“Unidos por Arequipa”: más de 4.000 familias afectadas por devastadoras inundaciones

El arzobispo monseñor Javier del Río describe la dramática situación que atraviesa la región de Arequipa debido a las intensas lluvias que también han afectado a otras zonas del país sudamericano, y se detiene en la respuesta solidaria del pueblo: un motivo de esperanza pese al gran sufrimiento.

Debora Donnini – Ciudad del Vaticano

En la región de Arequipa, en Perú, en estos días ríos de agua, lodo y piedras han arrasado violentamente todo lo que encontraron a su paso: árboles, casas, vehículos. Las imágenes muestran la vida de personas que ahora, con botas hundidas en el fango, intentan salvar lo poco que pueden. Perú ha declarado el estado de emergencia ante esta situación no solo en Arequipa, sino también en otras zonas del país. Asimismo, en los últimos días fue inmediata la reacción de la Conferencia Episcopal Peruana, que expresó su dolor y exhortó a la unidad y al apoyo mutuo.

Es especialmente profundo el dolor por las siete personas fallecidas en la zona de Arequipa y por los miles de damnificados que lo han perdido todo, relata en entrevista con los medios vaticanos el arzobispo de Arequipa, monseñor Javier Del Río Alba, quien trabaja día y noche para sostener a la población y coordinar la ayuda.

Escuche la entrevista a Monseñor Javier Del Río, arzobispo de Arequipa, en Perú

Monseñor Del Río, ¿cuál es la situación actual?

La situación es realmente terrible. Las intensas lluvias han provocado que descienda una cantidad enorme de agua desde las alturas e inunde buena parte de la ciudad. Alrededor de 4.000 familias se han quedado sin vivienda porque sus casas fueron invadidas por el fango. Todo el primer piso, el piano terra como se dice en italiano, ha quedado completamente cubierto de lodo; vehículos, muebles, cocinas, refrigeradoras, en fin, todo lo necesario para vivir ha quedado destruido.

Muchas familias no tienen dónde vivir, se están acondicionando albergues temporales para distintas cantidades de personas según los lugares. La situación es verdaderamente tremenda.


Usted ha dicho que los afectados no son números, sino personas, y que necesitan comida, agua potable, medicinas y mantas. También ha pedido ayuda de algunos jóvenes voluntarios.

Sí, efectivamente, y en esto tenemos que agradecer porque la respuesta está siendo realmente formidable. Hemos lanzado una campaña llamada “Unidos por Arequipa”, y la gente se está volcando, llevando a nuestras Cáritas alimentos, medicinas, mantas, ropa de abrigo y también herramientas para retirar el fango que ha cubierto no solo las casas, sino también calles y avenidas, impidiendo el tránsito de vehículos. La gente está respondiendo muy bien.

Cientos de jóvenes, aprovechando que aún están en vacaciones de verano y no han retomado la escuela o la universidad, se han ofrecido como voluntarios, especialmente para ayudar en las labores de limpieza y retirar el lodo.

En Cáritas, además, no podemos entregar alimentos crudos porque las familias no tienen cómo cocinarlos. Por eso hemos adaptado nuestras cocinas y el comedor para ancianos —que funciona todo el año— para preparar almuerzos y cenas diariamente para más de 500 o 600 personas. Es nuestro aporte, y esperamos incrementarlo en los próximos días. Llevamos la comida ya preparada, porque las familias no tienen cocina ni refrigerador, ni un lugar donde conservar los alimentos.

Usted está trabajando día y noche, y ha pedido también a los sacerdotes que organicen momentos de oración en las parroquias. ¿Qué palabras se pueden decir ante tanto sufrimiento?

Es una llamada tanto a los sacerdotes como a los fieles laicos. Muchos laicos, coordinados con sus párrocos, se están organizando para reunirse y rezar, en primer lugar a Dios, y también a nuestra patrona, la Virgen de Chapi, y a Santa Bárbara.

La oración es muy importante por dos razones. Primero, porque queremos vivir en comunión con el Señor; no se trata solo de algo temporal. Arequipa, gracias a Dios, es una ciudad profundamente católica: más del 83% de sus habitantes profesan la fe católica. Queremos apoyarnos en Él, con la certeza de que Dios proveerá en medio de nuestras dificultades y limitaciones.

Además, en este tiempo de Cuaresma vemos también una llamada de Dios a levantar los ojos al cielo y caminar con Él en medio de nuestra precariedad, hacia la Pascua que se acerca y, más aún, hacia la Pascua eterna. Estos fenómenos naturales nos recuerdan que la vida es limitada, que estamos de paso en este mundo. Nos invitan a ser solidarios con nuestros hermanos y a caminar unidos: unidos por Arequipa y unidos hacia la plenitud del Reino de los Cielos.

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27 febrero 2026, 14:25