el martirio de Rutilio Grande
El punto de partida de esta historia martirial se sitúa el 12 de marzo de 1977, con el asesinato del padre Rutilio Grande. Su muerte marcó profundamente a Óscar Arnulfo Romero, quien llevaba apenas unos días como arzobispo de San Salvador.
Ante el impacto de aquel crimen, Romero decidió convocar una sola misa dominical para toda la arquidiócesis. Según recuerda Rosa Chávez, un sacerdote presente afirmó: “Romero comenzó tímido, pero el pueblo le dio fuerza… y al final, Romero se hizo pueblo”.
Romero: el pastor que entregó su vida
El 24 de marzo de 1980, Mons. Romero fue asesinado mientras celebraba misa. El cardenal describe recueda: una capilla sencilla, poca gente, sin asistentes litúrgicos. Desde la puerta principal, un francotirador disparó directamente a su corazón.
Hoy, sus vestiduras ensangrentadas y la grabación de su última homilía permanecen como testimonio vivo. En esa última predicación, Romero ofrecía su vida por la paz y la libertad de su pueblo, sellando así su destino como mártir.
La tragedia de la UCA
La violencia no cesó con la muerte de Romero. El 16 de noviembre de 1989, en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), soldados irrumpieron en el campus y asesinaron a seis sacerdotes jesuitas junto a dos colaboradoras. En el museo de la UCA, fotografías, testimonios y poemas mantienen viva la memoria de aquella tragedia, que, pese a su crudeza, también está atravesada por un mensaje de esperanza.
Una memoria que sigue viva
La historia martirial para Rosa Chávez, está profundamente ligada a la esperanza. Esa memoria se reactualiza cada año, especialmente en las conmemoraciones del asesinato de Romero.
En 2026, al cumplirse 46 años de su martirio, la Iglesia salvadoreña ha realizado una gran peregrinación. Bajo el lema “Romero vive y camina con su pueblo”, miles de fieles están recorriendo desde ayer, lunes, las calles hasta su tumba, reafirmando que su legado sigue vigente.
Un mensaje para el presente
El cardenal concluye con una reflexión que conecta pasado y presente. En un contexto que describe como “difícil”, insiste en la necesidad de recuperar el espíritu de Romero: un compromiso con la justicia, la libertad y la dignidad del pueblo.
“Romero vive”, afirma, no solo como recuerdo histórico, sino como guía para un país que aún busca esperanza.
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