El cardenal Cupich anima a los inmigrantes en el Miércoles de Ceniza
Vatican News
El cardenal Blase Cupich presidió este año la misa y la procesión del Miércoles de Ceniza en la archidiócesis de Chicago, en la iglesia de la parroquia de Nuestra Señora del Monte Carmelo, situada en el suburbio occidental de Melrose Park.
Las celebraciones tuvieron lugar como muestra de solidaridad con las familias inmigrantes y como expresión pública de apoyo y unidad.
En su homilía para la ocasión, el purpurado recordó las lecturas de las Escrituras en las que Jesús nos dice que Dios ve y actúa en secreto y que es allí donde estamos llamados a encontrarlo a través de nuestras limosnas, oraciones y ayunos, lejos de la vista de todos.
Animó a los inmigrantes a saber siempre que "Jesús les dice hoy: Estoy con ustedes en los lugares secretos" cuando lloran en secreto, trabajan duro por sus hijos sin que nadie se dé cuenta, cuando luchan por enviar ingresos a sus hogares.
La vida insuflada en el polvo
Recordando que desde el principio Dios utilizó el polvo para crear a la humanidad, como arcilla en las manos del alfarero que él moldeó y en la que insufló vida para crearnos, el arzobispo afirmó que, aunque oímos las palabras "eres polvo", esto no significa que no tengamos valor, sino que somos la arcilla en las manos de Dios que nos creó.
"Puede que seas indocumentado a los ojos del Estado, pero fuiste creado a mano por el Creador del universo. Tu valor no proviene de un visado o un permiso, sino del aliento de Dios dentro de ti".
Todos hijos de Dios
Cupich explicó que la marca de la cruz en la frente "es más permanente que cualquier documento de identidad o registro gubernamental", sino que es "un sello que dice que perteneces a Jesucristo" y que eres "ciudadano de una patria que no tiene fronteras".
Destacó que "no importa qué leyes cambien, no importa lo que digan los políticos, y no importa a qué incertidumbres te enfrentes, eres hijo de Dios".
Jesús siempre contigo
Para terminar, el cardenal dijo: "Este día está hecho para ustedes", dirigiéndose a los inmigrantes que a menudo viven en la sombra de lugares ocultos y "son tratados como polvo que se puede barrer".
Alentó a los inmigrantes a no perder la confianza en el hecho de que "Jesús está contigo en tu escondite y ve los sacrificios que haces por tu familia".
Añadió: "Recuerden que son el polvo que Dios ama y al que da vida. Son el polvo que Dios ha abrazado al tomar nuestra carne humana para redimirnos con la cruz marcada en nuestras cabezas".
Levanten la cabeza, concluyó, ya que "es la cruz la que vence toda injusticia, la que conduce a la resurrección, donde se secarán todas las lágrimas y todos los exiliados encontrarán por fin su verdadero hogar".
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