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Los cardenales Reina y Mathieu durante la vigilia de oración en la Basílica de Santa Cruz en Jerusalén, Roma Los cardenales Reina y Mathieu durante la vigilia de oración en la Basílica de Santa Cruz en Jerusalén, Roma 

El arzobispo de Teherán: "Que cese la guerra en el Golfo"

La urgencia de recuperar la paz en un mundo desgarrado por múltiples conflictos resonó en la tarde de este lunes de Semana Santa en la Basílica de Santa Cruz en Jerusalén, en Roma. La vigilia, presidida por el cardenal vicario Baldo Reina, contó con la presencia del cardenal de la capital iraní, Dominique Mathieu. «La guerra – dijo – es una aventura sin retorno» y «una espiral de lutos y violencia». Se necesitan «nuevas soluciones» y «espacios de diálogo».

Valerio Palombaro - Ciudad del Vaticano

«Nunca más la guerra, aventura sin retorno; nunca más la guerra, espiral de lutos y violencia»: este es el grito lanzado por el cardenal Dominique Joseph Mathieu, arzobispo de Teherán-Isfahán de los Latinos, durante la vigilia de oración por la paz presidida este lunes por la tarde por el cardenal vicario de la Diócesis de Roma, Baldassarre Reina, en la Basílica de Basílica de Santa Cruz en Jerusalén. El arzobispo de Teherán, retomando algunos pasajes de una oración pronunciada por San Juan Pablo II el 2 de febrero de 1991, invocó la intercesión de Dios para que cese la guerra en el Golfo, que lo obligó a abandonar la capital iraní el pasado 8 de marzo: «Detén la lógica de la represalia y la venganza, sugiere con tu Espíritu soluciones nuevas, gestos generosos y honorables, espacios de diálogo y de espera paciente más fecundos que los plazos apresurados de la guerra».

Los conflictos olvidados y la Tierra Santa herida

La oración de este lunes por la tarde noche —que forma parte del itinerario mensual titulado «Misión de paz – Viaje en el espíritu», promovido por el Centro Misionero Diocesano (CMD) y por la Oficina para la Pastoral Social y del Trabajo de la diócesis de Roma, en colaboración con el Movimiento por la Paz Pax Christi, Italia Solidale-Mondo Solidale, Acción Católica y la Comunidad de Sant’Egidio— no dejó de dirigir la atención y la oración hacia los tantos conflictos «olvidados» que desgarran el mundo, como los del este de la República Democrática del Congo y en Sudán. Pero la vigilia se desarrolló bajo el signo de los acontecimientos que atormentan a Oriente Medio y a Tierra Santa. Los celebrantes expresaron cierto alivio por la decisión de las autoridades israelíes de autorizar, aunque con las restricciones de seguridad impuestas debido a la guerra, la celebración de las ceremonias de la Semana Santa, después de que ayer se negara el acceso al Santo Sepulcro al patriarca de Jerusalén de los latinos, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, y al Custodio de Tierra Santa, el padre Francesco Ielpo.

Tantos inocentes crucificados

«Estamos cerca del pueblo iraní y de todos aquellos que en este momento sufren», declaró el cardenal Reina, al hablar con los periodistas al margen de la vigilia. «Esta iglesia —dijo— conserva una de las reliquias más importantes de la cruz de Cristo. La historia se repite y hay muchos inocentes crucificados. El Papa invita a todos los cristianos a orar por la paz. Es un momento dramático para toda la humanidad».

Abandonar la violencia: la lección de la historia

«La violencia solo produce más violencia», pero «¿cómo es posible que el hombre no haya aprendido esta lección básica de la historia?», fue la pregunta que planteó el cardenal vicario Reina durante su meditación en la Basílica. «El mundo ha perdido la paz», observó el cardenal, y la sociedad se dirige «hacia lo absurdo», «hacia el rearme que tiene sabor a muerte». El cardenal Reina expresó su agradecimiento por la presencia del cardenal de Teherán, quien se unió a esta oración junto con «la de su pueblo y la de todos los pueblos marcados por la guerra». «Jesús está en medio de quienes sufren», dijo. Jesús fue crucificado entre dos ladrones: «Aquel que vino a traer la paz se encuentra en medio, casi como para contar de un Dios que se mezcla con nuestra historia, con nuestro sufrimiento. Con la esperanza de que alguien se dé cuenta de Él, para traer la paz». «Ayúdanos a recuperar la paz», insistió el cardenal Reina, subrayando que esta, en última instancia, no es fruto de «una elección diplomática o de una estrategia, sino que es Cristo».

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31 marzo 2026, 13:48