Nuncio en Ucrania: heridos y traumatizados, pero confiamos en Dios
Svitlana Dukhovych – Ciudad del Vaticano
Seis mil edificios de Kyiv perdieron todo tipo de calefacción el pasado 9 de enero tras el ataque masivo de la Federación Rusa. A fecha de hoy, 16 de enero, todavía a mitad de jornada, unos 100 edificios de la capital ucraniana siguen careciendo de cualquier forma de calor. Así lo ha comunicado el alcalde Vitaliy Klychko, según el cual los técnicos municipales trabajan las 24 horas del día para restablecer la calefacción en todos los inmuebles.
"La situación del suministro energético, del que depende la prestación de los servicios domésticos, sigue siendo muy difícil. Kyiv continúa viviendo con apagones eléctricos de emergencia. Los trabajadores del sector energético también siguen trabajando para estabilizar la situación", escribió Klychko en Telegram.
También hoy, durante la rueda de prensa sobre los resultados del encuentro con el presidente checo Petr Pavel, el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy agradeció a los equipos que trabajan cada día en la restauración de las infraestructuras energéticas. "Cada día se trabaja no solo en la reconstrucción de las centrales, sino también en la posibilidad de aumentar las importaciones y las capacidades técnicas, que también han sido destruidas por los ataques rusos cotidianos", afirmó, añadiendo que anoche la demanda de energía eléctrica en Ucrania era de unos 18 gigavatios, mientras que la capacidad del sistema, a causa de los bombardeos, se situaba en apenas unos 11 gigavatios.
Sobre la situación en el país y las dificultades que vive a diario la población, los medios vaticanos dialogan con monseñor Visvaldas Kulbokas, nuncio apostólico en Ucrania.
Excelencia, en el contexto de la crisis energética que ha afectado a varias regiones de Ucrania, incluida la capital, quisiera preguntarle cómo están los ciudadanos de Kyiv. ¿Y cómo están ustedes en la Nunciatura?
Ahora, a causa de la guerra, vivimos una grave crisis energética como consecuencia de los bombardeos que golpean las ciudades y los centros habitados. Por eso, con el frío del mes de enero, con temperaturas que por la noche descienden hasta veinte grados bajo cero, la situación es muy difícil, sobre todo en Kyiv, como indican las autoridades.
Pero, cuando hablo con obispos, sacerdotes y fieles, sé que también en las regiones occidentales, por ejemplo en Leópolis, hay falta de electricidad. Muchas personas me dicen que tienen luz solo durante tres horas al día. La situación es similar en Járkiv, donde hay periodos en los que las familias permanecen dos días seguidos sin luz ni calefacción.
Esto significa que también los panaderos a menudo no logran hornear pan, y lo mismo ocurre con otros alimentos. Por lo tanto, esta crisis energética provoca, además de enormes dificultades para la población civil a causa del frío, una escasez de alimentos. Diría que esto, evidentemente, se asemeja un poco al Holodomor que Ucrania sufrió en los años treinta del siglo pasado.
En la Nunciatura contamos con un generador propio y, por ello, tenemos la posibilidad de disponer de más luz, más agua y más calefacción que otros. Pero, como decía hace algunos días el alcalde de Kyiv, si la situación continuara de este modo, no se excluye que toda la capital ucraniana deba ser evacuada. Esta hipótesis sigue vigente y depende de los bombardeos y de sus consecuencias.
Hoy usted ha presidido la Santa Misa en el Santuario mariano de Berdychiv con ocasión del 35º aniversario de la renovación de las estructuras de la Iglesia de rito latino en Ucrania y de la inauguración del Año del Sagrado Corazón de Jesús proclamado por los obispos latinos para 2026. ¿Qué quisiera decir sobre este acontecimiento celebrado en este contexto tan difícil?
Hoy hemos vivido una celebración muy importante para la Iglesia católica de rito latino en Ucrania, en el santuario principal de Berdychiv. Se reunieron los obispos de todas las diócesis ucranianas. Celebramos el inicio del año dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, suplicándole que nos acoja misericordiosamente, que perdone los pecados y que nos proteja de todo mal. Rezamos para que la bondad de Dios venza al pecado y a la guerra y nos conceda la paz.
Este año se vivirá luego en las familias y en las parroquias, y cada persona está invitada a vivir la devoción personal al Sagrado Corazón de Jesús. Esta ocasión se ha dado también con motivo de la conmemoración de los 35 años del restablecimiento de la jerarquía católica de rito latino, ocurrido el 16 de enero de 1991. Así, hemos dado gracias al Señor por las gracias concedidas.
Sabemos que la guerra está ligada a las instigaciones del diablo, y el diablo tiene miedo de cada momento en el que glorificamos a Dios. Pero somos conscientes y confiamos en que el Señor está con nosotros. Hemos realizado estas celebraciones en unión con el Papa León XIV y con toda la Iglesia. Para mí ha sido una celebración muy conmovedora, muy profunda, y albergo mucha esperanza en sus frutos.
En Berdychiv, ¿tuvo la oportunidad de hablar con los obispos de las regiones particularmente golpeadas por la guerra? ¿Cómo los vio?
Nos encontramos tanto con el ordinario de Járkiv-Zaporiyia y su auxiliar, que se encuentra en Zaporiyia, como con el obispo de Odesa. Espiritualmente los he visto a todos muy confiados en el Señor. Ayer, en Járkiv, durante todo el día no tuvieron electricidad: es un momento muy agotador.
Quisiera añadir que hablé con un católico de Sumy que realiza diversas misiones humanitarias precisamente en la región de Járkiv. Le pregunté cómo se encontraba. Me dijo que está psicológicamente exhausto porque tuvo una experiencia directa: algunos de sus compañeros, que estaban llevando ayuda humanitaria a la región de Járkiv, y dos de ellos murieron a causa del ataque de un dron. Ahora, cada vez que ve ataques con drones, revive ese trauma.
Me dijo: “Cuando estoy en Ucrania no siento todo el peso de la guerra. En cambio, cuando me toca salir del país, allí me doy cuenta de que estoy traumatizado por la guerra, porque cada sonido que escucho se parece a los bombardeos, al paso de misiles y drones”.
Por lo tanto, hoy toda la población ucraniana está herida y profundamente traumatizada. Pero confío en que nuestros hermanos y hermanas en todo el mundo recordarán también este aspecto, rezando por la salud mental de toda la población que sufre los traumas directos de la guerra.
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