Tierra Santa, la Fiesta del Bautismo del Señor en Qasr al-Yahud, un signo de diálogo
Federico Piana - Ciudad del Vaticano
En la Fiesta del Bautismo del Señor, celebrada este domingo 11 de enero, Qasr al-Yahud volvió a ser un lugar de oración y reflexión. Numerosos sacerdotes, fieles locales y peregrinos de todo el mundo participaron, como cada año, en las intensas procesiones y emotivas celebraciones litúrgicas que animaron el lugar —a orillas del río Jordán y cerca de la ciudad palestina de Jericó—, que según la tradición cristiana fue el lugar donde Jesús fue bautizado por Juan el Bautista.
Bienvenida fraternal
Por la mañana, fieles y peregrinos, incluidos los de Jericó, Belén, Jerusalén y Beit Hanina, junto con autoridades políticas y religiosas, frailes y el Custodio de Tierra Santa, el padre Francesco Ielpo, fueron recibidos por la comunidad católica local en el Convento Franciscano del Buen Pastor. Como es habitual en esta ocasión, también estuvieron presentes los cónsules de Italia, España, Francia y Bélgica, signo de cómo este evento trascendió la dimensión religiosa y se convirtió en un esfuerzo diplomático para promover la paz y el diálogo entre los pueblos.
Intensa celebración
Tras una larga procesión, la llegada a Qasr al-Yahud y la celebración de una Misa al aire libre conmovieron los corazones con su sencillez e intensidad espiritual. La homilía, pronunciada en un lugar de gran valor simbólico, enfatizó cómo «por el bautismo, todo creyente se convierte en hijo de Dios y miembro vivo de la Iglesia, llamado a dar testimonio del Evangelio en la vida diaria». Con profundo agradecimiento, al concluir la celebración eucarística, el padre Ielpo agradeció a las autoridades civiles presentes y a todos los que contribuyeron al éxito de la jornada. Un agradecimiento especial también a quienes, con su tiempo y dedicación, colaboraron en la organización de la celebración: desde el servicio litúrgico hasta la preparación de los espacios, desde los cantos hasta la gestión de los aspectos logísticos y administrativos.
Peregrinación y reflexión
Inmediatamente después de la Misa, se realizó una peregrinación a la cima del Monte de las Tentaciones, el lugar donde, según los Evangelios, Jesús fue tentado por el diablo. La belleza del monasterio ortodoxo griego construido en esas alturas y la evocadora vista de la meseta de Jericó inspiraron a los participantes a crear otros espacios interiores para la reflexión y la meditación personal.
Signo concreto
"La celebración del Bautismo de Cristo en el Jordán", como se afirma en la página web de la Custodia de Tierra Santa, "no fue solo un rito litúrgico, sino también un signo concreto de continuidad entre las antiguas tradiciones cristianas y la fe que se vive hoy. En un territorio marcado por complejas realidades sociales y políticas, este evento anual representó un momento de oración compartida y testimonio cristiano". En un momento en que la esencia misma de la paz se cuestiona cada vez más, la celebración de la fiesta del Bautismo del Señor se convierte así en "una oportunidad para renovar el compromiso con la fraternidad y el diálogo, recordando a los fieles su responsabilidad de vivir el Evangelio en su vida diaria y de preservar el legado espiritual de Cristo, bautizado y redentor".
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